PROCESO ELECTORAL 2020 - 2021

Campañas en tiempos de pandemia

Septiembre 07, 2020 | Por: Karolina M. Gilas

La pandemia llegó a alterar la normalidad de las vidas de las personas y sociedades alrededor del mundo. Las disrupciones generadas por el SARS-COV-2 abarcan todos los aspectos de nuestra cotidianeidad, desde las relaciones familiares, sociales y laborales, por los procesos educativos o de atención a la salud, por el funcionamiento de los gobiernos e instituciones políticas.

Las elecciones no han estado ajenas a las consecuencias de la pandemia. Alrededor del mundo, por lo menos 72 procesos electorales fueron suspendidos o pospuestos.[1] Los procesos que sí se llevaron a cabo fueron diferentes en muchos aspectos que van desde la organización electoral y recepción de la votación, por la observación electoral y, por supuesto, las campañas electorales.

Este lunes 7 de septiembre empieza el proceso electoral federal mexicano que culminará, el 6 de junio de 2021, con la renovación de la Cámara de Diputados y, los procesos locales concurrentes, 15 gubernaturas, 30 legislaturas y autoridades municipales en 30 entidades federativas. Entre unos y otros, se elegirán más de 21 mil cargos. Tomando en cuenta que las personas expertas en salud prevén que la crisis sanitaria originada por el brote pandémico del SARS-COV-2 durará aproximadamente dos años, resulta necesario asumir que este proceso será diferente no solo por la inédita cantidad de elecciones que se celebrarán al mismo tiempo, sino también por la coyuntura de la pandemia que exigirá a las autoridades electorales, a la ciudadanía y a todos los actores políticos que modifiquen sus estrategias de campaña habituales.

Las experiencias internacionales evidencian que las campañas electorales están profundamente afectadas por la crisis sanitaria. De la misma manera que, ante la necesidad de distanciamiento social, una gran parte de las actividades educativas y laborales han transitado al ámbito virtual, las campañas electorales también tendrán que afrontar nuevos retos hacia una acelerada transformación hacia la virtualidad. Un claro ejemplo de ello es el desarrollo de la campaña de la elección presidencial estadounidense que se celebrará en noviembre. Por primera vez en la historia se puede observar cómo prácticamente todos los actos de campaña pasan al ámbito virtual, incluyendo las Convenciones de los partidos Demócrata y Republicano, que tuvieron lugar la semana pasada.

La pandemia ha llegado a acelerar ciertas tendencias y cambios incluso en un escenario tan desafiante como el del mundo digital. Desde hace más de una década y, en especial, desde la elección de Barack Obama en 2008, la virtualidad y las redes sociales jugaron cada vez un mayor papel en el desarrollo de las campañas electorales. Si bien las campañas a ras del piso (o territoriales) continuaron siendo importantes en la movilización electoral, el uso de la comunicación digital ha ido cambiando el modo en que interaccionan las candidaturas con el electorado. A partir de la crisis sanitaria, las redes dejaron de ser una herramienta más en el repertorio de las estrategias de marketing político y se han convertido en un espacio fundamental para la difusión de los mensajes de campaña, la construcción de relaciones con las y los votantes y el modo en que se desarrolla la tecnología electoral.[2] En este nuevo contexto se abre la oportunidad de que la ciudadanía adquiera un mayor protagonismo en las campañas, creando contenidos y tomando un papel más activo en los debates públicos, en claro beneficio para la vida democrática.[3]

 

La centralidad de las redes… y sus peligros

Las campañas para las elecciones de 2021 se van a centrar en la utilización de tres mecanismos digitales: redes sociales, aplicaciones específicas para las campañas y publicidad pagada en las redes sociales.[4] Esto supone un gran desafío político-institucional para un país como México donde existen prohibiciones constitucionales que impiden a los partidos a comprar anuncios en radio y televisión así como también hay restricciones a la realización de eventos masivos, lo que va a obligar a los partidos a intensificar su presencia en el espacio virtual (y también, probablemente, van a incentivar la producción y entrega de propaganda utilitaria).

I. Este tránsito hacia la virtualidad presenta, en la lógica de las regulaciones electorales y las dinámicas observadas en los procesos previos y en otras latitudes, al menos cinco problemáticas que vale la pena analizar y seguir en los próximos mesesUso de datos personales. La intensificación de la utilización de las redes sociales para las campañas presenta preocupaciones relativas al uso de los datos personales de las y los votantes. Como nos enseñan las experiencias de la elección presidencial en Estados Unidos (2016), los partidos utilizan las redes no solo para posicionar y difundir sus mensajes o generar debate público, sino también para recopilar información sobre las preferencias de las y los electores, con el objetivo de utilizarla para perfeccionar sus estrategias de campaña.[5] Este uso, en algunos casos, puede ser de dudosa legalidad y, en otros, de dudosa legitimidad, pues muchas personas usuarias pueden no ser conscientes de qué información sobre su actuación en redes está registrada y cómo llega a ser utilizada por las empresas especializadas y por los hacedores de campañas.

II. Influencia externa. Durante la elección estadounidense de 2016 y el referéndum sobre el Brexit (también en 2016) se han reportado y documentado intentos de influencia externa encaminada a inclinar las preferencias electorales a favor de una de las opciones políticas participantes.[6] Esto no es una cuestión menor, en particular, en una elección en una sociedad como la mexicana, bastante recelosa de la intervención extranjera en sus cuestiones políticas. Al mismo tiempo, frente a este problema es necesario recordar que las redes, a pesar de ser un elemento fundamental para las estrategia de campañas electorales, no ganan las elecciones.

III. Noticias falsas. La creación y difusión de noticias falsas en común en Internet y, en especial, en las redes sociales. Es cada vez común su utilización: en las elecciones de 2018 se han difundido (y convertido en trending topics) por lo menos 100 noticias falsas,[7] que fueron combatidos por la iniciativa Verificado 2018, que unió a un aproximado de 80 medios de comunicación, organizaciones de sociedad civil, universidades, así como Facebook, Twitter y Google. Sin embargo, los intentos de contrarrestar su difusión e impacto enfrentan serias dificultades, pues las investigaciones evidencian que las personas comparten con mayor frecuencia las noticias falsas y estas se difunden seis veces más rápido que las verdaderas.[8] En este contexto son especialmente preocupantes las deepfakes (ultrafalsos), que tienen un enorme potencial para ser empleados como mecanismo de manipulación política.[9]

Por todas estas razones existe una cada vez mayor presión sobre las redes sociales como Facebook y Twitter para generar mecanismos transparentes y eficientes que permitan detectar y eliminar noticias falsas o los contenidos altamente cuestionables. Sin embargo, los avances mostrados hasta el momento han sido objeto de importantes críticas por parte de los especialistas y la sociedad civil.[10]

IV. Regulación y supervisión. La legislación electoral mexicana no regula el uso de las redes sociales —que es, por cierto, una decisión acertada, pues el control de los contenidos publicados en el Internet y en las redes es imposible— y aplica a la publicidad adquirida en los espacios virtuales las mismas reglas que a la prensa impresa. Los criterios que en los últimos procesos electorales ha emitido el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) van en el sentido de respetar la libertad de expresión de las personas —incluyendo a quienes ostentan alguna candidatura— en las redes sociales y de subrayar las dificultades de acreditar responsabilidades directas en muchos contextos que permiten anonimato o, por lo menos, dificultan identificar a los responsables por la creación o difusión de los contenidos. Al mismo tiempo, el TEPJF ha mantenido la aplicación de las mismas restricciones respecto de los contenidos de los mensajes difundidos por los partidos y candidatos que existen para aquellos difundidos en radio y televisión, y consistentemente se ha negado a analizar la veracidad de los mensajes de campaña. Es posible que los nuevos tiempos y contextos desafíen estos criterios y enfrenten a las autoridades electorales con nuevos retos interpretativos de las reglas de juego.

V. Fiscalización. El sistema de fiscalización de ingresos y gastos de las campañas obliga a los partidos y las candidaturas a reportar los recursos invertidos en la compra de contenidos en Internet y en la operación de sus campañas en todo tipo de espacios virtuales. Sin embargo, algunos estudios apuntan a que una importante parte de la cobertura en Internet y medios digitales en las campañas de 2018, empleada para posicionar a las candidaturas, fue financiada con recursos privados no registrados en el sistema de fiscalización.[11] La intensificación de la actividad de campañas en Internet y en las redes sociales seguramente presentará nuevos desafíos para la fiscalización realizada por el Instituto Nacional Electoral (INE).

 

Resulta difícil predecir con precisión la evolución de la crisis sanitaria en los próximos meses y el impacto que esta va a tener sobre la organización electoral y sobre las estrategias que adopten los partidos y sus candidaturas. Entre las muchas incertidumbres que trae el futuro hay algunas cosas que podemos asumir como ciertas. Una de ellas es que la pandemia va a transformar las campañas, profundizando las tendencias hacia la virtualidad existentes previamente, exigiendo creatividad por parte de los actores políticos… y de las autoridades, que se verán obligadas a encontrar mecanismos idóneos para realizar sus funciones de supervisión y control de legalidad de los comicios en estos nuevos escenarios.

Las campañas virtuales serán, sin duda, uno de los espacios de mayor innovación y más grandes desafíos en las elecciones de 2021, lo que hará surgir las voces que pugnen por la regulación del uso de las redes sociales en las campañas. Esperemos que el Congreso evite caer en la tentación de sumar este tipo de controles al ya muy extenso marco normativo y de asignar a las autoridades electorales una tarea imposible, de perseguir en el anonimato de la red a las y los autores de los mensajes político-electorales.

 

[1] IDEA International. “Global overview of COVID-19: Impact on elections”. 2 de septiembre de 2020. https://bit.ly/34XNPNj

[2] Harris, Rickie. “How the Pandemic Reshaped Election Campaigns—Maybe Forever”. Wired.com. 21 de agosto de 2020. https://bit.ly/3jCMXlk

[3] Galup, Luciano y Giuliana Fernández. “Redes y comunicación política en estado de descontrol”. Primer Saque. 10 de julio de 2019. https://bit.ly/32V7yuk

[4] Stromer-Galley, Jannifer. “Amid pandemic, campaigning turns to the internet”. TheConversation.com. 13 de mayo de 2020. https://bit.ly/2ETbK5z

[5] Hern, Alex. “Cambridge Analytica: how did it turn clicks into votes?”. The Guardian. 6 de mayo de 2018. https://bit.ly/3bsP9Jq; BBC News. “Facebook data: How it was used by Cambridge Analytica”. 9 de abril de 2018. https://bbc.in/3lJXDAw

[6] Mayer, Jane. “How Russia Helped Swing the Election for Trump”. The New Yorker. 24 de septiembre de 2018. https://bit.ly/3bkoi20; US Department of Justice. “Report on the Investigation into Russian Interference in the 2016 Presidential Election”. Marzo de 2019. https://bit.ly/2QMniKq. MacKinnon, Amy. “4 Key Takeaways from the British Report on Russian Interference”. Foreign Policy. 21 de julio de 2020. https://bit.ly/2EIc6fO 

[7] Por ejemplo, que el presidente Peña Nieto “privatizó” el agua, que el candidato presidencial de Partido Acción Nacional era familiar del expresidente Carlos Salinas y que la esposa del candidato ganador de las elecciones tenía ancestros nazis, entre otras. “Elecciones en México: 7 de las noticias falsas más sorprendentes que detectó "Verificado 2018". BBC Mundo. 28 de junio de 2018. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44476959; “8 'fake news' que atrajeron nuestra atención en 2018 (nos guste o no)”, ADN Político, 28 de diciembre de 2018, https://adnpolitico.com/mexico/2018/12/28/8-fake-news-que-atrajeron-nuestra-atencion-en-2018-nos-guste-o-no. Fregoso, Juliana, “De bots, trolls, fake news y las elecciones 2018”. Forbes, 13 de agosto de 2018, https://www.forbes.com.mx/de-bots-trolls-fake-news-y-las-elecciones-2018/

[8] Soroush Vosoughi, Deb Roy, and Sinan Aral, “The spread of true and false news online”, MIT Initiative on the digital economy research brief, http://ide.mit.edu/sites/default/files/publications/2017%20IDE%20Research%20Brief%20False%20News.pdf

[9] Se trata de una tecnología que permite editar videos falsos pero que son difícilmente distinguibles de las grabaciones reales, al emplear imágenes reales y algoritmos avanzados de inteligencia artificial. Ashkam, Gemma. “Qué son los »deepfakes« y por qué se están convirtiendo en el nuevo »porno de la venganza«". BBC Mundo. 3 de mayo de 2018. https://bbc.in/3hUrKmz

[10] Solon, Olivia. “Sensitive to claims of bias, Facebook relaxed misinformation rules for conservative pages”. NBCNews.com. 7 de agosto de 2020. https://nbcnews.to/32NFNE0

[11] Amparo Casar, María y Luis Carlos Ugalde. Dinero Bajo la Mesa: Financiamiento y Gasto Ilegal de Campañas políticas en México. 2018. https://dinerobajolamesa.org/. Página 67 del reporte.

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