Voz y Voto en línea

Desde las disidencias

Género

Por: Cora Ruiz Tena*

La diversidad de movimientos y colectivas de mujeres en América Latina es tan dispar como la diversidad de luchas que enfrentan en sus respectivos activismos y en su día a día. En este sentido, sus agendas responden a esta pluralidad de mujeres, cuerpas1 e identidades2 que habitan las distintas comunidades, regiones y países de Latinoamérica. Sin embargo, todas estas luchas tienen puntos de encuentro: las defensoras de los derechos humanos y las lideresas de organizaciones coinciden en que sus agendas parten de la construcción colectiva y ponen en el centro la defensa de sus cuerpas y territorios.

Este artículo trata de abordar las agendas transversales de las mujeres e identidades no binarias de la sociedad civil como una invitación a cuestionarnos sobre su posibilidad de articulación. Para ello, se busca responder a las siguientes preguntas: ¿De qué hablamos cuando se nombran los feminismos latinoamericanos? ¿Cómo fue posible la mayor visibilidad de los movimientos de mujeres en la región? ¿Cuáles son algunos de los retos en la búsqueda de agendas transversales? Estas reflexiones nos pueden servir para incorporar la interseccionalidad en nuestro trabajo como sociedad civil.

En la investigación-acción que desarrollamos desde el proyecto sisa-Mujeres Activando3 de la organización regional Asuntos del Sur, junto a lideresas de la sociedad civil y organizaciones de mujeres en su diversidad, nos interpelamos si era posible generar agendas transversales entre mujeres de distintas etnias y lenguas, clase sociales, edades, identidades y lugares donde viven (rural, urbano o periferia). Desde 2018 trabajamos en cuatro países de la región (Argentina, Guatemala, Paraguay y la provincia de Esmeraldas, en Ecuador) y en 2019 ampliamos nuestra acción a Venezuela, México, Colombia y Brasil.

¿De qué hablamos cuando se nombran los feminismos latinoamericanos?

Los feminismos latinoamericanos y los movimientos de mujeres desde la sociedad civil están conformados por mujeres afrodescendientes, indígenas, mestizas, rurales, urbanas y de la periferia, lesbianas, trans y travestis. En este punto, es necesario contextualizar la construcción desde los feminismos decoloniales a los comunitarios, pasando por los feminismos afrolatinoamericanos que ponen en el centro las prácticas, conocimientos y saberes de las mujeres desde los Sures.

Si se hace un breve repaso general, las feministas decoloniales4 reivindican el papel de las mujeres como parte constitutiva de la historia latinoamericana colonial invisibilizado bajo el supuesto «sujeto universal masculino».5 Así, las categorías –género y raza– son consideradas una invención histórica colonial, inexistente antes de ese período. Por su parte, las feministas comunitarias6 comprenden que decolonizar el género implica romper con las relaciones de poder y el pacto entre los hombres colonizadores y los europeos, reconociendo que también hay una propia opresión de género en las culturas latinoamericanas pre-coloniales.

Focalizando en la historia de los feminismos negros en la región,7 se deben nombrar los de las redes migratorias para llegar a los latinoamericanos (de las negras, palenqueras y raizales). Y también encontramos los movimientos afro en el Caribe, además de los afro decoloniales8 y antirracistas que dan cuenta de la construcción sociocultural e histórica de la triple opresión: género, raza y clase social.

Desde los últimos años, las reivindicaciones y la agenda de la diversidad sexual entra con mucha fuerza en los feminismos y con ello se instala en la agenda de las mujeres e identidades no binarias de la sociedad civil, que históricamente estuvo más ligada a las demandas y organizaciones que son parte de la comunidad lgtttbiq+,9 donde los varones homosexuales tradicionalmente han ostentado el poder.

De esta forma, el paradigma de la interseccionalidad10 va tomando fuerza en la confluencia e interrelación de los movimientos de la periferia, urbanos, rurales, indígenas, afrodescendientes, académicos, de las trans y travestis, del movimiento lésbico-feminista, de las estudiantes y las jóvenas, las trabajadoras, las feministas migrantes, entre otras colectivas. Autoras como Angela Davis entienden la interseccionalidad en los feminismos como el reconocimiento de la complejidad e interrelación de las identidades que implica, necesariamente, comprender la diversidad de las luchas de las mujeres que buscan la justicia social, de género y antirracista.

¿Cómo fue posible la mayor visibilidad de los movimientos de mujeres en la región?

Uno de los factores para entender por qué es posible que estas luchas permanezcan en el epicentro es el amplio movimiento de mujeres que se ha ido gestando desde América Latina para el mundo. En 2015, el «Ni Una Menos» argentino se puede considerar un punto de inflexión de esta nueva etapa, ofreciendo respuestas políticas colectivas, poniendo en el centro las violencias machistas y la incapacidad del Estado para dar respuesta a un grave y profundo malestar social. También significó la ampliación de los feminismos con la entrada masiva de muchas jóvenas y adolescentes habitando el espacio público con sus cuerpas. Dora Barrancos hace alusión a este fenómeno de masividad utilizando la metáfora de que se rompió la capilla sixtina del feminismo. Y además, las jóvenas muestran nuevas formas de ocupar las calles que transgreden con lo tradicional. Diana Maffía lo define como una nueva manera de habitar el espacio público y lo ve como una «disrupción generacional».

Rápidamente surgieron réplicas en la región como el «Vivas Nos Queremos» mexicano de 2016. En Guatemala, el incendio que mató a 41 niñas que vivían en un hospicio fue motivo para que las mujeres se movilizaran.11 En Nicaragua, las defensoras de derechos humanos con el lema #PicoRojo se pintaron los labios de rojo como una nueva forma de protesta contra la represión y la grave situación de derechos humanos en el país (cenidh, 2020).

En Brasil, las mujeres se movilizaron frente a la llegada de Bolsonaro a la presidencia y también se gestó un movimiento que lucha por justicia ante el feminicidio de Marielle Franco. La agenda transversal de 2018 en Argentina por el aborto legal, seguro y gratuito,12 más allá de ideologías políticas, clases sociales e intergeneracional, contagió gran parte de Latinoamérica. En Chile, fueron las estudiantes quienes iniciaron un proceso de toma en colegios y universidades. Los Paros Internacionales de Mujeres de 2016 a 2019 sirvieron para alimentar, visibilizar y conectar todas estas experiencias.

En 2019, la lucha de las mujeres en México hizo historia con la incorporación de la paridad en todos los niveles de Gobierno. Después vino el estallido social en diversos países de América Latina donde ellas tomaron las calles con mucha fuerza. En Ecuador y Bolivia, las mujeres indígenas fueron las protagonistas de las movilizaciones. También en Chile las mujeres estuvieron a pie de lucha: la instalación artística de Las Tesis, «Un violador en tu camino» traspasó fronteras y, a su vez, las mujeres, con el protagonismo de muchas colegas de la Red de Politólogas, militaron por la paridad en la reforma constitucional. Distinto fue en Argentina, donde el Frente para Todes consiguió ofrecer una alternativa para la ciudadanía. Por primera vez, en el país y en la región, hay un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, además de la incorporación de feministas en el gobierno.

Este proceso de múltiples y simultáneas luchas de la región fue amplificando las voces feministas, demostrando su capacidad de generar agendas con un alto nivel de exposición pública, potenciadas por las redes digitales y movilizaciones en las calles. Incluso, hay autoras13 –con las que comparto posición– que consideran que no podemos hablar de una nueva «ola» del feminismo (metáfora con la que se alude a los distintos hitos de los feminismos).

En estos últimos años se recuperan y emergen construcciones colectivas que muestran otras formas posibles de hacer política, tanto por sus estrategias y narrativas, como por su manera de habitar la política y su irrupción en lo público. Se usan nuevos canales de información y difusión, se consolida el periodismo feminista, autogestivo e independiente. Se dirimen los conflictos, se articulan y tejen alianzas entre activismos y colectivas como estrategias innovadoras de construir política democrática más amplia y plural, más horizontal y territorial, que deja muchos aprendizajes desde los Sures.

Las prácticas políticas de la diversidad de mujeres latinoamericanas y sus múltiples formas de organización y de acción en el ámbito público –no necesariamente ligada al Estado– las constituye como sujetas políticas con voz y acción para la transformación democrática. Esta presencia de las mujeres como actoras políticas todavía no se traduce en una representación política en los puestos de toma de decisiones. Tal como se evidencia en los parlamentos latinoamericanos, según datos de oig14 de 2019, el promedio en la región se encuentra en el 31.6%. Sin embargo, sí que se puede afirmar que este mayor protagonismo ha contribuido a reforzar los debates en torno a las violencias machistas y a las desigualdades de acceso al poder político y público.

Este 2020, de tiempos de pandemia, ha puesto al descubierto el agravado de las desigualdades históricas que existen en América Latina, el aumento de las violencias de género en el contexto de encierro en las casas, así como también se están poniendo en el centro la vida y los cuidados de las personas enfermas, adultas, niños y niñas. Tareas que todavía sostienen las mujeres y que, en esta coyuntura, no ha hecho más que aumentar sus jornadas de trabajo, desapareciendo los límites entre el ámbito doméstico y el público. Además, empiezan a visibilizarse los debates sobre el autocuidado y la salud mental en torno a los cuales seguramente girarán las agendas de las mujeres de la sociedad civil.

¿Cuáles son algunos de los retos en la búsqueda de agendas transversales?

Retomando la pregunta inicial planteada sobre si es posible generar agendas transversales entre diversidad de mujeres e identidades no binarias, nuestra respuesta es que no podemos hablar de agendas transversales ya que sus luchas son tan diversas como su pluralidad de etnias, lenguas y culturas. Estas diferencias de luchas a menudo merman las posibilidades de construirlas. Aura Cumes (2009),15 mujer maya kaqchikel activista e investigadora, advierte que una de las problemáticas es que algunas vertientes del feminismo consideran que, por el hecho de ser mujeres, deberían tener los mismos reclamos y luchas contra el patriarcado. En América Latina, las mujeres blancas tuvieron una relación con las indígenas y afrodescendientes de servidumbre: de propietaria-esclava a matrona-sirvienta a señora-muchacha, relación que –en ocasiones más invisibiliza– se mantiene en la actualidad.

Por lo tanto, para acortar las brechas que actualmente existen entre las situaciones y posiciones de poder diferenciadas en que se encuentran las mujeres, desde los movimientos se debe dejar el lugar y el protagonismo que corresponde a las mujeres indígenas y afrodescendientes que afirman que ciertas corrientes feministas todavía están muy alejadas de los territorios y de sus necesidades específicas. Por ende, se concluye que es necesario que la construcción de agendas transversales parta de la premisa de que, sin interseccionalidad, no es posible tejer redes entre mujeres diversas y disidencias sexuales.


1 En este artículo, para hacer referencia al término «jóvenes» y «cuerpos» se usa el concepto «jóvenas» y «cuerpas» para feminizar el léxico como identidad política.

2 Conceptos acuñados por Lorena Cabnal.

3 Estas reflexiones son parte del proceso de aprendizaje de estos dos años de trabajo junto al equipo “sisa” (Georgia Rothe y Sofía Castro Mariel); debates e intercambios que compartimos junto a lideresas de la sociedad civil de América Latina. Quiero agradecer especialmente a mis colegas Sofía Castro Mariel y Xóchitl Curruchiche, con quienes compartimos estas inquietudes.

4 Algunas de sus representantes son María Lugones y Catherine Walsh.

5 Según la corriente de pensamiento de la diferencia sexual, el «sujeto universal masculino» hace referencia a la organización dominante del sujeto de la historia, discurso y pensamiento donde éste es un hombre y se declara universal, representando todo lo que significa la humanidad. En esta epistemología naturalizada del sujeto universal como varón, las mujeres quedaron invisibilizadas del conocimiento que a lo largo de la historia se ha producido en nombre de la supuesta universalidad. En este sentido, las mujeres se sienten incluidas en el masculino, cuando únicamente se refiere a los varones (Margarita Pisano, 2001).

6 Entre las que podemos destacar a Silvia Rivera Cusicanqui, Julieta Paredes, Lorena Cabnal y Rita Segato.

7 Algunas de sus máximas exponentes: Suely Carneiro, afrobrasileira, es una de las feministas negras más importantes de América Latina, y Betty Ruth Lozano Lerma, afrocolombiana, que reivindica la existencia, los saberes, conocimientos y aportes de las mujeres afro palenqueras y raizales.

8 Algunas de las más representativas son Ochy Curie, afrocaribeña, Lélia Gonzáles, afrobrasileira y Yuderkys Espinosa, afrocaribeña.

9 Lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexual, intersexual, queer y demás identidades y expresiones disidentes.

10 El concepto de interseccionalidad fue acuñado por Kimberlé Crenshaw (1991) en el contexto del black feminism de la década de los ‘90 en Estados Unidos, elaborando un enfoque que integra el sexismo, la norma heterosexual, el racismo y la explotación capitalista. La intersección de estas identidades en las mujeres da cuenta de las múltiples estructuras de opresión del entorno social, cultural, económico, político, legal e institucional que potencian las vivencias de violencias y discriminación.

11 Ruiz Tena, Cora (2020). Tejiendo mujeres, trenzando luchas. Los obstáculos de la participación política de la diversidad de mujeres en Guatemala. Asuntos del Sur en colaboración con Las Poderosas. Disponible en:

https://asuntosdelsur.org/tejiendo-mujeres-trenzando-luchas-los-obstaculos-de-la-participacionpoliticade-la-diversidad-de-mujeres-en-guatemala/

12 Ruiz Tena, Cora y D’Alessandro, Mercedes (2019). La innovación política desde los feminismos. Estrategias de incidencia para la legalización del aborto en Argentina. Asuntos del Sur en colaboración con Economía Femini(s)ta. Disponible en: https://asuntosdelsur.org/la-innovacion-politica-desde-los-feminismos/

13 Stephanie Rivera Berruz, Cinzia Arruzza y Danila Suárez Tomé, entre otras.

14 Datos extraídos del Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal). Disponibles en: https://oig.cepal.org/es/indicadores/poder-legislativo-porcentaje-mujeres-organo-legislativo-nacional-camara-baja-o-unica

15 Cumes, Aura. (2009). Multiculturalismo, género y feminismos: mujeres diversas, luchas complejas. En Pequeño, Andrea (Comp.). Participación y políticas de mujeres indígenas en contextos latinoamericanos recientes (pp. 29-52).


Politóloga experta en género y juventudes. Directora del proyecto sisa-Mujeres Activando de la organización regional Asuntos del Sur. Es parte de la Red de Politólogas.

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