PROCESO ELECTORAL 2020 - 2021

Las elecciones venideras. Entre lo inminente y lo impostergable

Agosto 04, 2020 | Por: César Astudillo

Como pocas veces en la historia, nuestros derechos y libertades se han visto comprometidos por una pandemia que ha venido a afectar profundamente la salud de millones de personas, amenazando con postergar el llamado a elecciones, sin advertir que la recuperación y la vuelta a una normalidad que lejos estará de ser nuevamente normal, presuponen la recuperación de la salud individual, el bienestar social y la salud de los sistemas democráticos.

En este contexto, nos encontramos en un momento crucial para analizar el futuro de nuestros procesos electorales, para lo cual me propongo reflexionar, en primer lugar, en algunos de los retos a que estarán sometidas las autoridades electorales de cara a las elecciones inminentes en Coahuila e Hidalgo, y enseguida, en torno a los desafíos del gran volumen de elecciones que tendrán lugar en el 2021.

 

1.- Las elecciones inminentes

Este miércoles 29 de junio en sesión del Consejo General -CG- del INE, completamente integrado luego de la incorporación de 2 consejeras y 2 consejeros electorales, se decidió que las elecciones de Coahuila e Hidalgo, postergadas por el propio INE en abril, se lleven a cabo el próximo domingo 18 de octubre, lo cual supone la reactivación formal de ambos procesos electorales, que vieron detenidas algunas de sus actividades, y que ahora están listos para retomarlas y seguir adelante.

Es evidente que muchas cosas van a cambiar en nuestro llamado a ejercer el sufragio, ya que serán las primeras elecciones de la pandemia. Esta particularidad hará que en ambas se pongan en funcionamiento un conjunto de protocolos sanitarios internos, para todo el personal implicado en las instituciones electorales, y externos para garantizar que el día de la jornada se garantice tanto el derecho a votar como el derecho a la salud. Serán experiencias que, llegado el caso, se afinarán para ser utilizados en el 2021.

La gestión de estos comicios será inédita, no solo porque el desfase en la fecha de la jornada obliga a redefinir los tiempos en que deberán llevarse a cabo cada una de las actividades de organización, sino porque la misma se desarrollará en el contexto de una colaboración institucional entre los OPLEs y el INE marcada por los propios reacomodos internos en esta institución tras la llegada de los nuevos consejeros. Precisamente en la sesión del CG ya referida, se definió la nueva integración de las comisiones y en la de capacitación electoral y educación cívica quedó al frente uno de los recién llegados consejeros -Martín Faz-, mientras que en la de organización electoral y vinculación con los OPLEs quedó un consejero con gran experiencia -Jaime Rivera-, mientras que la Comisión temporal de seguimientos de las elecciones 2019-2020 quedó a cargo del consejero Roberto Ruíz.

El tema no es menor porque estaremos ante dos elecciones marcadas por los reajustes normativos derivados de la necesidad de compactar las etapas de los procesos electorales, por la exigencia de modificar la naturaleza de las campañas, y también por los reajustes internos que inexorablemente traen consigo dinámicas distintas a las que previamente ya se habían asentado con la integración anterior.

No hay que dejar de tener en cuenta que al menos la primera modificación seguramente generará cambios en el presupuesto aprobado por las legislaturas estatales a finales del año pasado, y que muy probablemente obligará a solicitar ampliaciones, sobre todo para atender los gastos sanitarios que no tuvieron ocasión de preverse y que hoy se han vuelto indispensables para ordenar la distancia e interacción entre los votantes, y evitar la contaminación de la documentación y los materiales electorales a emplear el día de la jornada. El propio CG del INE aprobó distintos protocolos para evitar el contacto personal durante la capacitación a los funcionarios de casillas, y el uso de gel antibacterial, cubrebocas y caretas dentro de las casillas.

Adicionalmente, nos prepararemos para presenciar las nuevas “campañas digitales”, que privilegiaran el proselitismo a través del uso del internet, las reuniones virtuales, los spots en radio y televisión, y el uso intensivo de las redes sociales, incluidas aquellas que fomentan rápidamente la popularidad como el tik tok.

La cercanía de ambas jornadas electorales supone un trabajo a marchas forzadas y una eficaz coordinación interinstitucional porque habrá poco espacio para el error y el ajuste. Exige también una actitud frontal y sin contemplaciones frente al uso político de la pandemia, con ejemplos vigentes no solo de cara a estas elecciones sino en preparación de las venideras, en donde distintos representantes populares han quedado al descubierto en su búsqueda por sacar ventajas políticas de la entrega de distintos apoyos y programas sociales.

Lo peor que le puede pasar a estas dos elecciones es el caer en una maraña sin fin de acusaciones, quejas y denuncias, y apartar la atención de las autoridades electorales en las cuestiones técnicas de organización para obligarlas a hacerse cargo del arbitraje de los conflictos que en nada abona a la integridad de los comicios.

 

2.- Las elecciones impostergables

Alrededor de un mes y medio antes del llamado a la jornada electoral en Coahuila e Hidalgo, se habrá inaugurado el proceso electoral del 2021, en donde no solamente se integrará la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, sino que se tendrán elecciones en 30 entidades federativas, la mitad de ellas para renovar las gubernaturas.

Estas elecciones tienen dos escenarios posibles. Uno, en el que hayamos vuelto a esa extraña nueva normalidad y otro en el que estemos aún con las secuelas de la pandemia, en cuyo caso mucho de lo que se ha sostenido para Coahuila e Hidalgo mantendrá su vigencia. Aún así, con o sin emergencia sanitaria, los retos de las elecciones 2021 serán los mismos, a pesar de que ésta, en sí misma, ya ha auspiciado cambios, sobre los que no hay vuelta atrás. Algunos de los retos que avizoro para las elecciones federales y locales son los siguientes:

 

A. Implementar reformas

Una de las características de las elecciones del 2021 es que al menos 12 entidades federativas tendrán que implementar reformas electorales impulsadas dentro de la pandemia con el propósito de aplazar el inicio de los procesos electorales bajo el argumento del ahorro de recursos. Es evidente que al reducir el ámbito temporal en que se desarrolla una elección se tienen que compactar muchas de sus actividades más relevantes, como la instalación de los consejos distritales y municipales, lo cual impacta en la gestión de las candidaturas independientes, la propaganda, los paquetes electorales, las quejas y denuncias, entre muchas otras responsabilidades.

Acaso por ello, este ejercicio requerirá de la adecuación del calendario electoral con el INE, a quien corresponde realizar directamente un amplio conjunto de actividades al interior de los comicios locales.

Pero también estará implementándose la reforma de los delitos electorales que esta misma semana fue aprobada por el Senado de la República, en donde se determina la prisión preventiva oficiosa para quien cometa delitos electorales, y se tipifican tanto el condicionamiento de programas sociales con propósitos electorales, como el uso de recursos públicos con la finalidad de incidir en el electorado, lo que dará mayores posibilidades de actuación a la FEPADE y a las fiscalías estatales para perseguir estas conductas muy arraigadas y que lastiman seriamente la emisión genuina del sufragio.

 

B. Optimizar recursos mediante las nuevas tecnologías

Es difícil dudar que las próximas elecciones se verán fuertemente condicionadas por la disminución de recursos públicos para cumplir todas las garantías de una legislación basada en la desconfianza, y que hoy llega al absurdo de pedir elecciones plenamente blindadas a bajo costo.

Esto supondrá una labor muy significativa del INE y los OPLEs para apoyarse en las tecnologías con el propósito de optimizar sus recursos, eficientar sus tareas y salvaguardar el distanciamiento que exige esta coyuntura sanitaria.

De alguna manera, este es un momento clave para instalar los avances y la innovación tecnológica en el corazón de la gestión de las elecciones. La mitología electoral que gira alrededor de la desconfianza ha encontrado en esta pandemia la coyuntura más adecuada para ser definitivamente desplazada, si al interior de la cadena de actividades electorales empiezan a utilizarse los aditamentos tecnológicos, los dispositivos electrónicos y la interconectividad en beneficio de los derechos político-electorales.

Las urnas electrónicas y el voto por internet tienen todos los elementos para coadyuvar con nuestras elecciones y para terminar de desplazar las boletas y demás papelería, el tiempo y el esfuerzo humano en el recuento de votos, los conteos rápidos, las encuestas de salida, y los PREPs, entre otros, con un significativo ahorro de tiempo, de recursos y con resultados inmediatos que abonen a la credibilidad, la confianza y la certeza de los resultados electorales.

 

C. Dinero ilícito

La trama del caso “Lozoya” ha puesto en entredicho la legitimidad de las elecciones del 2012 por la entrada de financiamiento ilegal a la campaña presidencial del PRI proveniente de sobornos de la empresa Odebrecht. Si bien los mecanismos de fiscalización de ese entonces eran muy distintos a los de ahora, lo cierto es que las autoridades electorales tendrán bajo su responsabilidad la vigilancia, el control y las sanciones al financiamiento ilegal de las campañas.

No hay que olvidar que grupos empresariales nacionales y extranjeros, organizaciones criminales y grupos del narcotráfico siguen interesadas en financiar la política para mantener el circulo vicioso de la captura de ésta mediante el dinero y que ello vuelve urgente la exigencia de blindaje del financiamiento electoral a través de una acción coordinada entre el INE, los OPLEs, la FEPADE, el SAT, la CNBV y la UIF.

D. Reforzar acciones afirmativas de la democracia incluyente:

Hoy más que nunca se advierte la necesidad de que las instituciones electorales vuelvan a legitimarse ante la clase política y ante la ciudadanía. Y ello se puede lograr si se alinean los esfuerzos institucionales en torno a la agenda de la democracia incluyente.

En las últimas elecciones se han dado pasos firmes y consistentes en este ámbito, pero de cara a las elecciones del 2021 es muy importante que tanto el INE como los OPLEs se den a la tarea de analizar, ahondar, ajustar o implementar políticas y acciones afirmativas en favor de los derechos de los jóvenes, los indígenas y los adultos mayores.

De la misma forma, resulta muy importante impulsar decisiones para facilitar el voto de los enfermos, discapacitados, adultos mayores y quienes residen en el extranjero. Ponderar también estrategias para auspiciar la participación política de quienes se encuentren privados de su libertad, de los no nacionales, y de aquellos que han sido desplazados de sus pueblos y comunidades. Lo anterior sin dejar de consolidar la paridad de género que al día de hoy se encuentra notablemente avanzada.

No sabemos cuándo ni en qué condiciones habremos de volver a la tan ansiada normalidad. Pero es necesario poner manos a la obra para asegurar la participación política de la ciudadanía en los próximos comicios con las debidas precauciones sanitarias, y aprovechar esta situación coyuntural para instalar los beneficios de las nuevas tecnologías en el corazón de los procesos electorales.

Urge recuperar las condiciones de salud de la ciudadanía, y urge también recobrar, a través de las elecciones, la salud de nuestro sistema representativo y de nuestra democracia.

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