Voz y Voto en línea

La otra mirada

Mujeres en el poder

Por: Gustavo Meixueiro Nájera*

En 2014, cuando se aprobó la paridad en México, no se dimensionaron los grandes cambios que significaría esa reforma electoral ni los alcances que sigue teniendo hoy en día. La reforma modificó el procedimiento de designación para la integración de los consejos electorales locales al cambiar dicha responsabilidad de los congresos estatales al Instituto Nacional Electoral (ine). De manera acertada, estos órganos colegiados también fueron conformados de manera paritaria, lo que ha fortalecido a nuestro sistema democrático.

Los Organismos Públicos Locales Electorales (ople) son instituciones donde se toman decisiones relevantes no sólo para la organización, desarrollo, vigilancia y calificación de las elecciones sino, además, para las estrategias de cultura cívica, fomento de valores democráticos, contacto con la ciudadanía, entre otros. Y, sin lugar a duda, ha sido relevante la incorporación de mujeres a estos espacios para tener diálogos en conjunto.

La llegada de mujeres como consejeras electorales no fue sólo un avance descriptivo en términos de espacios ocupados, además se ha dado una representación sustantiva1 que responde a las demandas efectivamente escuchadas y realizadas. Los consejos electorales paritarios se han convertido en arenas donde se defienden los derechos políticos de las mujeres. Este propósito se ha materializado en lineamientos que contienen acciones afirmativas para garantizar la participación política de mujeres en condiciones de igualdad y en espacios libres de violencia.

No debemos olvidar que la paridad a nivel municipal implementada desde 2015 fue posible gracias a una sentencia de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pero que inició con la impugnación del Acuerdo IMPEPAC/CEE/005/2015 del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (impepac), instituto que, vale la pena referir, es presidido por una mujer.

En el Acuerdo se estableció que la paridad de género y la alternancia en candidaturas aplicaba en la integración de toda la planilla: desde la presidencia municipal hasta sindicaturas y regidurías (paridad vertical). También, que en el 50% de los municipios se debían postular mujeres para el cargo de presidentas municipales (paridad horizontal), ello para potenciar el acceso a los mismos de ambos géneros en forma igualitaria.2

En el Recurso de Reconsideración SUP-REC-46/2015, la Sala Superior confirmó que la paridad de género debía aplicar de manera alternada en todas las candidaturas para integrar ayuntamientos: presidente municipal, síndico y regidores y también en la totalidad de los ayuntamientos de cada entidad federativa.3 Es gracias a esta sentencia que la paridad a nivel municipal quedó firme a pesar de la omisión en la reforma de 2014.4

Los lineamientos de los ople diseñados y aprobados por las y los consejeros se han convertido en herramientas para reducir las brechas de género en la representación –en ocasiones de forma anterior a la aprobación de las leyes locales–, ello en concordancia con el principio de progresividad. Por ejemplo, el Instituto Electoral de Oaxaca, en 2016, fue pionero en diseñar bloques de competitividad para garantizar que las mujeres no fueran postuladas sólo en municipios y distritos donde los partidos políticos tenían menos posibilidades de ganar, de acuerdo con los resultados de votación de la elección inmediata anterior. La aprobación de estos lineamientos se dio de forma colegiada y por unanimidad de votos.

No menos importante es la labor de otros institutos que propusieron que las listas de representación proporcional iniciaran con mujeres o las propuestas que sugieren retomar en los lineamientos de los ople las sentencias de los tribunales electorales en temas como la violencia política de género. En todos los institutos electorales locales el diálogo entre consejeros y consejeras ha sido relevante para seguir avanzando.

Otro tema que han enfrentado los ople ha sido la simulación que desafortunadamente prevalece a cinco años de haberse aprobado la paridad. En 2018, las consejeras Blanca Parra y Laura León del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana de Chiapas denunciaron la renuncia de más de 30 mujeres que, a través de la representación proporcional, fueron electas como regidoras o diputadas locales. El Instituto chiapaneco exhortó a los partidos políticos para que respetaran la paridad y enviaron un mensaje claro a las mujeres de que contaban con el apoyo de la institución para denunciar en caso de que las renuncias fueran por presiones o amenazas.

Un escenario similar ocurrió en Oaxaca en 2019 cuando cinco mujeres electas como presidentas municipales y sus suplentes renunciaron al cargo en la primera sesión de cabildo. La constante era la misma: tras una renuncia, un hombre fue designado como presidente municipal. En este caso, la actuación oportuna de las consejeras del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana fue crucial para evitar las renuncias. En un trabajo coordinado con el Observatorio de Participación Política de las Mujeres de Oaxaca se realizó una estrategia con diferentes instituciones para asegurar el derecho de las mujeres electas a ejercer los cargos públicos. Finalmente, todas las mujeres que habían resultado electas fueron acreditadas en sus cargos.

Además de estos, hay otros ejemplos de cómo los Consejos Generales paritarios han hecho la diferencia al incluir tópicos en la agenda y proponer la discusión de temas relativos a los derechos políticos de las mujeres, dando así vida a la representación sustantiva. No obstante, la participación de las mujeres no está garantizada de una vez y para siempre; por ello, es importante que los hombres que participamos en estos y otros órganos colegiados entendamos qué significa compartir con las mujeres las opiniones y las decisiones. En este sentido, es imperativo hablar de las buenas prácticas que se pueden realizar al interior de las instituciones.

 

Dialogar, debatir y tomar decisiones

en términos de iguales

 

Paradójicamente, para hablar de temas de igualdad entre hombres y mujeres es importante retomar ideas antiguas. En el año 1671, Poulain de la Barre, filósofo desconocido que fue retomado por Cristina Sánchez y Rosa Cobo, combatió con argumentos la idea de la inferioridad de las mujeres. Los hombres que participamos en espacios de toma de decisiones con las mujeres debemos entender que, tal como lo dijo Poulain hace más de 300 años, “la mente no tiene sexo”. Esto implica despojarse de prejuicios, combatir los roles y estereotipos que se han creado socialmente y rechazar la idea que nos han intentado imponer de que la desigualdad es algo “natural”.

En los órganos colegiados siempre habrá debates propios de los diferentes puntos de vista de quienes integran las instituciones, discusiones en torno a temas y perspectivas sobre los fenómenos sociales; no obstante, el intercambio de ideas debe basarse en el respeto y la convicción democrática. Descalificar los argumentos de las mujeres o limitar su voz por estereotipos es un atentado al sistema democrático y este tipo de dinámicas deben ser erradicadas pues tienen como resultado la perpetuación de la desigualdad basada en el sexo.

 

Aceptar, entender y

transformar los privilegios

 

En 1988, Peggy McIntosh escribió una de las obras más citadas cuando se habla de grupos privilegiados, en específico de personas blancas y hombres. En su obra refiere que uno de los mayores obstáculos para erradicar los privilegios es precisamente la aceptación de contar con ellos. A los hombres se nos ha enseñado a no reconocer el privilegio masculino, pero ¿en qué consiste ser privilegiado?

La autora hace una analogía –que considero bastante clara– de los privilegios al identificarlos como “activos no ganados con los que se puede contar… una mochila invisible prevista de provisiones especiales, garantías, herramientas, mapas, guías, libros de códigos, pasaportes, visas, ropa, brújula, equipo de emergencia y cheques en blanco”.5

            Los hombres históricamente hemos tenido el privilegio de elegir las carreras profesionales con mayor prestigio social, participar en política, estar en la esfera productiva, ejercer la sexualidad, ser ciudadanos, no ser responsables de las labores domésticas y de cuidado, entre muchos otros, esto a costa de otro grupo que han sido las mujeres.

            Aceptar la posición privilegiada para poder cambiarla implica, por lo menos, identificar rutinas y roles para así, cambiarlos. Garantizar derechos a las mujeres y modificar las estructuras, conductas y valores, son tareas que nosotros debemos promover y apoyar en todas las esferas de manera cotidiana.

 

No reproducir violencias

 

No podemos justificar la violencia por estar normalizada. Lo normal debería ser que las mujeres participen sin restricciones en todos los espacios, que tengan voz y voto, que sus opiniones valgan exactamente lo mismo que las de los hombres. Terminar con las violencias (física, verbal, sexual, económica, política) implica una transformación de los hombres y de cómo ejercemos la masculinidad.

Es importante cuestionar los valores adquiridos tradicionalmente, los libretos cognitivos con los que actuamos porque es justamente ahí, en esas conductas diarias, donde se reproduce la violencia. Todos los hombres tenemos la tarea de repensar el concepto mismo de la masculinidad y de hacer un compromiso social para erradicar la violencia hacia las mujeres: primero, no ejerciéndola, pero también alzando la voz cuando la presenciamos.

Finalmente, quiero reconocer el trabajo de los Consejos Generales paritarios de los 32 ople, pero especialmente de las Consejeras Electorales, porque los aportes realizados han hecho posible el avance en el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres mexicanas. La paridad no es una medida temporal y espero que llegue el día en que no nos extrañe que la mitad de todas las posiciones sean desempeñadas por mujeres, el día en que el sexo no defina nuestros destinos, oportunidades o futuros, el día en que podamos compartir entre hombres y mujeres los espacios del poder y la toma de decisiones de manera rutinaria.

 

 

1 Pitkin, H. (1971). The Concept of Representation. Berkley, CA: University of California Press Rao, A., Stuart, R. y Kelleher, D. (1999). Gender at work: organizational change for equality. Connecticut: Kumarian Press Inc.

2 impepac. (2015). Acuerdo IMPEPAC/CEE/005/2015, del Consejo Estatal Electoral del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana, por el que se aprueba el criterio para la aplicación de la paridad de género en la integración de las planillas de candidatos a presidente municipal y síndico propietario y suplentes, respectivamente. Recuperado de: http://impepac.mx/wp-content/uploads/2014/11/InfOficial/Acuerdos/IMPEPACCEE00052015.pdf

3 tepjf. (2015). SUP-REC-46/2015. Recuperado de:

https://portal.te.gob.mx/colecciones/sentencias/html/SUP/2015/REC/SUP-REC-00046-2015.htm

4 Vázquez, Marisol y Meixueiro Gustavo, en prensa, Redes locales de mujeres electas: La experiencia de las Síndicas de Oaxaca, en Palma, Esperanza y Rangel, Beatriz (Eds.), Democracia paritaria: campañas, elecciones y agendas pendientes, México, somee, ine.

5 McIntosh, Peggy. (1988). Privilegio blanco y privilegio masculino: un relato personal de venir a ver correspondencia a través del trabajo en los estudios de la mujer. Documento de trabajo 189, Wellesley, MA: Wellesley: Centro de Investigación sobre la Mujer. Recuperado de: https://www.collegeart.org/pdf/diversity/white-privilege-and-male-privilege.pdf


* Consejero presidente del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca.

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