Voz y Voto en línea

Retos

Mujeres en el poder

Por: Carol Arriaga García*

Agradezco a Gloria Alcocer su amable invitación para participar en este número. Percibo en ella entrega, pasión, compromiso y ganas de hacer algo diferente. Me halaga su confianza. Cuando me invitó, me pidió que escribiera sobre cómo llegué a la política desde las bases, sin trayectoria en los movimientos feministas. Les cuento.

 

El contexto

 

De 2015 a la fecha me he desempeñado como Secretaria de Mujeres del Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Sin embargo, soy fundadora y ésta fue la primera vez que participé activamente en un partido. No tengo antecedentes familiares en el ámbito político.

Decidí ingresar a invitación de mi compañero. Tenía mis reservas, porque en ese entonces era funcionaria en el Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de la Federación, y aunque aún no era de carrera, me parecía que no era pertinente.

Después de albergar innumerables reuniones de trabajo en mi casa, me animó el ambiente y decidí aceptar. En una asamblea realizada en 2013 fui electa, por unanimidad, como Secretaria de Derechos Humanos. Hoy día, un escenario así sería impensable. Por esos días, aún se discutía si queríamos continuar como movimiento o dar el paso para formar un partido político.

Seguí trabajando como servidora pública y, después de atravesar la ciudad de sur a norte en recorridos de más de una hora de trayecto por el tráfico, asistía por la noche –cuando menos una vez a la semana– a reuniones del Movimiento. Los fines de semana era brigadista.

Mi función principal era repartir el periódico Regeneración en un parque o acompañar a las y los compañeros con más experiencia y deseos por hacer política. Así que mis hijas y yo nos convertimos en volanteras con un buen discurso y muchas ganas por transformar México.

Trabajamos más territorio que la agenda de derechos humanos, pero aun así hicimos un cineclub callejero que se llamaba @Ciclo. También realizamos círculos de estudio, festivales y actividades infantiles –que eran mis preferidas– para dedicarles tiempo a mis hijas y, a la vez, apoyar en la labor política.

Antes de esto, mi participación se había limitado a asistir a algunas movilizaciones en apoyo al hoy presidente de la República por el desafuero y los fraudes electorales de 2006 y 2012. Más tarde, vinieron las asambleas informativas del movimiento en Azcapotzalco y, del partido, la búsqueda del registro y los acuerdos de unidad.

 

El encargo

 

Se acercaba noviembre de 2015 y, con ello, la renovación de la dirigencia de Morena. Mi cónyuge me animaba a participar, me decía que podía estar en la Secretaría de Mujeres, que tenía el perfil y los conocimientos para ello, no sólo para la ciudad, sino a nivel nacional.

En ese entonces yo había estado cubriendo interinatos en un tribunal penal federal y aunque mi plan más inmediato era consolidar mi carrera judicial, decidí participar en la asamblea para ser consejera distrital y resulté electa.

En el Congreso Nacional fui elegida como consejera nacional. Entre las y los consejeros nacionales iban a votarse a las y los integrantes del cen (Comité Ejecutivo Nacional). Yo me inscribí para la Secretaría de Mujeres y muchas personas me aconsejaban otra cartera porque me iba a resultar más fácil quedar. En fin.

Yo no podía, por congruencia, inscribirme para participar en una secretaría que no me apasionara. Y había tres secretarías de mi interés: la de Derechos Humanos (que ya la había ocupado a nivel delegacional); la de Temas Ambientales, que había dejado un tanto cuanto de lado para enfocarme en otros temas, y la de Mujeres. Por mi formación, me inscribí en esta última y, después de largas horas de espera, me retiré del Deportivo Azcapotzalco donde se estaba llevando a cabo el Congreso después de las 18 hrs. y regresé alrededor de las 21 hrs.

Apenas iba acercándome a la carpa cuando escuché que cantaban mi nombre anunciando que había sido electa titular de esa secretaría. ¡Grité de emoción! Me parecía un milagro porque mi actividad había sido básicamente en mi alcaldía como brigadista y promotora cultural, y en realidad conocía a poca gente en el partido. Estoy convencida que aquí mi currículo, que fue leído, sí contó. 

Quedamos electas 3 mujeres y 18 hombres. El cen lo integramos 21 personas. Moraleja: si dejamos en libertad absoluta y no imponemos la paridad como norma, a las mujeres no las votan. Y esto no es en una constante de un partido, sino de la sociedad en general, y sucede en cualquier espacio público.

 

Mi feminismo

 

Me considero feminista desde la niñez: en mi forma de ver la vida, de cuestionar y, por supuesto, por mi rebeldía. Empero, no fue sino hasta septiembre de 2006 que tuve un acercamiento formal con la teoría feminista cuando ingresé a trabajar como asesora en el entonces Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género de la Cámara de Diputados, en la que se me encomendaron diversos estudios que fueron publicados. Esto fue a partir de mi experiencia como asistente de investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la unam, donde más tarde me reincorporé en el Núcleo Multidisciplinario sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En esa universidad obtuve el grado de especialista en Derecho Internacional Público.

El conocimiento feminista se reforzó con la lectura, los estudios autodidactas y con la admisión y beca al diploma de postítulo Derechos Humanos y Mujeres del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile.

Uno de los más bellos recuerdos de vida que tengo es cuando recibí una llamada telefónica de doña Cecilia Medina, quien fue la primera mujer jueza en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos y quien también fue miembro y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Después hice la maestría en Derecho en la unam y el trabajo para mi titulación versó sobre los derechos de las mujeres; posteriormente, las actividades como directora de Derechos Humanos en el Consejo de la Judicatura y la experiencia práctica en un tribunal federal.

Jamás participé como representante de la sociedad civil, donde cada organización tiene sus criterios y sus espacios. Mi activismo fue más bien doméstico: en mi casa, en la escuela, en el trabajo. Soy contestataria y estoy acostumbrada a luchar.

Mi feminismo ha sido más bien desde la academia, como madre, mujer urbana y servidora pública. Esto me permitió sentar las bases para hacerme cargo de esta Secretaría, que desde que se fundó el movimiento en 2012 y hasta noviembre de 2015, había permanecido vacante.

 

Los retos y los logros

 

Un reto relevante fue echar a andar una secretaría nacional, hasta ese momento inexistente. Antes de mi elección, se organizaron actividades a favor del liderazgo para mujeres, aunque no fueron feministas.

Cuando entré en funciones, toda la actividad partidista se volcó, por obvias razones, al trabajo territorial. Nuestro objetivo desde un inicio fue la elección presidencial. Así que no fue tan sencillo avanzar en la agenda. Organicé algunas actividades de formación de carácter nacional y me dediqué a darle la vuelta al país. Capacité a mujeres de todos los estratos y de muy distintas condiciones. Me encantó y aprendí mucho.

Me quedó claro que la principal demanda de las mujeres del país, incluso de las de clase alta, es la autonomía económica, y que ésta es la que les puede garantizar su libertad; además, es una forma de prevenir las violencias machistas.

Esto no fue motivo para dejar de observar las violencias hacia las mujeres en el ámbito político y otros espacios, dentro y fuera de Morena, por militantes y externos, incluso por autoridades de las que esperarías justicia.

Puedo citar, por ejemplo, la tremenda violencia contra Delfina Gómez durante la campaña para la gubernatura en el Estado de México, en 2017. Ahí hubo clasismo, racismo y sexismo. Se burlaron de ella por ser de origen humilde y ser la hija de un albañil. Ella en cambio, con mucho orgullo, confirmó el oficio de su padre.

El caso se fue al Tribunal Electoral, pero la Sala Superior determinó que se trataba de una crítica política y no violencia de género el que el expresidente panista Felipe Calderón se refiriera a ella como “títere” y que el presidente del cen del pan (Partido Acción Nacional) en ese entonces, Ricardo Anaya, le dijera que era el “juanito” de López Obrador. En el mismo sentido se expresó Ochoa Reza, el dirigente nacional del pri (Partido Revolucionario Institucional).

Por otra parte, en la campaña de 2018, un petista, candidato a diputado local en Puebla y parte de nuestra coalición Juntos Haremos Historia, subió tuits sexistas agrediendo a la exgobernadora, Martha Erika Alonso. De nuestra parte hubo reclamo y llamado de atención. Por el lado del hoy diputado, encontramos enojo.

Entre los logros, en la campaña presidencial tuvimos una colaboración con la plataforma de comunicación de nuestro candidato a presidente, Abre Más Los Ojos, para sacar a la luz el manual Femsplaining, hablemos nosotras. Y después nuestro Protocolo para la Paz Política o contra la violencia política a las mujeres, aprobado en diciembre de 2019 por el cen.

Imposible dejar de señalar que, en los programas de televisión de las voceras de los candidatos, organizados por Risco y en menor medida por López Dóriga (en lo personal, participé tanto en Bloomberg de El Financiero como en “Si me dicen no vengo” de Foro TV), el público demandaba –y los conductores concedían– pleitos con desfiguros para defender a los candidatos. En los debates con voceros o mixtos la dinámica era otra.

El triunfo llegó y amlo pidió licencia para hacerse cargo de la presidencia de la República. El más grande desafío: consolidarnos como partido. A pesar de solo tener cinco años, somos el más grande.

Es aquí donde observo las dificultades por las que atraviesa Yeidckol Polevnsky, secretaria en funciones de presidenta del partido, y con sororidad la apoyo. El vacío que dejó Andrés Manuel sería difícil de llenar para cualquiera, pero para ella, ha sido durísimo. Las violencias machistas de un grupo de hombres que actúan de manera sistemática y coordinada con un alto número de seguidores en redes sociales –intelectuales de izquierda respetados por la militancia– que saben de periodismo pero poco de la administración y representación de un partido político, han construido una imagen que no corresponde a la realidad. 

Estos sinsabores se ven compensados con el resultado derivado del trabajo: la edición mensual del periódico feminista La Regeneración, la agenda morena-mujeres 2020 y nuestro #Adiósalosmachirrines.

Se trata de un acuerdo del cen por el cual no podrán ser candidatos en Coahuila y en Hidalgo quienes sean deudores alimentarios, hayan ejercido o ejerzan violencia de género y quienes no se comprometan a integrar sus equipos de trabajo en forma paritaria, en todos los niveles jerárquicos. Sin duda, este logro conlleva grandes y nuevos desafíos.

La esperanza continúa y cada vez nos hacemos más fuertes. Morena sigue creciendo.

 


* Secretaria de Mujeres del Comité Ejecutivo Nacional de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional).

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