Miércoles 13 de diciembre de 2017 11:57 pm
NOTA DE LA SEMANA

Editorial Octubre 2017

Solidaria pausa

El mismo día en que en 1985 un sismo inédito causó muerte y devastación, otra vez la naturaleza castigó a la Ciudad de México, así como a una extendida zona del centro del país. La tragedia se suma al flagelo previo sufrido
por Chiapas y Oaxaca, en donde miles de familias aún padecen los efectos del otro sismo, el de magnitud más fuerte en la historia conocida.
Por la dimensión de las pérdidas humanas y materiales, cabe hacer un llamado
a que en el proceso electoral que apenas se inició el día 8 del mes pasado, partidos, aspirantes a candidato y medios de comunicación hagan una solidaria pausa,
que permita a todos concentrar energía y recursos, públicos y privados, en la atención a las víctimas y la más pronta reparación de los daños materiales.
Es la hora de la solidaridad con quienes han sufrido la pérdida de familiares y amigos, o vieron desaparecer en minutos el patrimonio reunido en años de trabajo y sacrificios.
Voz y Voto expresa su fraternidad con todos los conciudadanos a quienes han golpeado los efectos de los sismos de septiembre y se une al reclamo de que los gobiernos, en sus tres órdenes, se dediquen a la atención oportuna, efectiva y eficiente de las familias que resultaron lastimadas.
La presente edición fue planeada para mostrar y analizar varios aspectos
de las nuevas tareas que al INE, como autoridad nacional electoral, le corresponderá realizar tanto en el ámbito federal como en los 30 procesos locales concurrentes.
Contamos con la colaboración de varios funcionarios del INE, quienes coordinan el vasto y complejo aparato electoral, en el que este año se prevé quedarán encuadrados alrededor de 25 mil funcionarios y empleados
permanentes, y otros 45 mil temporales.
A ese ejército electoral hay que sumar las tareas de coordinación del INE con otros miles de funcionarios y empleados de los institutos locales (OPLE),
a quienes tocan las tareas directas para la organización y desarrollo de los comicios locales en sus respectivas entidades federativas. Para hacer posible la coordinación fue necesario que el Consejo General aprobara, como primeras medidas
del proceso electoral, acuerdos para homologar plazos y unificar criterios de duración máxima de algunas etapas del proceso, como la precampaña.
Iniciado formalmente, esperemos que el proceso electoral de 2017-2018, conducido bajo las reglas y prácticas de las instituciones que configuran
nuestra anormalidad democrática, encuentre un rumbo positivo y pronto estemos escuchando y discutiendo proyectos y propuestas para dar cauce a la energía social y la participación ciudadana.
Que de la anormalidad democrática surjan los resultados que reflejen cabal y fielmente la voluntad ciudadana. Así ha sido antes.
Así deberá volver a ser.

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