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Voz y Voto Es una publicación especializada en política y elecciones. Su primera edición llegó a los lectores en marzo de 1993, lo que hace de Voz y Voto una revista única en su género, tanto en México como en América Latina.
¿SE VALE TODO? El 3 de mayo se inician las campañas electorales federales, cuyas principales novedades legales son la duración, reducida a 60 días por la reforma electoral, así como la aplicación integral, por vez primera, del modelo de acceso de candidatos y partidos a televisión y radio; a partir de ese día, aquéllos dispondrán de 41 de los 48 minutos diarios que la Constitución le asigna al IFE. En cinco estados y el Distrito Federal, con algunos desajustes de calendario, también comenzarán las campañas locales, en tanto que en cinco de los que renovarán gobernador (Colima, Campeche, Nuevo León, San Luis Potosí y Sonora) las respectivas campañas arrancaron el mes pasado. Difícil resulta encontrar antecedentes de un contexto tan complicado para el inicio de la contienda comicial; ni siquiera en 1994 –el año en que votamos en peligro – el clima político alcanzó el enrarecimiento que se observa hoy. Aunque éste no es de su exclusiva responsabilidad, cabe señalar al Partido Acción Nacional como el principal promotor y difusor de un estilo de campaña que amenaza con tensar al máximo las relaciones entre partidos, candidatos y autoridades, tanto electorales como gubernamentales. La guerra de acusaciones y denuestos contra el PRI que el PAN ha decidido emplear en su propaganda y en los discursos de sus principales dirigentes no solamente ha llevado las relaciones entre ambos partidos a un permanente choque, que afecta otros ámbitos, sino que ha colocado al IFE y al Tribunal Electoral ante la necesidad de imponer, y confirmar, sanciones pecuniarias y medidas cautelares de retiro inmediato de esa propaganda. El panismo ha reaccionado acusando –falsamente– a los consejeros electorales de alinearse con los intereses del partido ofendido. Es necesario recordar que las limitaciones a la propaganda partidista no fueron creadas por la reforma electoral de 2007-2008, sino introducidas hace más de una década en el Código comicial. Lo que hicieron los legisladores fue elevar a rango constitucional la limitación referida a denigración y calumnia, así como dotar al IFE de mejores instrumentos para hacer valer la norma. La reforma, de la que los legisladores del blanquiazul fueron promotores y a la que avalaron con su voto, no impide el ejercicio de la crítica por dura que ésta sea, como tampoco le impide al partido gobernante ufanarse de las acciones del Ejecutivo federal, como lo confirmó recientemente la Sala Superior del TEPJF. Pero entre la crítica y la injuria calumniosa existe una distancia imposible de pasar por alto. Afirmar, como lo ha hecho el PAN en su propaganda impresa, que una característica “del gobierno del PRI” es el narco – así, en presente – , y cubrir de injurias y calumnias a los priístas, utilizando además expresiones con tufo racista, dista mucho de ser parte del ejercicio de la crítica y la libertad de expresión. Es, aparte de una abierta violación a las normas que sus legisladores aprobaron, la siembra del odio cuyas consecuencias serán funestas para la convivencia política de hoy y mañana. Pretender que en política y campaña todo se vale es tirar a la basura la tradición de civilidad y responsabilidad que ha distinguido a cientos de dirigentes y legisladores panistas a lo largo de su historia. Sembrar de odio el terreno de la política hará que la cizaña sea el único fruto que los futuros diputados y los actuales gobernantes surgidos del blanquiazul cosechen. Cabe hacer un llamado a la rectificación de los dirigentes de Acción Nacional, así como dar un voto de respaldo a las decisiones que los consejeros y magistrados electorales han adoptado, o las que deban tomar, para imponer la vigencia y cumplimiento de la Constitución y la ley por todos los actores políticos involucrados en las campañas electorales. La libertad de expresión tiene límites, no puede ser invocada para injuriar y calumniar a los adversarios. No todo se vale. |