PROCESO ELECTORAL 2020 - 2021

El camino hacia las elecciones de 2021

Quizá como nunca antes, las elecciones intermedias de 2021 tendrán una relevancia política, económica, social e incluso académica y mediática equiparable a las que normalmente tienen los comicios presidenciales.  

Y es que más allá de ser las más grandes y complejas de nuestra historia, de tener el mayor número de potenciales votantes y de haberse organizado en medio de una pandemia y de una notable polarización; el compromiso que ha mostrado la ciudadanía con el método democrático en estos tiempos del Covid, los ataques y amenazas que desde el poder se han vertido sobre el árbitro electoral, la afortunada irrupción de la diversidad en la representación política y, el hecho de que en estas elecciones la ciudadanía tendrá la oportunidad de decidir si refrenda el modelo presidencial de mayoría o si se regresa al esquema de los gobiernos divididos, hacen que estas elecciones sean particularmente sobresalientes.

En ese sentido y a unos cuantos días de la gran elección, quisiera compartir con ustedes, lectores y lectoras de Voz y Voto, los que desde mi punto de vista han sido los mayores retos enfrentados previamente a la jornada electoral.

No obstante, y antes de entrar al tema de los desafíos, quisiera detenerme un momento para hacer un comentario, acaso emocional o de reconocimiento, que tiene que ver con el compromiso mostrado por la ciudadanía con su democracia (con esta democracia que, con aciertos, errores y mucha determinación hemos construidos varias generaciones de mexicanas y mexicanos).

Ha sido realmente muy emotivo ver cómo 48 mil ciudadanas y ciudadanos en funciones de Supervisoras y Capacitadoras Electorales del INE, mostrando una valentía y un entusiasmo que no podemos dejar de reconocer y, simplemente dotados de mochilas, chalecos, caretas, cubrebocas y líquidos sanitizantes- rompieron la parálisis generada por el Covid, y con una asombrosa determinación le abrieron camino a esta enorme elección.

Ellas y ellos han sido quienes en plena pandemia han recorrido a pie nuestra muy amplia, diversa y accidentada geografía nacional para ubicar los espacios adecuados para instalar las casillas; quienes visitaron casa por casa a nuestros vecinos y vecinas para invitarles y convencerles de aceptar fungir como funcionario o funcionaria de casilla y, quienes posteriormente, han realizado las tareas de capacitación.

Creo entonces que ese primer paso, más la notable respuesta de alrededor de un millón y medio de personas que aceptaron participar como presidentes/as, secretarias/os y escrutadoras/es en las mesas de casilla, puede considerarse como uno de los más grandes episodios en materia de cultura cívica democrática de nuestra historia; más aún, cuando todo esto ha sucedido mientras el Covid sigue ahí, mientras el discurso y la actividad política se ha polarizado y, mientras se ha expuesto una feroz campaña de desprestigio que ha pretendido generar animadversión y desconfianza en el órgano electoral.

Resulta, insisto, muy grato, ver y percibir este espíritu democrático de la ciudadanía.

Con este comentario como antecedente, ahora si me referiré a los desafíos a los que este inédito contexto nos ha enfrentado y que trataré de resumir en 5 puntos.

Primero. La complejidad técnica, logística y operativa que significa hacer unas elecciones tan grandes como estas, sobre todo por las condiciones políticas y sanitarias que se han presentado, ha requerido de una mayor movilización, coordinación, comunicación y construcción de confianza entre el INE y la ciudadanía y, todo esto, reforzado con un ingrediente fundamental: la precisión en el desarrollo de las tareas.

Nunca nadie ha hecho o intentado una operación de este tamaño. 

Para muestra un ejemplo. Capacitar a millón y medio de personas para que éstas se coordinen el día de la jornada electoral tanto para instalar las casillas, recibir la votación, cuidar la jornada, contar los votos y sobre todo, llenar las actas (que es algo fundamental para la alimentación del PREP y los resultados electorales) es una tarea que requiere de mucha precisión, de realizar ejercicios previos, de hacer simulacros, y eso es algo en lo que las y los ciudadanos en coordinación con el personal técnico y profesionalizado del INE hemos trabajado intensamente con la finalidad de que el próximo 6 de junio, la ciudadanía pueda ejercer su voto secreto, libre y directo en las mejores condiciones y para que ese día pueda contar con las tendencias de los resultados de las elecciones.

Por fortuna esa participación colectiva en medio de todas esas vicisitudes nos demuestra que, de nueva cuenta, la ciudadanía ha tomado las elecciones en sus manos, contribuyendo con ello a sostener y fortalecer nuestra democracia.

Segundo. Pero el INE no solamente organiza elecciones. También fiscaliza el origen, uso y destino de los recursos; administra el tiempo de radio y televisión que le corresponde a los partidos políticos y a las autoridades electorales; monitorea las campañas políticas, vigila que la pauta de los promocionales de radio y televisión se cumpla y, sobre todo, arbitra las contiendas. 

Pues bien, la polarización y las descalificaciones al INE han sido factores que han colocado al árbitro electoral en el centro de las críticas, de las acusaciones y de las más duras presiones y es que -hay que decirlo- ha habido claros intentos de desacreditar al INE y su función fiscalizadora y arbitral.

Así entonces, quienes integramos el Consejo General -máximo órgano de decisión-, debemos hacer uso de la templanza y de la prudencia y asumir, con toda claridad, que no podemos caer en ninguna provocación, y, sobre todo, que no debemos distraernos con los ataques y las declaraciones de la política y, que no nos podemos dejar presionar.

En consecuencia y, teniendo siempre en cuenta que, si bien no somos un poder, sí somos la autoridad constitucional que tiene la obligación de hacer cumplir la Constitución y la ley, lo que debemos seguir haciendo es mantener el equilibrio, la ecuanimidad, pero sin confundir la prudencia y la neutralidad con el miedo a marcar las faltas cuando sea necesario. 

Como se ha visto, el INE ha sacado y seguirá sacando todas las tarjetas amarillas y rojas que, desde nuestra lectura del Derecho, sean necesarias para que la contienda electoral se lleve a cabo en las condiciones de certeza y equidad que exige la Constitución. Siempre, eso sí, con la claridad de que cualquier determinación que asumamos puede ser revisada por una instancia distinta a nosotros y, que esa instancia, el Tribunal Electoral tendrá la última decisión, la cual acataremos siempre.

Tercero. Si las elecciones de 1979 representaron el advenimiento de la pluralidad en la representación política, es probable que en un futuro las elecciones de 2021 sean recordadas como aquellas que le abrieron la puerta a la representación política de la diversidad social mexicana.

En estas elecciones el INE ha estableciera una serie de criterios para aterrizar las acciones afirmativas con la finalidad de incorporar a las candidaturas y a l representación política a personas residentes en el extranjero, indígenas, afromexicanas, con discapacidad y de la diversidad sexual, observando en todo momento el principio de paridad de género.

Asimismo, en cumplimiento a una sentencia del TEPJF, se establecieron las condiciones para realizar la prueba piloto que permitirá que en 2024 todas las personas en situación de prisión que no hayan sido sentenciadas, puedan votar.

Cuarto. En un fenómeno que llegó para quedarse con la proliferación de canales de comunicación en la sociedad red, el INE ha buscado fortalecer el combate, contención y respuesta a las noticias falsas, estrategias de manipulación y provocaciones, con campañas de comunicación y pedagogía electoral.

Este es quizá el mayor reto de todos porque no solo se trata de explicar a la ciudadanía cuáles son sus derechos y cómo es que se desarrolla paso a paso el proceso electoral, sino, además, de combatir de forma directa la información falsa que se publica y de puntualizar y esclarecer a la ciudadanía, en lenguaje claro, las razones de las decisiones tomadas por la autoridad electoral, sobre todo cuando los temas son parte del debate público.

Quinto. Generar información y un estado de ánimo favorable a acudir a las urnas en tanto que existe un protocolo de seguridad sanitaria bastante riguroso, elaborado en coordinación con un grupo de expertos, que busca proteger la salud de las personas en lo individual y en lo colectivo. Aprovecho este espacio para agradecer infinitamente el acompañamiento al INE de ese grupo de expertos integrado con mujeres y hombres que de forma honorífica coadyuvan para la recreación de la democracia y el cuidado de la salud. 

Termino diciendo que independientemente de la idea, juicio o percepción que cada persona ciudadana tenga respecto de la oferta política de los partidos y del sistema electoral vigente, lo más importante, en clave democrática, es que todas y todos vayamos a las urnas y actuemos, invariablemente, con arreglo a lo que establece la Constitución y la ley.

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