Viernes 19 de enero de 2018 7:15 am
NOTA DE LA SEMANA

Editorial Enero 2018

Contienda inédita

2017 cerró con noticias que dan a la elección de este año carácter inédito.
No tiene precedente una coalición en elección presidencial y legislativa entre el PRD y el PAN –con MC en medio– y el respaldo de la izquierda perredista
a un candidato blanquiazul a la Presidencia.
Igualmente, es la primera vez que el PRI –aliado con el PVEM y el Panal– tiene como abanderado en la contienda presidencial a un hombre sin afiliación partidista, y también la primera en que postula a alguien de condición semejante para su candidatura a jefe de gobierno en la Ciudad de México.
No es algo nuevo que un candidato busque por tercera vez la Presidencia
(Cárdenas lo hizo en 1988, 1994 y 2000), pero sí lo es que, al inicio de la carrera hacia el poder, todas las encuestas otorguen a López Obrador una apreciable ventaja en la intención de voto.
Inédita será, si llega el caso, la participación de candidatos presidenciales sin partido, llamados de equívoca forma “independientes”. Puede ser que dos cumplan el doble requisito del número de ciudadanos que respaldan su pretensión y la cobertura territorial
de esos apoyos, en al menos 17 entidades federativas.
Será la de 2018 la primera experiencia del INE en una elección presidencial y de renovación de las dos cámaras del Congreso de la Unión, y además como copartícipe en las elecciones locales de 30 entidades federativas, entre ellas, ocho para gobernador
y la de jefe de gobierno capitalino. Es otra situación inédita.
Solo que a la natural incertidumbre sobre los resultados de las elecciones, al iniciarse 2018 tenemos que agregar la incertidumbre sobre las capacidades
de las dos autoridades electorales –INE y TEPJF– para llevar a buen puerto la enorme nave que tienen confiada.
El Instituto Nacional Electoral se encuentra cada día más aislado y presionado, desde dentro y desde fuera; su presidente carece de las líneas de mando que le permitan dirigir la institución con fluidez y eficacia, y entre los consejeros la división trasciende los motivos técnico-jurídicos para verse cruzada –determinada– en no pocas ocasiones
por filias y fobias explicables por el patrocinio partidista original de cada cual.
Lo más preocupante es que el INE no logra despertar en la mayoría del electorado
la confianza que requiere la conflictividad y complejidad de sus tareas. Hay que decirlo: quienes lo dirigen muy poco han hecho para ganarla.
Algo similar ocurre con los magistrados de la Sala Superior del TEPJF, afectados por la beligerancia que en contra de varios de ellos desató la dirigencia del PAN, por las sentencias relativas a la elección de gobernador en Coahuila.
Al más puro estilo de lo que en 2006 los panistas le criticaron a López Obrador, ahora ellos han descalificado a la institución y a sus magistrados superiores.
Sumemos a lo anterior los inocultables conflictos de visión e interpretación entre los magistrados de la Sala Superior y los consejeros del Consejo General del INE, evidentes en casos como el de Coahuila o en el de las normas para lo que se denominó
“piso parejo”, revocadas en su totalidad por el Tribunal.
Iniciada la etapa de precampaña, las autoridades electorales –INE, TEPJF, OPLE, tribunales locales– no son factor de confianza, sino fuente de incertidumbre y conflictos.
No es que entre los mexicanos impere la costumbre de culpar al árbitro de lo malo que ocurre en la cancha, es que cuando el nazareno contribuye al pleito,
el juego seguramente irá mal y en la tribuna los ánimos se calentarán.
Para que las elecciones transcurran conforme dicta la ley, en paz y civilidad,
las instituciones electorales deben ser fuente de certezas y generadoras de confianza.
Aún están a tiempo de serlo.

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