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El voto postal en las elecciones presidenciales de Estado Unidos 2020

El 3 de noviembre de 2020, Estados Unidos (EEUU) tuvo elecciones; los electores eligieron presidente, vicepresidente, un tercio del Senado (33 escaños), nueva Cámara de Representantes (435 miembros), y en varios estados también celebraron comicios locales.

Los estadounidenses no pueden votar por internet en las elecciones federales. La única manera de votar sin asistir al centro de votación era con una boleta a través del mecanismo de voto ausente. Las reglas electorales en la unión americana —que se emiten a nivel estatal— prevén dos formas de votar: “voto personal” en el centro de votación y “voto ausente” por correo. Cada estado establece las condiciones específicas para ejercer el voto ausente; los supuestos más recurrentes son básicamente por enfermedad, lesión, discapacidad o estar en tránsito fuera de la demarcación que le corresponde votar.

Debido a la pandemia por Covid-19, todos los estados de la unión americana permitieron en esta ocasión que los ciudadanos votaran por correo, pues la pandemia se asumió como una excusa válida para sufragar en ausencia.

El voto por correo, también llamado voto postal, es una modalidad de voto a distancia que se adoptó en todas las leyes electorales estatales de EEUU,[1] algunos casos son más restrictivos que otros ya que exigen una excusa válida del ciudadano para votar en ausencia a través del correo postal. En las recientes elecciones, cada estado determinó medidas especiales de carácter temporal que permitieron desarrollar —con menos impedimentos— el proceso comicial (consultar detalles en https://www.betterknowaballot.com/la/).

Por regla general, cada estado dispondría enviar automáticamente una boleta de voto ausente o un formulario para solicitarla. La única condición era que el ciudadano debía estar registrado para votar. Cuando alguien no recibía la documentación electoral, las personas podían solicitarla por internet a la oficina electoral local (se sugiere visitar el sitio https://www.usa.gov/election-office para conocer las particularidades de cada estado).

En las recientes elecciones fue posible votar en persona en los centros de votación, incluso si el ciudadano había recibido una boleta por correo (cada oficina electoral estatal determinó qué hacer en estos casos). Normalmente, el elector llevaba su boleta al centro de votación que se le había asignado y ahí podía cambiar la modalidad de votación. Si olvidaba llevar consigo su boleta de voto ausente al centro de votación, en algunos lugares era posible votar con boletas provisionales (aquellas que se cuentan una vez que los funcionarios electorales verifican el estado de registro electoral).

Como sucede desde hace muchos años, los miembros de las Fuerzas Armadas y sus familiares, y ciudadanos estadounidenses que radican en el extranjero pudieron votar en ausencia o por correo. Para ellos, como señalan las reglas electorales, debieron inscribirse y pedir la boleta respectiva.

La mayoría de los estados ofrecieron la opción de voto anticipado en fechas específicas previas al día de las elecciones. Los estados que ofrecieron la opción del voto anticipado no requirieron, como suele suceder, una justificación del votante (por eso se dice que el funcionamiento del “voto anticipado” y del “voto postal”, en 2020, fueron casi idéntico). Algunos estados no ofrecieron la opción del voto anticipado pero sí ofrecieron la opción del voto ausente en persona (acudiendo anticipadamente a la oficina local), además del voto postal.

Implicaciones del voto postal 2020

Según Samantha Ku, la tasa general de votación por correo ha aumentado en la última década. Mientras en 2008 se emitieron 23.1 millones de boletas por correo de una participación de 132.8 millones de electores (17.4%);[2] para 2016, según la Comisión de Asistencia Electoral, la proporción nacional de votos postales había aumentado a 23.8%, es decir, 33.4 millones de votos de los 140.1 millones de votantes.[3]

Las estimaciones de participación por correo para 2020 alcanzaron niveles históricos: U.S. Elections Project calcula que el total de votos anticipados fue de 101.4 millones (cifra que equivale al 72.4% del total de la elección 2016), de los cuales 35.9 millones de votos se emitieron en persona y 65.5 millones fueron sufragios enviados por correo (41.7% de 157 millones de electores que se estima participaron en el proceso comicial).

Uno de los efectos de la pandemia fue duplicar el uso del voto postal en las elecciones de 2020 con relación al proceso 2016. Sin embargo, el voto por correo recibió varias embestidas desde la propia Casa Blanca. El presidente republicano Donald Trump señaló, desde junio pasado y en innumerables ocasiones, que los demócratas preparaban un “fraude electoral masivo” y alertó a su base electoral para vigilar de cerca el Servicio Postal de Estados Unidos (USPS, por sus siglas en inglés). Una declaración que sorprende por ser inusual que un mandatario en funciones denuncie fraude electoral —pues cuenta con los mecanismos institucionales y legales que podrían prevenirlo—, lo normal es que sean candidatos y partidos opositores los que acusen violaciones sobre el manejo de los sufragios.

Básicamente el frade, según Trump, se centraría en los estados que enviaron las boletas a todos los votantes registrados (como California, Utha y Nevada), no sólo a personas con derecho a voto, sino a todo tipo de individuos registrados pero que podrían carecer de ese derecho, ya sea por haber mudado o por haber fallecido. Otra variante del supuesto fraude es la llegada tardía de votos que habrían sido enviados por medio del USPS a los centros de votación. Algunos estados —como Pensilvania— tuvieron la disposición de recibir votos hasta el viernes 6 de noviembre, siempre que hayan sido sellados antes del martes 3, provocando que los resultados definitivos de la elección no pudieran conocerse el mismo día de la elección. En ambas situaciones, según el presidente, los demócratas aprovecharían la oportunidad para hacerlo perder la elección.

El voto postal en las elecciones presidenciales de 2020 tuvo, al menos, dos implicaciones importantes: la primera, es que se maximizaron los derechos político-electorales de los ciudadanos estadounidenses, salvaguardando simultáneamente el derecho a la vida y ofreciendo condiciones de seguridad sanitaria a los electores. Con medidas de sana distancia e implementación de protocolos sanitarios para evitar el contagio por Covid-19, el voto postal fue una alternativa que permitió la celebración de las elecciones federales. A juzgar por las cifras, el voto postal fue todo un éxito pues elevó la tasa de participación ciudadana con relación a la elección presidencial 2016 (según Edison Research, la elección de 2020 superó en 5.6 puntos porcentuales el nivel de participación registrado en la elección presidencial de 2016).

Sin embargo, el segundo efecto, menor encomiable, fue que el voto postal se convirtió en el pretexto de uno de los contendientes que buscó aparentemente desacreditar de antemano una elección que, según las encuestas, sugerían perdería frente a su competidor más cercano. El voto postal fue el ariete que utilizó el presidente Trump para crear incertidumbre y sembrar dudas entre los votantes sobre las elecciones para avanzar en sus objetivos políticos y echar por tierra la credibilidad en los resultados comiciales. La racionalidad de la estrategia era simple: en un escenario de alta competitividad electoral, en el que los márgenes de victoria serían muy estrechos, las posibilidades de ganar los comicios en los tribunales serían más altas. Sabiendo lo cerrada que estarían las elecciones, el presidente Trump creó las condiciones para pretender ganar en tribunales lo que aparentemente no ganaría en los centros de votación. En el remoto caso que las impugnaciones llegasen al Tribunal Supremo, cabe anotar, el presidente contaría con una cómoda mayoría de jueces republicanos (seis de nueve).

Antes de los comicios del 3 de noviembre, los medios de comunicación estadounidenses publicaron la opinión de expertos y estudios sobre la posibilidad del fraude electoral. La conclusión general era que el sistema de votación por correo sí es más vulnerable al fraude que la votación en persona; sin embargo, destacaban los estudios, las eventuales conductas maliciosas tenían repercusiones muy acotadas. Se aseguraba que era imposible que hubiera un fraude lo suficientemente grande como para definir una elección presidencial: “robar suficientes sobres de los buzones de correo, imprimir suficientes boletas falsas o recolectar suficientes votos ausentes sería increíblemente difícil de ocultar a nivel distrital, estatal o nacional”[4].

Asumiendo que el sistema electoral norteamericano tiene los mecanismos para resolver las impugnaciones que pudieran presentar los competidores, las acusaciones de fraude electoral generaron incertidumbre, inestabilidad política, conflictividad social, y eventualmente un posible debilitamiento del nuevo gobierno electo. Al sembrar la duda sobre la veracidad y confiabilidad de los comicios, el presidente Trump vulneró una de las bases que han legitimado la hegemonía global de EEUU: la democracia.

 

Retos del voto postal

El voto postal es una gran alternativa ante situaciones extraordinarias. Esta modalidad de votación a distancia fue una formidable solución que funcionó razonablemente bien en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. La experiencia, sin embargo, mostró los problemas que trae consigo el voto postal. Entre los desafíos de esta modalidad de votación, es posible anotar los siguientes:

  • Reglas heterogéneas y dispersas que regulan el voto ausente por correo. El presidente Trump aprovechó la usencia de reglas claras y estandarizadas en el sistema de votación por correo, con el fin de exhibir un aparente sistema corrupto en el que supuestamente se manipulaban tramposamente los votos.
  • Incremento en la complejidad de los procedimientos para organizar elecciones con voto postal. El esfuerzo y los recursos que se invierten en la operación del voto postal deberían ser inversamente proporcionales al tiempo disponible para ofrecer resultados electorales confiables. Si el objetivo es declarar a un candidato ganador con oportunidad, la autoridad electoral debe contar con los recursos humanos, financieros, tecnológicos y logísticos suficientes para organizar el voto postal, los cuales deben sumarse a los requeridos en las votaciones presenciales, por lo que el incremento de costos es algo que deberá valorarse en el futuro. Por ejemplo, franqueo de prepago para los sobres de boletas, instalación de buzones especiales de votación, despliegue de personal capacitado para el conteo de los votos postales, etc.
  • Persistencia de barreras legales que obstaculizan la emisión del voto postal. Algunas de las barreras legales más significativas son la inclusión de firmas de notarios o testigos en las boletas, así como el exigir a los votantes la presentación de fotocopias de identificaciones con fotografía, ya sea con sus solicitudes de boleta o con las boletas mismas. En 2020, estas barreras legales se atenuaron, pero fueron medidas temporales con motivo de la pandemia. En algunos casos, los obstáculos legales para emitir el voto por correo fueron modificadas mediante reformas legales o por resolución de los tribunales, pero no todas las modificaciones fueron definitivas y permanentes (gr., las adecuaciones legales en Minnesota, Rhode Island y Virginia aplicaron sólo para las elecciones 2020).
  • Retorno oportuno de los votos postales para su conteo. El retraso en la llegada de los votos a los centros de votación fue una combinación de varios efectos, considerando que en la mayoría de los estados de la unión americana debían realizar la verificación del votante, a través de la revisión de la firma en el sobre de la boleta, el domicilio registrado y, en su caso, corroborando si el ciudadano tenía derecho a votar; muchos votantes no recibieron la documentación electoral con el tiempo suficiente y las correcciones que pudieron darse se enviaron fuera de toda temporalidad para su recepción. Además, en al menos la mitad de los estados, las reglas electorales permitían que se recibieran votos después de la elección siempre y cuando los sobres de las boletas hubieran sido sellados a más tardar el 3 de noviembre. El retraso en el conteo de los votos fue inevitable.

Varios días después de la elección presidencial, los estadounidenses se enteraron de que el candidato demócrata Joe Biden había ganado la presidencia con una votación que le aseguraba la mayoría absoluta de delegados del colegio electoral (por lo menos 270 votos electorales). Este retraso en los resultados se puede atribuir al voto postal; sin embargo, no fue la modalidad del voto lo que resultó anacrónico y poco oportuno, sino las reglas electorales que convirtieron al voto postal en un mecanismo de votación que, en ocasiones, resultó engorroso, ineficiente y en algunos momentos hasta pernicioso. El voto postal fue una gran experiencia que debe aprovecharse, a pesar de haber sido expuesto y maltratado por el oportunismo político de uno de los contendientes.

 

[1] El voto postal en EEUU existe desde el siglo XIX y su principal momento fue en las elecciones presidenciales de 1864, en plena Guerra Civil. Este mecanismo de votación se generalizó en las décadas de 1960 y 1970, cuando todos los estados ofrecieron la posibilidad para votar por correo.

[2] Samantha Ku. Vote by Mail Trends and Turnout in Six Election Cycles: 2008-2018. Consulta realizada el 30 de octubre de 2020 en https://www.eac.gov/vote-mail-trends-and-turnout-six-election-cycles-2008-2018.

[3] U.S. Election Assistance Commission. The Election Administration And Voting Survey. 2016 Comprehensive Report. A Report to the 115th Congress. Consultar en https://www.eac.gov/sites/default/files/eac_assets/1/6/2016_EAVS_Comprehensive_Report.pdf#page=31.

[4] Alan Yuhas. “How Mail-In Voting Works”, en The New York Times. 9 de septiembre, 2020. Consultar en https://www.nytimes.com/article/Vote-by-mail.html.

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