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El Orden Divino

Cultura y lectura

Por: Flavia Freidenberg y José Ramón Narváez *

La historia ha evidenciado, en diferentes momentos y rincones del mundo, que una mujer que tiene ideas propias, piensa y quiere participar en la vida política de su comunidad resulta altamente desafiante para mucha gente. Este es el argumento principal de esta película suiza1 que, de manera magistral, va narrando el modo en que una mujer de un pueblo pequeño va auto descubriéndose y desaprendiendo la manera en que funciona su mundo personal y el modo en que las relaciones de género cruzan la sociedad.

Aun cuando Suiza es uno de los países más avanzados y desarrollados del mundo occidental –a diferencia de otras sociedades occidentales–, las mujeres suizas consiguieron su derecho a votar recién en la década de 1970 y tuvieron que esperar hasta la década de 1980 para que su derecho a la igualdad se viera reflejado en la Constitución.2

La directora, Petra Biondina Volpe, desarrolla una historia intimista donde retrata a una sociedad excluyente, cruzada por miradas conservadoras, donde los hombres son ciudadanos de pleno derecho y, las mujeres, sus criadas. La protagonista, Nora, que vive con su esposo, su suegro y sus hijos en una pequeña comunidad montañosa, va descubriendo la violencia de género que viven las mujeres como ella. Desde la sorpresa y el desconcierto va descubriendo cierta opresión sólo por el hecho de ser mujer y va experimentando cambios en la relación con su cuerpo, con su marido, con sus hijos, con su familia y con su comunidad. Lo que inicialmente le parece normal –como parte de la cultura que todos y todas comparten–, va convirtiéndose en un infierno.

La película muestra la manera en que la mujer va cambiando su percepción respecto a sus derechos y oportunidades, así como también evidencia las dificultades que ella misma identifica para poder ejercerlos. Nora, quien decide luchar por sus derechos y los de sus compatriotas, va evolucionando mientras toma conciencia de su ser femenino. La primera limitación que evidencia la narración está en las propias ideas y creencias que las mujeres tienen respecto a cómo son las cosas. Ese conjunto de valores y creencias respecto a los roles de género en las sociedades y en lo que ellas pueden (o no) hacer. La película va describiendo los techos de cemento o concreto que limitan la autopercepción de Nora respecto a cómo es su papel (o cuál es el papel que los demás esperan que ejerza) en su familia y en la sociedad.

La historia refleja los obstáculos estructurales que dificultan las oportunidades de participar en la política, de las mujeres, y va evidenciando las distintas clases que las sociedades han atribuido a las diferencias sexuales y las formas jerárquicas que han impuesto a las relaciones humanas, ya sea relacionadas con la educación, la independencia económica o la cultura política. Mientras la protagonista descubre sus fortalezas y se empodera, va conociendo cómo el Estado de Derecho la excluye: debe tener autorización de su esposo para trabajar media jornada, no puede moverse con libertad sin avisar, es responsable del cuidado de todos los miembros de la familia, no puede opinar libremente sin sentirse condicionada, debe cuidar lo que los otros crean de lo que ella piense, entre otras. De esa manera, se describen las limitaciones y las dificultades que enfrentan las mujeres, independientemente de su lugar de residencia, de su condición social y económica, para que sus derechos políticos-electorales sean reconocidos en igualdad con los hombres.

Las mujeres no sólo estaban excluidas en el ámbito público político. La legislación política-electoral no era la única que las marginaba; la historia va poco a poco describiendo los distintos espacios de la vida social y familiar en donde las mujeres estaban sujetas al poder patriarcal.3 En el caso de El Orden Divino se observa, además, cómo una de las sociedades supuestamente más avanzadas de Europa, donde los derechos se ejercen cotidianamente a través de la democracia semidirecta, las mujeres eran excluidas por el sistema jurídico, con lo cual podríamos especular que los avances jurídicos no siempre van de la mano de mayor igualdad para todos.

La lucha por los derechos de las mujeres es más compleja de lo que pudiera pensarse; no puede fragmentarse ni aislarse de manera monotemática. Si bien la película, en tono costumbrista, reproduce los estereotipos formales de cómo es la plácida vida suiza y alarma en tono cómico respecto a lo que parecería inverosímil (que las mujeres no pudieran votar en una de las democracias más avanzadas), la descripción da cuenta de la necesidad de que las luchas sean en múltiples escenarios y no sólo en una de sus dimensiones. En el caso de los derechos políticos, estos van de la mano con otros derechos, pero también con eliminar la desigualdad estructural en el ámbito privado que experimentan las mujeres.


1   Zodiac Pictures International (productora) y Volpe, P. B. (directora). (2017). El Orden Divino [Cinta cinematográfica]. Título original: Die göttliche Ordnung. Suiza.

2 El primer referéndum sobre el sufragio femenino tuvo lugar en febrero de 1959, pero fue rechazado por la mayoría (67%) de los hombres suizos.

3 Alonso, J. (2004). El derecho de la mujer al voto. Revista de Estudios de Género. La Ventana, (19), pp.152-158.


* Observatorio de Reformas Políticas de América Latina [#ObservatorioREFPOL]. Instituto de Investigaciones Jurídicas, unam y Red de Politólogas. flavia@unam.mx

** Profesor de la Escuela Judicial Electoral.