AMÉRICA LATINA

Cuba y la conquista de los derechos políticos-electorales

Agosto 06, 2021 | Por: Jesús Delgado Valery

El pasado 11 de julio se registraron protestas masivas, de manera simultanea, en decenas de localidades de Cuba. Fueron, de acuerdo a especialistas, las más grandes desde la llegada de denominada “Revolución”. En una región con un alto grado de descontento social y en la cual las manifestaciones están a la orden del día, el estallido social de Cuba llamó poderosamente la atención.

Seguramente las y los lectores estarán advertidos de que en Cuba hay una dictadura, y que una de sus características es haber secuestrado los derechos políticos de sus ciudadanos y ciudadanas. Esto es un rasgo que comparten las dictaduras, aunque se expresa de manera diferente dependiendo del caso específico.

Contextualizar las protestas en el marco del tipo de régimen es necesario para dar cuenta de las razones del descontento en la isla y sobre todo, de cómo las autoridades “resolvieron” dicho estallido. En Chile, una de las democracias más fuertes de la región, podemos decir (corriendo el riesgo de simplificar) que las protestas por el aumento en el precio del metro (o subte) terminaron en la elección de una asamblea nacional constituyente; mientras en Colombia, a partir de las masivas manifestaciones, el gobierno debió dar marcha atrás con una reforma fiscal; y en el caso de Ecuador podemos decir que se dio un fenómeno parecido, pero por el aumento del precio del combustible. Sin embargo, en las dictaduras como Cuba, Venezuela o Nicaragua, los y las ciudadanas no pueden ejercer sus derechos políticos y, en específico el de la manifestación, sin correr el grave riesgo de ser criminalizados, perseguidos, encarcelados y asesinados.

De manera muy breve, podemos decir que la movilización masiva el pasado 11 de julio fue catalizada por una serie de condiciones coyunturales, como la escasez de alimentos y medicinas, la saturación del sistema de salud en el medio de la mayor ola de contagios por COVID-19 registrada hasta ahora, los cada vez más frecuentes cortes en el suministro eléctrico, y en general la pauperización de las condiciones de vida de las y los cubanos.

Asimismo, las consignas que coreaban las y los manifestantes apuntaban al sistema profundamente autoritario del que son víctimas. Es decir, que identificaban a los gobernantes y específicamente al Presidente Díaz Canel y la cúpula del PCC como los responsables de esta situación.  Es por ello que a la par de demandar mejores salarios, el cese de los cortes de energía o mayor acceso a los bienes de consumo básico exigían la salida de los gobernantes, bajo el lema de “Díaz Canel singao”, “libertad”, “no tenemos miedo” o el nuevo mantra que condensa todos sus reclamos, “Patria y Vida”, que se opone al histórico “patria o muerte” que tanto han repetido los jerarcas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

La población de Cuba tiene más de 60 años siendo víctima de la violación sistemática de sus derechos fundamentales, y en esta columna me quisiera detener específicamente en sus derechos políticos, y llevar el debate no a un terreno ideológico, que hace su tratamiento problemático, sino al de los derechos humanos.

Si estás leyendo esto, es porque vives en un país en el que existe la libertad de expresión y por lo tanto puedes acceder a las fuentes de información de tu preferencia, y no solamente a las que decida el partido gobernante. También supongo que cuando no estás de acuerdo con las decisiones o las acciones de tus gobernantes, puedes votar por un partido alternativo al oficialismo, y de esa manera conseguir una alternancia en el poder que es, ultimadamente, un mecanismo de rendición de cuentas. Es decir, te permite castigar los malos gobiernos y en caso de que sean buenos, premiarlos a través del sufragio.

También supongo que cuando castigas a los malos gobernantes lo haces a través del voto secreto. Esto garantiza que las autoridades no puedan tomar represalias por tus opiniones críticas, y que se esfuercen al máximo por cumplir con tus expectativas y la del resto del electorado.

Imagino que si no encuentras alguna organización política que represente tus intereses o inquietudes, puedes reunir las voluntades suficientes para, junto a un grupo de ciudadanos y ciudadanas que compartan tus convicciones, constituir un partido político que se convierta en una alternativa de poder. Probablemente una vez que conformes esta organización cuentes con apoyo del Estado para financiar la capacitación de los militantes, así como la campaña electoral en la que puedas competir.

Todos estos derechos que ejerces están contemplados en distintos instrumentos internacionales que tienen como base la dignidad inherente al ser humano. Parten de la premisa de que los hombres y las mujeres tienen derechos por el solo hecho de ser quienes son, independientemente de su condición social, económica, su nacionalidad, orientación sexual, etnia, religión, etc.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, o el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, son algunos de los tratados que nos protegen a ti y a mí, y que consagran nuestro derecho a participar en los asuntos públicos de nuestros países. A elegir (a través del sufragio universal, secreto y directo) y ser electos en los distintos niveles de gobierno; a agruparnos y constituirnos en organizaciones con fines políticos; a manifestarnos pacíficamente cuando no estamos de acuerdo con las medidas tomadas por nuestros gobernantes; así como a acceder a distintas fuentes de información, etc.

Todos estos derechos que damos por sentados les han sido arrebatados a las y los cubanos. Desde hace más de 60 años no pueden escoger a sus gobernantes, ni acceder a fuentes plurales de información, ni organizarse en organizaciones o partidos políticos que puedan competir en elecciones libres y justas.

Así se vota en Cuba” es una investigación realizada por Leandro Querido que analiza el sistema electoral de Cuba, en el marco del proceso electoral celebrado entre 2017 y 2018. Los hallazgos dan cuenta de los esfuerzos que ha hecho el régimen cubano por aparentar un sistema democrático, aunque infructuosamente, ya que solo hay un partido legal. Democracia de partido único es sin dudas un oxímoron.

Pero incluso este partido único no goza de mecanismos democráticos internos, sino que está capturado por su cúpula. Es así que existe una “comisión de candidaturas”, que establece finalmente quién se postula y quien no, siempre de acuerdo a los intereses de los jerarcas.

El sistema de gobierno cubano es asambleísta. Hay una asamblea por nivel de gobierno. Así, hay una asamblea municipal, una nacional y hasta el año pasado había una provincial. A partir de la nueva Constitución del 2019 se incorporó la figura de gobernadores y vicegobernadores, que sustituye a la figura de las asambleas provinciales

Ahora bien, el ciudadano común que no forma parte de la élite del partido solo puede competir en las denominadas “asambleas de nominación”, estas son unas instancias de selección de candidatos que, de ser superadas, permitirán al ganador ser postulado a las asambleas municipales, el nivel más bajo de gobierno.

Pero en esta instancia no se respeta el secreto del voto. Se trata de asambleas a mano alzada en las que la seguridad del Estado y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) supervisan la participación, para controlar y eliminar la posibilidad de que cualquier candidato independiente u opositor pueda pasar este primer filtro, que es el que abre la puerta a los niveles más altos de gobierno.

Mientras tú y yo vamos a un cuarto oscuro para premiar o castigar a nuestros gobernantes, los y las cubanas solo pueden elegir a precandidatos, y lo tienen que hacer a la vista de todos. Aquellos que pretenden ser candidatos opositores, así como sus electores, son castigados de manera ejemplificante. A algunos los amenazan con quitarles el trabajo, el acceso a ayudas sociales, o directamente son detenidos o secuestrados en sus propios domicilios.

En el libro se encuentra un testimonio de un ciudadano que se intentó presentar como candidato en la asamblea de nominación de su localidad. La Seguridad del Estado le impidió salir de su casa con la excusa de que en días anteriores había sufrido de una conjuntivitis, y por lo tanto salir significaría un riesgo sanitario para su comunidad.

El espacio del que dispongo es limitado para contarte todas las acciones que toman las autoridades cubanas para secuestrar el derecho al voto, pero sin duda alguna creo que no te has podido sentir identificado con lo que pasa en la Isla, porque en tu país, y quizá no en el grado que te gustaría, se respetan los instrumentos internacionales que mencionamos antes. Seguramente hay muchas cosas que mejorar, y también hay pobreza, corrupción y limitaciones importantes de la capacidad estatal, pero puedes elegir a tus gobernantes, expresarte libremente (en gran medida), acceder a fuentes de información diversas, manifestar, afiliarte a una oferta variada de partidos políticos, y sobre todo, no tienes miedo de quejarte de tus gobernantes.

No podemos aceptar que haya ciudadanos de primera y de segunda, y ser indolentes ante la privación de las libertades en otros países. No podemos relativizarlas, porque justamente el sistema de derechos humanos se basa en su universalidad. Participar en los asuntos públicos de nuestros países en calidad de electores o candidatos, organizarnos en partidos políticos, expresarnos libremente, manifestar pacíficamente, son derechos de todos y todas, y es el momento de apoyar a los y las cubanas a conquistar los derechos que les han sido arrebatados durante más de 60 años, y que nuestros antepasados conquistaron para nosotros. 

 

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