Voz y Voto en línea

Las encuestas y cómo evaluarlas

Democracia

Por: Adriana Pacheco*

Las encuestas son un instrumento valioso, útil y eficaz en momentos electorales; esto se debe a que es una forma fácil de entender y predecir las percepciones y comportamiento de los ciudadanos. Con base en sus resultados, candidatos y políticos toman decisiones para confirmar sus acciones o –de ser necesario– corregir el rumbo para así contar con la simpatía y, por lo tanto, el voto de los ciudadanos.

Sin embargo, hay ocasiones en que se dice que «las encuestas fallaron», que sus resultados están alejados de la realidad. ¿A qué se debe esta situación? ¿Por qué no sirvió la encuesta?

En realidad, las respuestas a estas situaciones son muy simples si recordamos los principios básicos de una encuesta:

Primero: Que se le pregunte a quienes integran una muestra con las características necesarias para representar el comportamiento o las preferencias de un grupo en particular y que contamos con la buena fe de los encuestados, es decir, suponemos que existe una situación idónea y libre para que ellos se expresen.

Segundo: Que los encuestados tienen el conocimiento necesario para dar una opinión.

Tercero: Que cada uno de los respondientes es parte representativa de una población.

Cuarto: Que estamos haciendo las preguntas de forma adecuada.

Se debe considerar que la buena fe de los respondientes se ve truncada si su entorno no es propicio; es decir, si la cuestión política está polarizada algunos temerán responder, otros responderán lo que esperan no los coloque en una posición de decisión o alineación o, si se atreven a externar su opinión, llegar a ser víctimas del rechazo social en su entorno, entre otros factores.

En especial, en México existe la creencia de que «la política» es un tema que las personas rehúyen tratar; no es bien visto y es hasta «poco elegante hablar de eso», generalmente porque se asocia con corrupción, dinero sucio, nepotismo, etc., pero, irónicamente, al mismo tiempo es un tema casi obligatorio entre los mexicanos, al igual que la religión y el fútbol.

Creo que la mayoría de nosotros, en alguna ocasión, hemos presenciado o participado en enfrentamientos entre asistentes a reuniones sociales (bodas, cumpleaños, reuniones de amigos) solo por posturas políticas opuestas. Lo mismo sucede en grupos de chats personales, familiares y/o de amigos que casi nunca arriban a una conclusión, en especial porque la mayoría desconoce a profundidad los temas o situaciones que defiende y no está dispuesta a realizar acción alguna para que algo cambie. El único resultado que se obtiene es el distanciamiento o desintegración de esas células sociales.

Finalmente, si a todo eso le sumamos factores externos como la actual pandemia COVID-19, la inseguridad, fenómenos meteorológicos y un largo etcétera, podemos afirmar que siempre encontraremos a muchas personas que no querrán participar en la entrevista, o bien, que después de algunas preguntas querrán terminar rápidamente y no pensarán ni reflexionarán sobre sus respuestas.

Con relación al segundo principio, generalmente se piensa que cualquier persona puede opinar sobre lo que sea, pero lo ideal es darles el contexto del tema o situación para que el entrevistado tenga claro sobre qué se le preguntará.

Volviendo al ejemplo anterior sobre «enfrentamientos sociales», ya sean presenciales o virtuales, es triste descubrir que la mayoría desconoce a profundidad tanto lo que está «atacando» como lo que está «defendiendo». La gente habla por hablar, emite opiniones radicales basándose solo en algún comentario que escucharon, que leyeron en algún medio, con o sin prestigio informativo (quizás por desconocimiento de las ediciones que los medios realizan a las notas informativas según convenga a sus intereses), lo que les contó un familiar o amigo; y cada vez es mayor el número de personas que se guían y atienden los «memes» de la red sin ahondar en la veracidad de cualquiera de las fuentes.

Si a lo anterior añadimos que está comprobado que si en una encuesta tratamos de presentarle más de 5 opciones a una persona ésta tardará más de lo normal en darnos una respuesta –ya que habrá quienes desconozcan alguna de las opciones o, incluso, todas– obteniendo un resultado muy poco confiable, ahora imaginen lo que ocurre cuando a un ciudadano se le pregunta por 40 nombres para que nos diga sus preferencias.

En la teoría esto se puede lograr haciendo las combinaciones de opciones necesarias para poner diferentes preguntas (orden de aparición de nombres) en la encuesta y que exista una equidad para todos los indagados, pero esto traerá como consecuencia que el tiempo de la entrevista se alargue y exista menos interés en responder, que corten la entrevista o –lo más peligroso de todo– que den nombres rápidamente, sin pensar y al azar, todo con tal de terminar lo antes posible.

En relación al tercer principio, un ejemplo para visualizar y entender la parte representativa de la población es una encuesta que se realizó hace poco tiempo sobre la dirigencia de un partido político en donde uno de los filtros era ser simpatizante o haber votado por ese partido, esto por medio de una selección de secciones territoriales del padrón de electores a fin de obtener representatividad a nivel nacional; solo que definitivamente no es lo mismo la distribución de los ciudadanos en el territorio nacional que la de los afiliados o simpatizantes de un partido político. Tomar como base el padrón nacional de electores es un error de diseño de la muestra ya que lo correcto habría sido considerar el de militantes de ese partido, o al menos el de sus votantes, dato que se puede obtener de la consulta de los resultados del Instituto Nacional Electoral (INE) sobre la votación más reciente por el partido político de que se trate.

El tamaño de la muestra debe ser el necesario para poder obtener e interpretar los resultados de cada uno de los grupos involucrados. Si la interpretación es a nivel nacional no es necesario hacer miles de entrevistas, pero si la interpretación es para cada estado, se requerirá una muestra diferente o serán necesarias muestras independientes para que el estudio cumpla con los patrones requeridos de confiabilidad.

Definir la forma adecuada de hacer las preguntas se relaciona con el «acercamiento» óptimo al entrevistado, de acuerdo con el entorno en ese momento. Anteriormente se consideraba la entrevista personal domiciliaria (cara a cara) como lo mejor, pero si el tema es controversial –como lo es la política– es conveniente considerar otras opciones tales como la encuesta telefónica, incluso robotizada, en la cual existe una supuesta garantía de anonimato, donde la persona no se siente presionada o intimidada por el entrevistador y, por lo tanto, se siente más libre y segura de expresar sus respuestas.

Cualquiera que sea la herramienta para levantar la encuesta (domiciliaria, telefónica) es necesaria una metodología ad hoc, un buen diseño de encuesta y, de igual forma, supervisar estrictamente el levantamiento de campo (de preferencia con auditores externos). Si se cumple lo anterior, es muy probable obtener el resultado más cercano a la realidad, convirtiéndose en una herramienta muy útil y confiable para la toma de decisiones.

La elección de una buena agencia de investigación es crucial, siendo lo más importante la seguridad de que «presentará la realidad y no lo que el cliente quiere escuchar», así como que entregará datos para su interpretación de acuerdo con lo pactado para su elaboración.

Para este artículo tuvimos la oportunidad de descargar la base integradora de datos de las 3 casas encuestadoras que participaron en la realización de la última encuesta para elegir al dirigente del partido político Morena a nivel nacional. Lo primero que nos llamó la atención fue el observar que la muestra no es equitativa entre hombres y mujeres, sino que está cargada casi unas 2/3 partes hacia mujeres y solo 1/3 hacia hombres, es decir, no hubo equidad de género para los hombres.

La población en edad de votar no se comporta de esa forma. En estudios de mercado comerciales es común «ponderar» los resultados, pero para el caso de presidencia y/o secretaría de Morena esto puede ser un grave error ya que representa resultados que no son equitativos y se favorece a un segmento, en este caso, a las mujeres. ¿Los resultados siguen siendo confiables?

En suma, dejamos la interrogante sobre el posible sesgo que la sobrerrepresentación de mujeres en las encuestas efectivamente obtenidas pudo haber provocado en el resultado final y nos preguntamos cuál es el motivo por el que los expertos contratados por el INE –como una especie de auditores externos– guardaron silencio ante esa evidente anomalía y otras más que a continuación reseñamos.

En los resultados finales para presidente del partido observamos que la diferencia es de 4 respuestas entre el primer y segundo lugar, pero surge una duda: ¿Si se hubieran entrevistado las proporciones correctas por género, los resultados serían otros? En la Tabla 1 se puede visualizar este breve análisis:

La cantidad de entrevistados que no prefiere a ninguno es muy alta. Por otro lado, la respuesta «no sabe» es la principal, lo que indica un desconocimiento parcial o una actitud de no involucramiento en este proceso.

En un ejercicio rápido, que solo se usó como referencia para este artículo, se encontró que en esa base de datos se usaron secciones electorales más que entidades federativas, por lo que si vemos los resultados notaremos que las 3 casas encuestadoras se comportan de manera diferente en la recolección de datos; inclusive, una de ellas no levantó cuestionarios en algunos estados.

En las Tablas 2-A y 2-B se presentan los resultados efectivos de cada encuesta, su proporción por estado, la proporción de cada entidad de acuerdo con el padrón y las entrevistas que, en caso de haber sido por entidad federativa, deberían ser hechas con base en la muestra levantada.

Se puede apreciar que en caso de hacer el ejercicio por representatividad de entidades federativas solo 4 cumplirían ese criterio: Colima, Durango, Sonora y Zacatecas, donde no hay diferencia o ésta es mínima, pero en el resto de las entidades los cambios llegan a ser sustanciales, en especial en Hidalgo, Jalisco, Veracruz, Guanajuato y Sinaloa.

Cabe hacer notar que la casa encuestadora Covarrubias no levantó cuestionarios en Colima, lugar de nacimiento de Mario Delgado. También que, mientras BGC entregó 1500 encuestas con resultado efectivo, Parametría entregó 1585 y Covarrubias 1698 (13% más de lo establecido). Esa diferencia en el total de encuestas que cada encuestador consideró para sus resultados finales pudo haber afectado de manera indebida el resultado global, producto de la suma de las 3 encuestas; en otras palabras, en las dos encuestas en que Mario Delgado resultó ganador, la muestra final fue mayor que la entregada por BGC, que dio como ganador a Porfirio Muñoz Ledo. Surge entonces la interrogante de cuál hubiera sido el resultado si cada encuestador hubiera cumplido con sus 1500 casos.

Un dato curioso es ver que, en Colima, lugar de nacimiento de Mario Delgado, ganó Porfirio Muñoz Ledo y viceversa. En Ciudad de México, lugar de nacimiento de Porfirio Muñoz Ledo, ganó Mario Delgado.

Otro ejercicio hecho fue determinar quién es el ganador en cada una de las entidades federativas, como si fuera un colegio electoral. En ese caso tenemos que el ganador es Porfirio Muñoz Ledo con 16 entidades federativas, Mario Delgado gana en 15 y hay un empate (ver Tabla 3).

Una vez que se decide seguir una metodología hay que respetarla. Si no se hace, se resta credibilidad al trabajo hecho a pesar de que éste haya sido realizado de buena fe.

Otra situación que nos llamó la atención fue la diferencia no solo en el formato de presentación utilizado por cada una de las tres casas encuestadoras, sino también en la presentación de cada una de ellas. Lo idóneo hubiese sido que las tres casas encuestadoras hubiesen presentado de la misma forma sus resultados; si se pusieron de acuerdo con la metodología era necesario también hacerlo con la forma de presentación para poder contar con elementos para una fácil comparación y análisis de la información.

Para concluir, solo resta recordar que –si los principios básicos se respetan– las encuestas han sido y son una de las herramientas más certeras para la toma de decisiones, en especial en los temas electorales y políticos para los que se requiere conocer la opinión de los ciudadanos o, al menos, una aproximación al humor social.

Sin una revisión a fondo de los resultados de las dos primeras encuestas, de manera inercial, el Consejo General del INE aprobó una tercera encuesta cuyo resultado estará a la vista de los lectores cuando este artículo sea leído. Es previsible que, en ausencia de una auditoría externa a lo realizado previamente, los errores se hayan repetido. La única forma de que el conflicto no vuelva a estallar será que el resultado del ganador sea contundente. De lo contrario, no descartemos una cuarta encuesta.


Especialista en demoscopia.

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