Voz y Voto en línea

La abstención como pandemia

Cultura y lectura

Por: José Ramón Narváez Hernández

El día de las elecciones, un misterioso padecimiento hace que muchas personas se abstengan de votar. El gobierno implementa una segunda votación y entonces el malestar se vuelve pandemia; al parecer, es la secuela de una enfermedad previa que había dejado a gran parte de la población ciega, a la que denominaron «ceguera blanca».

El hecho de perder alguno de nuestros sentidos de manera colectiva supone, en la metáfora elaborada por José Saramago, una crisis política. La manipulación de la información genera en nosotros una especie de ceguera. Saramago denunció, a través de Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez –obras entrelazadas– el riesgo enorme que las democracias estaban sufriendo a su parecer, en el momento de escribir, frente al vendaval de la posverdad y el poder económico. Por eso afirmó en una conferencia: «La democracia es lo único que no se discute…la ciudadanía está inerme ante los grandes consorcios y las organizaciones internacionales».1

En la ficción, Saramago narra la historia de un pueblo decepcionado por la política cuya sociedad desesperanzada, al parecer, recurre a una rebelión pacífica. El gobierno no entiende el mensaje y pretende recurrir a la fuerza pública para sofocar la manifestación social. Son de todos conocidas las reacciones polémicas de muchos líderes políticos a la novela de José Saramago; no es un mensaje sencillo de aceptar. Los sistemas electorales a veces son cómplices de malos gobiernos y perversamente juegan con las aspiraciones sociales.

El binomio literario puede, además, ser leído de manera más extensa: si Ensayo sobre la ceguera supone una vuelta a los orígenes del contrato social, en el cual nuestra violencia y sociabilidad coexisten, Ensayo sobre la lucidez sería el fracaso de ese modelo: logramos estandarizar, sistematizar y sintetizar las luchas políticas de muchos siglos en un proceso que no necesariamente llega a incidir de manera trascendente en la vida política y justo de eso se trata, de mantenernos ciegos, insensibles, inertes.

La solución está presentada de forma dialéctica: hay que recuperar nuestros sentidos, hay que volver a mirar, volver a sentir, tomarnos de la mano e intentar salir de ese edificio insalubre, inseguro y dominado por los grupos criminales que vemos en la adaptación cinematográfica llamada simplemente Ceguera (Fernando Meirelles, 2008).2 La publicidad de esta cinta estuvo plagada de fotogramas de estas escenas donde dicho grupo de personas, en fila india, son guiados por una mujer que no ha contraído la enfermedad, una reminiscencia clara al mito de la caverna platónica, más actual, más realista, más feminista.

Por eso requerimos de mayor educación cívica que fomente la participación política en todos los niveles, debemos aprender a «hacer fila», a encontrar nuestro espacio de colaboración y aportación. Mirar más críticamente, participar más nutridamente y no tener miedo a utilizar al máximo nuestros sentidos; una educación cívica con elementos de ética de las emociones para superar la noción egoísta de la tolerancia y pasar a una virtud social llamada empatía; para aprender no sólo a oír sino a escuchar, no sólo a mirar sino a observar.


1 José Saramago. ¿Dónde está la democracia? [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=gDMF4XgGbV4

2 Meirelles, F. (Director). (2009). Ceguera. [Cinta cinematográfica]. EU. Miramax. Fernando Meirelles. Ceguera. [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=IPrv9tFknxk