Voz y Voto en línea

Un nuevo aire para Deep Purple

Cultura y lectura

Por: Fernando Dworak*

El 23 de noviembre de 1994 asistí a uno de los conciertos que más recuerdo: el primero de Deep Purple en la Ciudad de México, donde tuvo su debut su actual guitarrista, Steve Morse. Ya había visto a varios de mis ídolos antes, pero aquí había una expectativa especial: tengo una colección de grabaciones en concierto de toda su historia y cada una es distinta.

Con esta banda descubrí la emoción de tocar en vivo, entendida como la capacidad para improvisar, interactuar y jugar con las melodías, y cada músico que ha formado parte de Deep Purple desde 1968 hasta el día de hoy ha aportado mucho al sonido colectivo. De hecho, si se hace un mapa de cada integrante y sus carreras, han tenido relación con prácticamente toda la escena rockera de los setenta a la fecha.

Sólo tenía dos reservas antes del concierto. La primera, imaginaba que, para su edad (cuarenta y tantos), eran ya dinosaurios que habían agotado su capacidad para sorprender. La segunda, nadie sabía quién sería el guitarrista: Ritchie Blackmore había salido de la banda hacía más de un año y Joe Satriani, su reemplazo, era temporal. Fue media hora antes, ya en las gradas del Palacio de los Deportes, cuando circuló el rumor de quién llenaría ese lugar.

Inició el concierto y fueron apareciendo los músicos: Ian Paice, introduciendo la batería de Highway Star; Roger Glover, al bajo, se le unió sonriendo; Jon Lord en los teclados, construyendo la canción, mientras el público enloquecía. Entra Morse, haciendo efecto de motor, como si hubiera tocado con ellos desde siempre. Y, al final, Ian Gillan aterrizando la melodía. Vi a cinco músicos descubriéndose mientras jugaban con las melodías y a Morse dando su toque al repertorio. Voy a verlos, sin falta, cada vez que regresen a México.

Los dos primeros álbumes de estudio con Morse en la guitarra fueron muy buenos. En Purpendicular (1996) destacó el estilo del nuevo guitarrista, distinto de los toques barrocos de Blackmore, mientras resurgía la creatividad colectiva. Abandon (1998) fue un intento interesante de actualizar las vertientes más pesadas de la banda.

A la salida de Lord se volvieron una banda que casi solo tocaba sus «clásicos», lanzando dos álbumes flojos con el nuevo tecladista, Don Airey: Bananas (2003) y Rapture of the Deep (2005). De hecho, cada vez que venían con prácticamente el mismo repertorio (no es queja) temía que ese concierto fuese el último, ante el envejecimiento de la banda.

Cuando se había perdido esperanza acerca de un nuevo material, en 2013 lanzaron Now What?!, con la producción del legendario Bob Ezrin. Era un disco relajado, bien hecho y mejor a los dos anteriores. Me encantaron el emotivo tributo al recién fallecido Jon Lord de Above and Beyond y el despliegue técnico de Morse en la introducción de Uncommon Man. Cuatro años después, otra vez con Ezrin, doblaron la apuesta con Infinite: obra más sólida y canciones como Time for Bedlam y Birds of Prey, que merecen ser consideradas como clásicos tardíos.

Antes de la pandemia anunciaron que habían grabado otro álbum titulado Whoosh!, el cual salió en septiembre pasado. Los dos sencillos previos, Throw My Bones y Man Alive sonaban deliciosos, pero dentro de su estilo. Habían dejado lo mejor para el lanzamiento con Nothing At All, una canción a la altura de un grupo de su calidad y edad. Enfrentémoslo: Gillan ya no puede dar esos gritos estratosféricos que le ganaron interpretar el papel del Mismísimo en la primera versión de Jesuschrist Superstar, pero todavía tiene una voz sólida para alguien de 75 años. La instrumentación tiene toques clásicos, sin apostar por los riff de guitarra pesados de antaño y suena a un rock sin pretensiones, aunque profundo en el arreglo.

El resto del disco sigue sorprendiéndome a un mes de escucharlo. Aunque se le asocia a la banda con el surgimiento del rock pesado, siempre fueron mucho más que eso, tocando estilos como el folk, funk, algo de jazz y hasta toques progresivos por momentos. Eso es justo lo que se aprecia otra vez con la producción de Ezrin. Cierran con una reinterpretación actualizada de la primera canción del primer disco de la banda: el instrumental And the Address, siendo Paice el único miembro original que permanece. Vale la pena sentarse a disfrutar de esta banda y lo bien que le sientan los años.


* Analista y consultor político.

BLOGS

Blog y Voto

El voto postal en las elecciones presidenciales de Estado Unidos 2020

Por: Said Hernández y Salvador Oliveros

Justicia

El mito de la apatía de las juventudes.

Por: Víctor Humberto Mejía Naranjo

América Latina

Reformas en contexto de crisis

Por: Milagros Campos

Proceso de renovación INE

Consejeras y consejeros del INE. ¿En qué nos quedamos? ¿A dónde vamos?

Por: Fernando Díaz Naranjo

Género y política

La paridad

Por: Dania Paola Ravel Cuevas

Proceso electoral 2020 - 2021

campañas en tiempo

Por: Karolina M. Gilas

SÍGUENOS EN TWITTER
SÍGUENOS EN FACEBOOK