Voz y Voto en línea

Una historia que deberá ser contada

28 aniversario de Voz y Voto

Por: José Woldenberg*

El IFE-INE ha cumplido treinta años. Su creación fue, sin duda, un hito en la historia electoral del país. Un Instituto profesional, imparcial y autónomo cuya misión fue y sigue siendo la de fortalecer la confianza en el expediente electoral. Y desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente. Y si algo venturoso ha sucedido en nuestro país es que existe un amplio y sólido consenso en que la única vía legítima y legal para arribar a los cargos de gobierno y legislativos es la electoral.

Pues bien, si alguien quiere conocer esa historia está obligado a revisar una revista que se convirtió rápidamente en una referencia en la materia: Voz y voto, que ahora cumple 28 años de publicarse de manera ininterrumpida. Se escribe fácil y rápido, pero nunca estará de más subrayar el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y el talento que reclama un proyecto editorial de esa naturaleza: al mismo tiempo especializado, con altos índices de calidad, en un medio en el cual la lectura sigue siendo una actividad minoritaria.

En estos complicados y ambiguos años México se transformó. Logró, por un lado, edificar un espacio institucional regulado para que la diversidad política que modela el país pudiera convivir y competir de manera pacífica y participativa, y por el otro, México fue incapaz de reducir su agresiva pobreza, sus oceánicas desigualdades, al tiempo que se expandía la inseguridad y la violencia y se visibilizaba una corrupción que parecía carcomer a las instituciones estatales.

Lo primero ha sido relativamente borrado o por lo menos nublado por lo segundo, pero vale la pena rescatarlo porque el formato democrático parece ser una necesidad para un país como el nuestro: modernizado, masivo, desigual, complejo. En estos años se fortaleció un sistema partidista que, de alguna manera, expresaba la diversidad de sensibilidades e idearios que palpitan en la sociedad mexicana, el mundo de la representación política fue inundado por una pluralidad hasta entonces contenida de manera artificial, empezaron a forjarse pesos y contrapesos en el entramado estatal, el ejercicio de las libertades se robusteció, los fenómenos de alternancia en los diferentes cargos ejecutivos se volvieron rutinarios y expresaban las oscilaciones de los humores públicos, la coexistencia de la diversidad inició su nacionalización. En una palabra: México y sus principales fuerzas políticas fueron capaces de construir un germinal sistema democrático, una casa común en donde la pluralidad política podía expresarse y recrearse.

Por supuesto, el naciente sistema democrático no era ni podía ser el paraíso y su aprecio entre la población fue mermado por fenómenos diversos: no fuimos capaces de socializar su relevancia e incluso de festejar sus logros, tampoco de explicar y hacer accesible la comprensión de su mecánica compleja precisamente porque acoge a una diversidad de voluntades y programas, pero sobre todo porque, en el período, las condiciones materiales de vida de millones de mexicanos no mejoraron y la vida se volvió insegura y cargada de miedo en demasiadas regiones.

Lo más preocupante del momento es que el desprecio gubernamental por lo edificado en términos democráticos en las últimas décadas, y sus ecos en la sociedad, no presagian nada bueno.


Pues bien, Voz y voto nos ha informado sobre el acontecer comicial desde su aparición, en marzo de 1993, hasta hoy. Si uno quiere conocer los resultados electorales, el contenido de las reformas en la materia, las posiciones de los partidos políticos, la actividad del IFE-INE y los institutos locales, las resoluciones del Tribunal, las reforma a diversos procedimientos, la acción de las encuestadoras, y lo que a usted se le ocurra, tendrá en la revista una fuente fundamental.

Pero no solo nos ha informado, nos ha formado. Sus análisis, la recreación de polémicas diversas, la diversidad de sus “plumas”, han permitido ver más allá de lo aparente: desmenuzar lo que se juega en cada ocasión, en cada reforma electoral, en cada decisión de la autoridad, en cada toma de posición por parte de un actor relevante.

Hoy, cuando en el mundo existe una fuerte corriente anti ilustrada, valorar el conocimiento parece más necesario que nunca. Dado que en ninguna materia existe una sola opinión, dado que lo natural en el mundo democrático es la coexistencia de una pluralidad de ideologías e intereses a través de las cuales se filtran los acontecimientos, dado que el sentido común suele estar plagado de supercherías de todo tipo, es necesaria la inyección al debate público de información comprobada y fundada y de análisis capaces de recoger la complejidad de lo que se encuentra en juego. Y creo que ese ha sido el aporte fundamental de Voz y voto: ha servido para elevar el nivel de nuestro diálogo, para trascender consejas caprichosas y para abrir y enriquecer nuestro campo de visión.

Hay revistas que nacen y mueren en unos cuantos meses, porque todos sabemos que no resulta sencillo su mantenimiento. Nuestro mercado para la lectura es famélico, la distribución y exposición de las revistas especializadas compite en un espacio plagado de bagatelas que logran la atención de la mayoría de compradores y la publicidad –privada y pública– no es fácil de conseguir. Así, contra viento y marea Voz y voto ha logrado pervivir y es una referencia obligada por lo menos en el mundillo de los estudiosos o interesados en el fenómeno electoral. Y ello ha sido y es posible gracias a sus equipos de trabajo, directivos, colaboradores, y a su compromiso con el estudio, la investigación y la difusión de lo mejor del pensamiento en la materia.

Creo incluso que, así como en las páginas de Voz y voto podemos reconstruir la historia de nuestras elecciones en los últimos años, no estaría mal que alguien se encargara de confeccionar la historia de la revista: su aliento inicial, sus temas y obsesiones, sus vicisitudes y logros. Al fin de cuentas Voz y voto es ya parte de la historia del pensamiento político contemporáneo de nuestro país.

Como quiero creer que las elecciones competidas llegaron para quedarse y que nadie podrá suprimir la pluralidad que palpita en la sociedad mexicana, espero que Voz y voto nos siga acompañando e ilustrando sobre ese artefacto de muchas caras al que llamamos elecciones: el único método que ha inventado la humanidad para que la diversidad política implantada en la sociedad no acabe desgarrando a la nación y pueda convivir y competir de manera pacífica, institucional y ordenada. Eso nos conviene a todos.


Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Especialista en temas electorales y exconsejero presidente del IFE.

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