AMÉRICA LATINA

Ecuador 2021: La salud de la democracia también es importante

La Constitución de la República del Ecuador establece la renovación del Poder Ejecutivo, la Asamblea Nacional, así como las y los representantes ante el Parlamento Andino cada cuatro años[1]. De esta manera, el año 2021 correspondía a las y los ecuatorianos elegir nuevas autoridades nacionales. Para dar cumplimiento a lo anterior, el Consejo Nacional Electoral (CNE) convocó a las Elecciones Generales, previstas para los días 7 de febrero y 11 de abril, en caso de ser necesaria una segunda vuelta presidencial[2]. Estos comicios constituyeron un enorme reto para la institución, que tuvo la responsabilidad de planificar y ejecutar elecciones en el marco de una triple crisis: económica, social y sanitaria.

Desde finales del año 2019 y hasta los primeros meses del 2020, la autoridad electoral  trabajó en la planificación de los comicios del 2021. Los preparativos de la elección se dieron en un contexto de medidas económicas de austeridad, a raíz de la caída del precio del petróleo (principal rubro de ingresos). De esa manera, el trabajo del CNE se volvió más desafiante, debiendo respaldar técnicamente cada línea presupuestal para cumplir con su labor: garantizar la celebración de elecciones transparentes y confiables.

El 12 de marzo de 2020, la autoridad electoral aprobó la planificación, el cronograma y el presupuesto para las Elecciones Generales 2021. Cinco días después, el 17 de marzo de 2020, marcó el inicio del confinamiento total en Ecuador a causa de la pandemia de la COVID-19 que azotaba al mundo, así como también el inicio del reto más grande que el órgano electoral ecuatoriano ha enfrentado en toda su historia. El primer paso fue volver a planificar las Elecciones Generales, bajo las nuevas reglas que el distanciamiento social y la crisis sanitaria impusieron a la sociedad ecuatoriana en su conjunto.

El órgano electoral y el gobierno central sostuvieron un intenso pero enriquecedor debate sobre el lugar que le corresponde a los derechos de participación política de la ciudadanía, cuando su derecho humano de acceso a la salud, podría estar en juego. Fruto de largas jornadas de debate, de crítica y autocrítica, se determinó que el deber esencial del Estado era proteger la salud de la democracia ecuatoriana, garantizando a su vez que las y los ecuatorianos puedan ejercer su voto de manera segura. Es decir, las elecciones no podían ser retrasadas y mucho manos canceladas.

Así nació un nuevo plan operativo, que privilegió los formatos digitales, sin perder de vista que, en 2019, solo el 45,5% de hogares ecuatorianos contaba con acceso al internet. La migración de varias de las tareas esenciales del período electoral al mundo digital, conllevó además a la modificación de rubros presupuestarios.

De esta forma, el CNE llevó a cabo una transición sin precedentes, pero oportuna, al mundo digital, habilitando el uso de tecnologías para procedimientos del calendario electoral que antes eran llevados a cabo exclusivamente de manera presencial, como son los siguientes:

Cambios de domicilio: las solicitudes para cambiar el lugar donde cada persona ejerce el derecho al voto fueron recibidas por correo electrónico. Esto permitió dejar de lado las tradicionales “campañas masivas” por ser atentatorias a la política de distanciamiento social decretada por el gobierno central. De esta manera, se lograron tramitar más de 58.000 solicitudes tanto del territorio nacional como del exterior.

Democracia interna de las organizaciones políticas: por primera vez el acompañamiento, veeduría, validación y desarrollo de los procesos de primarias para seleccionar las candidaturas dentro de las organizaciones políticas se dio por vía telemática. Lo anterior permitió al CNE acompañar 66 procesos de democracia interna, tal como lo determina la ley electoral ecuatoriana[3].

Padrón electoral: mediante el sitio web del CNE, la ciudadanía pudo consultar el registro  electoral, tanto activo como pasivo[4]. La transición a medios virtuales permitió que la ciudadanía efectuara 9’469.247 consultas en el período comprendido entre el 01 al 19 de junio de 2020.

Inscripción de candidaturas: las organizaciones políticas contaron con una página web exclusiva que les permitió, por primera vez, realizar todo el proceso de inscripción  de candidaturas totalmente en línea.  A través de este portal se atendieron 743 formularios de inscripción de las organizaciones políticas y alianzas electorales para las elecciones generales de 2021.

Consejos consultivos: en Ecuador existe la disposición legal de contar con espacios de diálogo entre las autoridades electorales y las organizaciones políticas, donde se busca un intercambio respetuoso, fundamentado y técnico, tanto de las decisiones que les competen a los órganos de la función electoral, así como de la normativa que debe ser aprobada. En el contexto de la pandemia, las herramientas digitales permitieron llevar a cabo seis encuentros y una mesa técnica, lo que permitió que todos los partidos y movimientos políticos nacionales y provinciales participen de manera inclusiva, efectiva y ordenada.

Miembros de juntas receptoras del voto: la conformación de las bases de datos de posibles integrantes de juntas receptoras del voto, dentro de los cuales destacaron las y los jóvenes universitarios ecuatorianos, así como su selección, notificación y posterior capacitación se dio en buena parte a través del mundo virtual, aprovechando la denominada “natividad digital[5]”.

Considerando que, como se relató en párrafos anteriores, la brecha digital en el Ecuador sigue siendo muy amplia, la mayoría de estos servicios se ofrecieron de manera híbrida, es decir, tanto de manera presencial en las oficinas del CNE con los protocolos de bioseguridad correspondientes, como a través de distintas plataformas digitales. De esta manera, el CNE precauteló que la ciudadanía ecuatoriana ejerza de manera plena sus derechos constitucionales y legales dentro de un marco sanitario óptimo.

Con respecto a la jornada electoral, el CNE, en conjunto con el ente rector del manejo de la crisis sanitaria en el Ecuador, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE), con la asesoría de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP), diseñó dos protocolos sanitarios[6] de cara a la campaña electoral y el día de los comicios, tomando como base la experiencia de otros países en la celebración de elecciones en pandemia, así como las guías elaboradas por organismos internaciones como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Unión de Organismos Electorales (UNIORE).

El primero, denominado “Protocolo para evitar la propagación de la COVID-19 durante la campaña electoral” tuvo como fin garantizar que las campañas políticas se desarrollen de manera efectiva pero segura. Este protocolo estableció distintos lineamientos, entre ellos, restricciones para el  desarrollo de concentraciones, entre los que se orientaba a los partidos políticos a evitar saludos entre simpatizantes, coidearios y ciudadanía de manera física (apretones de manos, abrazos, etc.) Asimismo, dispuso que las caravanas se realicen en caminatas y en vehículos automotores con un número limitado de personas en su interior; siempre y cuando estas no se detengan en ningún momento, para evitar así el incumplimiento del distanciamiento social.

El segundo fue el “Protocolo general para la prevención de la propagación de la COVID-19 en el proceso electoral” que delimitó las acciones a adoptar por parte de la ciudadanía, las y los funcionarios electorales, las personas que integrarían las juntas receptoras del voto, las y los observadores nacionales e internacionales, los delegados de las organizaciones políticas, la fuerza pública, candidatos, medios de comunicación e incluso los comerciantes que tradicionalmente realizan actividades fuera de los recintos el día de la elección.

Este protocolo determinó, entre otras cosas, los implementos que los miembros de junta receptora del voto debían recibir por parte del CNE a través de un “kit de bioseguridad” mismo que se compuso de mascarillas, alcohol gel, visor facial y toallas desinfectantes. También dispuso la periodicidad y proceso de desinfección de las mesas de votación y los biombos, que en esta ocasión (y por primera vez) fueron elaborados con plástico, para permitir su desinfección y alargar su vida útil. Adicionalmente, el protocolo estableció que únicamente las personas habilitadas para votar en ese recinto estarían facultadas  a ingresar, y que debían formar una columna frente a su junta receptora del voto manteniendo siempre la distancia de dos metros, y salir de manera inmediata una vez emitido el sufragio.

Durante la jornada del 7 de febrero, todos estos mecanismos se pusieron por primera vez a prueba. La primera vuelta sirvió como laboratorio para evaluar el diseño y puesta en marcha de estas políticas públicas. Para la segunda vuelta del 11 de abril, el CNE identificó áreas de mejora y se corrigieron varios aspectos de la organización electoral.

En síntesis, el proceso electoral de 2021 en Ecuador se caracterizó por una paz social nunca antes vista. Las vergonzosas pero frecuentes quemas de urna, toma de recintos e incluso secuestro de funcionarios electorales quedó en el pasado; la inmediatez y continuidad en la disponibilidad de la información permitió que el Ecuador viva una fiesta democrática en todo su sentido, en la que los índices de participación igualaron a procesos anteriores, a pesar de vivir un contexto de pandemia y un miedo generalizado a las actividades que involucran concentraciones.

¿Pero cómo entender esta relativa tranquilidad que vivió el Ecuador? La respuesta radica en la apertura y la transparencia con que los órganos de la función electoral manejaron la planificación y ejecución de los comicios. Del lado de las organizaciones políticas, toda la normativa secundaria (reglamentos, protocolos, manuales, etc.) fue puesta en consideración y previo a su aprobación se incorporaron las observaciones y requerimientos que estas tuvieran.

Desde la ciudadanía, la clave radicó en un proceso comunicacional intenso que abarcó desde la digitalización de los servicios electorales, pasando por las normas de bioseguridad, y la transparencia en cada etapa, llegando incluso a transmitir en vivo los recuentos de votos que tuvieron lugar en cada una de las provincias.

Finalmente y no menos importante, durante el 2021, el pueblo ecuatoriano evidenció una novedosa pero esperanzadora madurez política y una renovada confianza en sus instituciones. La confianza ciudadana no ha sido depositada en las instituciones por una casualidad, sino que es el resultado de una gestión electoral eficiente, transparente y participativa, que se enfocó en cuidar la salud de los ciudadanos y la salud de la democracia.


[1] Constitución de la República del Ecuador, Artículos 118, 144. Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas de la República del Ecuador, Código de la Democracia, Artículo 84.

[2] Conforme lo dispone el Art. 143 de la Constitución de la República del Ecuador, en la elección presidencial gana en primera vuelta el binomio que alcanza la mayoría absoluta de votos, o bien aquel que consiga cuarenta por ciento de los votos válidos y una ventaja de diez puntos sobre el binomio que ocupa el segundo lugar.

[3] Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas de la República del Ecuador, Código de la Democracia, Artículo 345

[4] El padrón pasivo es el listado de las y los ciudadanos que no han ejercido su derecho al voto en las cuatro últimas elecciones; y, que durante ese período, no han realizado ningún trámite ante las dependencias del Consejo Nacional Electoral.

[5] Según Mark Prensky la natividad digital es una característica que poseen las personas que han crecido con tecnología avanzada, conocen el terreno de un mundo interconectado y globalizado y se mueven cómodamente en ella.

[6]http://portal.cne.gob.ec/es/ecuador-debate-2021/2-uncategorised/5475-protocolo-bioseguridad-elecciones-2021

 

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