JUSTICIA

El mito de la apatía de las juventudes.

De la reforma político electoral de 2014, concretamente en los artículos 41 fracción V, apartado C, y 116 fracción IV de la Constitución Federal, se desprende que las y los legisladores contemplaron la existencia de organismos públicos locales electorales, cuya autonomía e independencia se encuentra garantizada, quienes ejercen una de las funciones esenciales de cualquier Estado Democrático: la organización de elecciones constitucionales.[1]

Con respecto a esta función, los oples, como órganos autónomos del Estado Mexicano, tenemos la obligación de garantizar, de manera oportuna, que la ciudadanía pueda participar en la vida pública, procurando que la competencia para ocupar los cargos de elección popular, se desarrolle en un campo de igualdad material, removiendo cualquier obstáculo que impida que los miembros de un grupo determinado ejerzan sus derechos político electorales de manera plena.

Para ello, es importante identificar si en la legislación se encuentran normas que detallen de forma clara la manera en la que diversos grupos de la sociedad deben participar en la vida pública de su municipio, de su entidad federativa, o del país.

Cuando se detecta que la ley no contiene a detalle normas prescriptivas para que éstos grupos puedan tener una participación real en la toma de decisiones que impacten su entorno, y que dicha omisión provoque que los partidos políticos releguen a las y los integrantes de un grupo determinado, poniéndolos en una situación de desigualdad con relación a otros grupos sociales, los oples debemos de revertir esa desigualdad a través de acciones temporales que busquen acelerar su participación política y eliminar su exclusión.

Esas acciones afirmativas corresponden a la obligación del Estado Mexicano de evitar cualquier lesión a la dignidad humana, que es connatural al ser humano, y de la cual se desprenden todos los demás derechos necesarios para que los individuos desarrollen integralmente su personalidad[2], evitando cualquier tipo de discriminación motivada por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidades, condición social, de salud, religión, preferencias sexuales o el estado civil.    

Establecido lo anterior, en estas líneas pretendo exponer de manera muy breve, lo que llevó al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco, a emitir una acción afirmativa a favor de la juventud tabasqueña[3], para efectos de que los partidos políticos postulen en el presente proceso electoral local 2020-2021, a personas entre 21 y 29 años de edad, en el 30% de sus candidaturas, y así elevar la posibilidad de que jóvenes ocupen cargos de toma de decisiones.

 

El objetivo primordial es que ese acceso al poder tenga un efecto de reconfiguración social, que contrarreste los prejuicios que existen en torno a la falta de experiencia de las y los jóvenes, así como la idea que existe relativa a su supuesta apatía para participar en la vida pública de su comunidad.

 

En primer lugar, encontramos que no existe ni en la legislación local ni en la federal normas prescriptivas para que las y los jóvenes sean postulados a cargos de elección popular, no obstante de que son uno de los grupos más numerosos de nuestro país, y que en este año alcanzará su nivel más alto en el país.[4] Además, si bien los estatutos de algunos partidos políticos contemplan la postulación de jóvenes[5], no en todos los casos cumplían.

 

Pero más allá del plano normativo, lo que nos motivó con mayor fuerza a establecer una acción afirmativa a favor de la juventud, no fue la falsa creencia de que la juventud no participa en la vida pública, y que es necesario incentivar su participación a través de este tipo de mecanismos de participación política.

 

Creo que no hay nada más alejado de la realidad, que afirmar que las y los jóvenes no les interesa participar. Al contrario, si leemos la participación que ha tenido la juventud a lo largo de la historia universal, nos podemos dar cuenta del inmenso interés que han mostrado en participar de manera activa en los asuntos de su entorno para tratar de cambiar sus realidades.

 

Los movimientos estudiantiles de 1918 ocurridos primero en Argentina y luego en algunos páises de Latinoamerica, cuyo reclamo primordial era la autonomía universitaria,[6] en los años sesentas, el movimiento hippie en Estados Unidos, que proclamaban el amor libre y la paz mundial, y rechazaban la Guerra de Vietnam, el movimiento estudiantil frances igualmente en esa misma década, la Primavera Árabe en 2011, iniciada en Túnez y Egipto que logró derrocar dictadores, y que impactó en otros países del medio oriente, los “indignados” en España (15 M), que se movilizaron en 2011 en contra del sistema político español, el caso de “Occupy Wall Street” en Nueva york que visibilizó la desigualdad social, los movimientos estudiantiles chilenos en 2006 y 2011 relacionado con “los pingüinos” que demandaron la educación gratuita y pública, el movimiento “Yo soy 132” ocurrido durante el proceso electoral federal 2011-2012, quienes incluso lograron realizar dos debates presidenciales.

 

Al margen de la ideología de esos movimientos juveniles, lo importante es poner de relieve el hecho de que las juventudes han sido factor de cambio en la historia universal, y su participación activa ha contribuido al mejoramiento de las condiciones de vida de países enteros. El gran éxito de los movimientos juveniles en el mundo, a diferencia de otro tipo de movimientos, ha sido el nulo interés de forjar líderes que protagonicen los cambios que se buscan, manteniéndose en un plano horizontal, y que en su organización han empleado las redes sociales para comunicarse, lo que les ha permitido una acelerada difusión de sus protestas y un rápido crecimiento de sus seguidores.

 

Aunado a ello, el conocimiento de su realidad, de sus problemas, la valentía con la que han enfrentado a todo tipo de regímenes, la búsqueda de espacios para alzar su voz, y lograr que su palabra sea escuchada a través de plataformas que no forsozamente han sido las convencionales, como los partidos políticos o las asociaciones habituales, dan cuenta de que, parafraseando a Rossana Reguillo, la juventud no necesita consejos, sino espacios eficaces para hacerse visibles, escuchados y escuchadas.

 

De todo lo anterior, puedo concluir que, tal y como lo mencionó en un importante texto el sociológo uruguayo Ernesto Rodríguez, las y los jóvenes no son antidemocráticos por no pertenecer a partidos políticos o votar en las elecciones, sino que lo que buscan son espacios modernos y atractivos, alejados de la corrupción, que incluya el uso de redes sociales.[7]

 

Independientemente de ello, considero que la inclusión de las y los jóvenes en las candidaturas de los partidos políticos, a través de las cuotas, para efectos de poner en la agenda legislativa y pública sus problemas, acompañado de la creación de nuevas formas de participación que atiendan a sus necesidades y a sus nuevas y modernas formas de expresarse, resulta ser una pinza que cerraría la estrategia para que la juventud sea mas escuchada y visible, y puedan producirse los cambios necesarios para mejorar sus condiciones de vida.

 

Además, el trabajo colaborativo con los partidos políticos es fundamental, con el fin de concientizarlos en el sentido de que las y los jóvenes que postulen para ocupar los espacios en las cuotas juveniles, deben ser jóvenes que conozcan las diferentes expresiones de la juventud, desde la juventud universitaria, hasta aquélla juventud que no ha encontrado los espacios necesarios para desarrollar su potencial, así como las juventudes de los grupos discriminados, como los pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ, los que integran las comunidades indígenas y campesinas, y evidentemente, conocer ampliamente el fenomeno de la interseccionalidad.

 

 

[1] Otra de las funciones trascendentales de los oples es la educación cívica, la cual se encuentra prevista en el punto 2, apartado C, fracción V, del artículo 41 de la Constitución Federal, y que cobra especial relevancia pues uno de sus objetivos es lograr que la ciudadanía participe de manera activa en la toma de decisiones de su comunidad de manera pacífica, así como el conocimiento de sus derechos y cómo hacerlos valer.   

[2] “DERECHO A LA DIGNIDAD HUMANA. ES CONNATURAL A LAS PERSONAS FÍSICAS Y NO A LAS MORALES”, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Décima Época, Libro XXIII, agosto de 2013, Tomo 3, Tribunales Colegiados de Circuito, p. 1408, Tesis: VI.3o.A. J/4, Registro: 2004199.

[3] ACUERDO CE/2020/022, consultable en http://www.iepct.mx/docs/acuerdos/CE-2020-022_VOTO_CONCURRENTE_Y_ANEXO.pdf

[4] https://www.conapred.org.mx/userfiles/files/FichaTematica_Jovenes.pdf

[5] Artículo 45 estatutario del Partido Revolucionario Institucional, y artículo 64, inciso g) del estatuto del Partido de la Revolución Democrática.

[6] En Guadalajara, en 1935, el movimiento liderado por los jóvenes Carlos Cuesta Gallardo, Antonio Leaño Álvarez del Castillo, y Ángel Leaño Álvarez del Castillo, tuvo como fruto el nacimiento de la primera universidad privada en México, la Universidad Autónoma de Guadalajara.

[7] “MOVIMIENTOS JUVENILES EN AMÉRICA LATINA: ENTRE LA TRADICION Y LA INNOVACION”, fue un texto preparado a pedido de la UNESCO, para su presentación especial en el Seminario Internacional “Nuevos Movimientos Juveniles en América  Latina” (Lima, 22 y 23 de Noviembre de 2012), organizado por la UNESCO y el CELAJU, con el apoyo de CLACSO, la OIJ y la SENAJU del Perú, consultable en: http://www.celaju.net/wp-content/publicaciones/2014/05/Movimientos-Juveniles-ALC.pdf

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