lunes, agosto 20, 2018

Cuando los consejeros del INE dieron vuelta en U  y especificaron que en el periodo de intercampaña no podía haber debates entre precandidatos, las televisoras y cadenas de radio privadas, así como los conductores de noticieros y no pocos editorialistas de medios impresos pusieron el grito en el cielo. La libertad de expresión, el derecho a la información y otros derechos humanos habían sido vulnerados, atropellados, por la autoridad electoral.

Cuando los magistrados de la Sala Superior del TEPJF corrigieron la plana a los consejeros del INE y abrieron la puerta a los debates en el periodo de intercampaña, con tiempo más que suficiente para realizar varios (tanto en TV como en radio), entregaron una manzana envenenada, por la restricción de la Suprema Corte que, de manera infundada, igualó las obligaciones de los concesionarios de esos medios con los de la autoridad electoral, al imponer que a los debate convocados y difundidos por aquéllos debían ser invitados todos los precandidatos. Obligación similar se ha extendido para el periodo de campañas.

El resultado de tales acuerdos y sentencias es nefasto para los promotores e interesados en que haya más debates entre candidatos presidenciales, y también a otros cargos; no solo los 3 que el INE tiene previstos entre candidatos presidenciales.

Entre los promotores de más debates no cabe incluir a las televisoras o radiodifusoras privadas, ni a los equipos de campaña de dos de los candidatos presidenciales.

En efecto, después del estruendoso ruido que emitieron, por los acuerdos y sentencias en esta materia, tanto Televisa como TV Azteca han guardado discreto silencio y se han abstenido de promover debates adicionales a los anunciados por el INE.

Por su parte, López Obrador ha dicho que no aceptará más debates que los del INE, mientras que Ricardo Anaya declaró que solo acepta debates adicionales con aquél. José Antonio Meade ha retado a los dos anteriores a un debate sobre el origen de sus respectivos patrimonios personales y familiares, pero la única que aceptó el reto fue Margarita Zavala.

Todo apunta a que no habrá más debates que los 3 del INE.

El problema es que las promesas de un nuevo formato, “abierto, flexible, dinámico, interesantes”, como prometieron varios consejeros del INE, puede quedar en buenas intenciones ante la resistencia de los representantes de los candidatos presidenciales a admitir lo que propone la comisión especial de debates creada por los consejeros.

Tampoco parece haber acuerdo en los 3 conductores seleccionados para el primer debate, del domingo 22 de abril. Con independencia de las capacidades de los anunciados, el criterio para escogerlos parece ser el de cuotas y cuates. Uno para Televisa (Denise Maerker) , otro para TV Azteca (Sergio Sarmiento) y uno más para Milenio TV (Azucena Uresti).

Quizá la lección que los consejeros del INE tendrán que aprender de esta experiencia es que los protagonistas del debate  son los candidatos, a los que, les guste o no, corresponde el derecho de decidir formatos y conductores, y aceptar debatir.

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