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Situar al sujeto joven y su protagonismo político y social en el siglo XXI. Una reflexión crítica a la categoría millenial.

Agosto 12, 2020 | Por: Janneth Trejo Quintana

Es incuestionable la relevancia que ha alcanzado la población joven en el ámbito político. Son los propios sujetos quienes se han hecho de un lugar en el espacio público. Hubo un tiempo en el que se discutía la pertinencia y legitimidad de las voces de las personas más jóvenes, incluyendo niños y adolescentes. Y aunque hay mucho camino que recorrer, las juventudes siguen aportando ideas y herramientas para integrarse y generar conversación en lo local y en lo global: en la glocalidad.

En este contexto, no sobra advertir que estamos ante juventudes; es decir, múltiples y variadas formas de asumir una condición socio-histórica de estar, de ser y de participar. Ante la complejidad que entraña esta discusión, con frecuencia se recurre a las etiquetas para englobar a los jóvenes: sus prácticas, sus condiciones de vida, su desarrollo personal, profesional y social, así como su inmersión y participación en la vida política de la sociedad en la que viven.

Al pensar a la juventud como una categoría socio-histórica –que debe ser interpretada como una experiencia vital y relacional, y no en términos etarios o biológicos– resulta fundamental discutir el método de las generaciones para abordar, entre otras cosas, los temas de la participación política y social de los ciudadanos. Esto con el fin de resaltar que la juventud, lo juvenil o el ser joven no son conceptos inertes o abstracciones estáticas en el tiempo; todo lo contrario, se trata de conceptos que tienen significados y sentidos diferentes a lo largo de la historia, que dependen de los contextos concretos, que su definición y experimentación se encuentran directamente relacionadas con el devenir de las sociedades. Esto último es tomado parcialmente en cuenta y puede ser el origen de las discusiones que desatan lo que se entiende por diferencias generacionales o cambio generacional.

En este sentido, Rosana Reguillo apuesta por alejarse del concepto generación o grupos de edad en términos teleológicos. Le parece más apropiado mirar la categoría generación como potencialidad (extrínseca) de la condición juvenil ya que, como esta autora apunta, no todos los jóvenes son rebeldes, no todos disienten del orden establecido o de las circunstancias estructurales e instituciones hegemónicas, aunque «es indudable el protagonismo juvenil en las revueltas de la imaginación».1

La discusión sobre este tema nos lleva a admitir que existe una concepción genealógica de la categoría generación; es decir, se define en términos de descendencia. Como dirían Carmen Leccardi y Carles Feixa, la genealogía materializa la pertenencia generacional, es lo que da cuerpo al tiempo. Sin embargo, las generaciones –en términos sociológicos– no se siguen las unas a las otras sobre la base de una cadencia temporal establecida biológicamente. En otras palabras, no existe un tiempo normalizado con el cual medir o predecir su ritmo. Por lo tanto, desde un punto de vista sociológico, «una generación puede durar diez años, o puede durar varios siglos tal como sucedió en las sociedades premodernas. Puede comprender una pluralidad de generaciones biográficas, al igual que la historia de muchas sociedades tradicionales, o puede incluir una sola generación sociológica».2

Para José Ortega y Gasset, la generación es la forma en que se presentan «las variaciones de la sensibilidad vital que son decisivas en historia»;3 en ese entendido, los jóvenes son los sujetos que pueden propiciar cambios sociales. Y aunque esta idea puede ser debatida, lo cierto es que enmarcar la reflexión sobre las generaciones en factores y circunstancias socio-históricas y no en lo biológico, es fundamental para comprender el papel de la participación de los jóvenes en los cambios sociales, ya sean de gran calado o a pequeña escala.

Para Ortega y Gasset, así como para Karl Mannheim4, una generación hace referencia a un grupo de personas que comparten sentimientos, creencias, sensibilidades, intereses y hasta preocupaciones, y todas estas son producto de su experiencia vital –en las que son especialmente importantes sus años de formación–, o bien se derivan del contexto social específico.5 En suma, las generaciones son nexos que unen biografías, estructura social y dinámica histórica. Con todo ello se logra una identificación y una adscripción subjetiva entre las personas, lo que implica percepciones similares de la realidad.

Desde luego, las generaciones no deben comprenderse como un conjunto de personas homogéneo y estable, puesto que la condición de coetaneidad no produce necesariamente acciones en común. En ese sentido, Ortega y Gasset y Mannheim distinguen una cohorte de edad de una generación histórica. La primera «representa una categoría en sí misma, mientras que una generación actúa como un grupo social para sí mismo».6

Entonces, aunque la edad fundamenta la dinámica de las generaciones no es constitutiva de ésta. En ese sentido, resulta pertinente advertir que las generaciones «son el medio a través del cual dos calendarios distintos –el del curso de la vida y el de la experiencia histórica– se sincronizan. El tiempo biográfico y el tiempo histórico se funden y se transforman mutuamente dando origen a una generación social».7

De este modo, se entiende que el término generación es performativo –dado que crea una entidad con sólo ser nombrada– que permite convocar a una «comunidad imaginada», como diría Bauman. De ahí la complejidad de explicar la coincidencia y superposición o coexistencia entre las generaciones, pues «los límites que separan a las generaciones no están claramente delimitados, no pueden dejar de ser ambiguos y traspasados y, desde luego, no pueden ser ignorados».8 

Uno de los puntos clave cuando se trabaja con el concepto generación está en lo que concierne al relevo generacional. La discusión más reciente al respecto se inició con el siglo, con la aparición de una idea fundamental en nuestro tiempo: la sociedad red. Para actualizar esta discusión se parte del hecho de que los jóvenes suelen ser más expertos en la operación de la tecnología digital.

Este es el telón de fondo en el que aparece la Generación Millenial. Con esta etiqueta se nombra a las personas que iniciaron sus experiencias juveniles en la entrada del nuevo milenio. Tal etiqueta se popularizó gracias a los medios de comunicación, pero poco se sabe de su origen. Numerosos medios de información ofrecen datos con los cuales intentan caracterizar a esta supuesta generación. Asimismo, enmarcan su relevancia demográfica al advertir, por ejemplo, que el 30% de la población en América Latina es millenial y para el 2025 representará el 75% de la fuerza laboral del mundo.9

Pese a estos datos, hay confusión y poco consenso respecto del rango de edad al que se supone pertenecen los jóvenes denominados millenials. La Oficina del Censo de Estados Unidos considera que la generación millenial está integrada por las personas nacidas entre 1982 y el año 2000. Por su lado, el Pew Research Center10 considera que los millenials son los nacidos entre 1981 y 1996. Como se ve, los criterios etarios para definir a la generación millenial son distintos, pero hay otros tópicos que permiten aglutinar a los jóvenes de esta época, como son: los usos de la tecnología, los sucesos políticos, económicos y culturales que marcan el imaginario colectivo de quienes se desarrollan con el milenio.

En general, a los millenials se les describe como quienes se adaptan fácil y rápido a los cambios, ya que estos jóvenes empezaron consumiendo productos audiovisuales en formatos VHS, luego migraron al DVD, posteriormente al Blu-Ray y, sin problemas, se mueven en internet y los sistemas streaming para los mismos fines.

Para identificarlos parece haber dos polos opuestos. El primero resalta que son nativos digitales y, por tanto, dominan la tecnología; pueden hacer varias cosas al mismo tiempo (son multitask o multitarea); las pantallas digitales son su principal acceso a la socialización –lo que incluye el ocio y el trabajo–; son extremadamente sociales y sus teléfonos inteligentes son parte de ellos; son muy críticos, exigentes, y aman las relaciones positivas; les gusta personalizar sus acciones, son autónomos, autosuficientes, y les agrada la idea de volverse protagonistas. En el polo opuesto, la visión negativa de los millenials advierte que se trata de personas nihilistas, egoístas, egocéntricas, vanidosas y apáticas.

Es bien cierto que en los últimos 20 años el desarrollo tecnológico ha sido vertiginoso y son los jóvenes quienes mejor se han adaptado a los cambios que este ha traído consigo. Por esta razón se suele pensar que estamos frente a una generación cuyas características son la hiperconexión, la comunicación abierta y horizontal, con una fuerte necesidad de inmediatez y la búsqueda permanente de experiencias que rompen los límites geográficos y temporales establecidos tradicionalmente; es decir, la dimensión global es un aspecto fundamental de su desarrollo.

En el aspecto político-social el mundo, pero especialmente en el caso estadounidense, los atentados del 11 de septiembre de 2001, las guerras de Irak (2003-2011) y Afganistán (2001-2014), así como la recesión económica mundial de 2008-2009 son eventos que forman parte de los referentes históricos que han impactado a los jóvenes de esta época. En el caso mexicano, algunos eventos que han dejado una impronta en los jóvenes del país son el movimiento #YoSoy132 (en el marco de las elecciones presidenciales de 2012), la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa (2014), el terremoto del 15 de septiembre de 2017 y, desde luego, la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2.

Con todo lo anteriormente nombrado –aspectos tecnológicos, pero también políticos y sociales– se quiere resaltar que la configuración de un imaginario social y una memoria colectiva se encuentra en el cruce entre el tiempo individual y el tiempo colectivo. Son las experiencias particulares y los eventos sociales los que implican a los sujetos de muy variadas formas. Así que, si se piensa con detenimiento, es muy arriesgado concebir la existencia de una generación a partir de un rango de edad determinado, aunque tampoco se podría apelar solamente a los acontecimientos históricos que han sido referentes importantes en la memoria colectiva de los coetáneos, en especial cuando se pretende dilucidar cierta relación entre la biografía de los sujetos y el tiempo histórico en el que viven.

Para comprender a los jóvenes de una época resulta necesario sopesar la relación entre el tiempo individual y el tiempo social en la formación de los sujetos; debe analizarse el valor de cada componente en la construcción del yo y del colectivo. Esto es relevante en tanto que impacta directamente en la solidez que alcanza la categoría Generación Millenial u otras recientemente aparecidas y, por tanto, en la observación de los sujetos a los que se alude.

En ese sentido, hablar de los millenials de manera general puede impedir develar la complejidad de los hechos sociales relacionados con los jóvenes contemporáneos en términos de sus prácticas culturales, de consumo, de participación, entre otras. Por otra parte, es imposible negar la importancia de la teoría de las generaciones en los análisis actuales. Su vigencia no se ha visto empañada pese a la falta de actualización de sus bases teóricas y metodológicas. No obstante, habría que diferenciar entre una «etiqueta» y una «categoría», pues con el término Generación Millenial –o similares– se pueden estar ocultando más que evidenciando las prácticas políticas, culturales y sociales de una diversidad de jóvenes que coexisten en un mismo espacio glocalizado.


1 Reguillo, R. (2017). Paisajes insurrectos: jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio. Ned Ediciones.

2 Leccardi, C. & Feixa, C. (Junio de 2011). El concepto de generación en las teorías sobre la juventud. Última década, 19(34), 11-32.

https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362011000100002

3 Ortega y Gasset, J. (1989). En torno a Galileo. Obras completas, 5 (19331941), 13-164.

4 Mannheim, K. (1952). The Problem of Generations. En Paul Kecskemeti (ed.), Essays on the Sociology of Knowledge, Nueva York, pp. 276-320 [ed. original alemana: «Das Problem der Generationen», Kölner Vierteljahreshefte für Soziologie, 1928, 7 (2), pp. 157-185 y (3), pp. 309-330; ed. castellana: «El problema de las generaciones», Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 62, 1993, pp. 193-242].

5 Opcit.

6 González, E. (2010). Las jóvenes generaciones contemporáneas. Evolución de los modos conflictivos de participación política. Openedition, 34-1, párrafo 21.

http://journals.openedition.org/mcv/1195

7 Leccardi, C. & Feixa, C. (Junio de 2011). El concepto de generación en las teorías sobre la juventud. Última década, 19(34), 19.

8 Bauman, Z. (2007). Entre nosotros, las generaciones. Entre Nosotros: Sobre la Convivencia Entre Generaciones; Larrosa, J., Ed, 101-127.

9 Gutierrez-Rubí, A. (22 de diciembre de 2014). 6 rasgos clave de los millenials, los nuevos consumidores. Forbes.

https://www.forbes.com.mx/6-rasgos-clave-de-los-millennials-los-nuevos-consumidores/

10 Pew Research Center. (Febrero de 2010). Millennials. A portrait of generation next. Confident. Connected. Open to change. Pp. 140

https://assets.pewresearch.org/wp-content/uploads/sites/3/2010/10/millennials-confident-connected-open-to-change.pdf

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