PROCESO ELECTORAL 2020 - 2021

Los desafíos de la democracia en 2021

Diciembre 11, 2020 | Por: Lorenzo Córdova Vianello

El año 2021 será crucial para la democracia mexicana. No sólo porque, como en cualquier elección democrática, la ciudadanía tendrá la oportunidad de refrendar o retirar su apoyo a los partidos políticos que estarán en competencia, sino porque estos comicios marcarán un parteaguas en el desarrollo de nuestro sistema electoral.

 

Por diversos motivos, la de 2021 será la elección más grande y compleja en la historia de nuestro sistema electoral.

 

1. Por primera vez en la historia, las elecciones federales serán concurrentes con elecciones locales en las 32 entidades del país, lo que le da a la elección de 2021 una dimensión nunca antes vista. Se renovarán 3 mil 504 puestos de elección popular: 500 diputaciones federales, 15 gubernaturas, mil 63 diputaciones locales en 30 estados y mil 926 ayuntamientos en 30 entidades. Además, se asignarán miles de sindicaturas y regidurías, para un total de 21 mil 364 cargos públicos que habrán de renovarse mediante el voto de la ciudadanía.

 

2. El padrón electoral también será el más grande. Se estima que más de 93 millones de ciudadanas y ciudadanos estén inscritos en la Lista Nominal de Electores para el próximo 6 de junio; esto es, un 5.4 por ciento más de los votantes convocados en las elecciones de 2018, en las que 89.1 millones de personas contaban con credencial para votar. El crecimiento del padrón se debe, en gran media, a la inscripción de las personas más jóvenes al Registro Federal Electoral. Alrededor de tres millones de personas entre 18 y 20 años que aún no cumplían la mayoría de edad en 2018 podrán ser nuevos votantes en los comicios del 2021.

 

3. Este número inédito de electores llevará al INE a instalar 163 mil 244 casillas, casi un 4 por ciento más de las 156 mil 808 de 2018. Se tratará de casillas únicas, como ocurrió en 2015 y 2018; es decir, una sola casilla para recibir el voto de la ciudadanía para elegir a sus diputadas y diputados federales y a sus autoridades locales. Esto hace necesaria una logística de reclutamiento y capacitación de al menos siete personas por centro de votación para fungir como presidentes, secretarios y escrutadores de casilla.

 

4. Para recibir y contar los votos de la ciudadanía, se requerirán un millón 469 mil 196 funcionarios de casilla y, para ello, tendremos que visitar a 12 millones 220 mil mexicanos. Esto implica contratar, capacitar y movilizar previamente a 6 mil 992 Supervisores Electorales y 41 mil 081 Capacitadores Asistentes Electorales, que en los próximos meses recorrerán todo el país para localizar, invitar y capacitar a los ciudadanos que resulten insaculados para fungir como funcionarios de Mesas Directivas de Casilla en los comicios del 6 de junio.

 

5. El número de fuerzas políticas en contienda también es distinto al de las elecciones federales previas, pues el arribo de tres nuevos partidos políticos con registro nacional a nuestro sistema democrático eleva a diez las opciones que tendrá el electorado en las elecciones federales. Esto multiplicará el número de candidaturas potenciales, lo que se traduce en un enorme reto logístico para el registro de candidatas y candidatos, el monitoreo de sus campañas y la fiscalización de sus ingresos y gastos.

 

6. Las de 2021 serán elecciones complejas, no sólo por la magnitud del proceso en términos cuantitativos, sino por las condiciones en que se llevarán a cabo. Como consecuencia de la pandemia de COVID-19 y las medidas de distancia social aplicadas en la emergencia sanitaria, el INE ha tenido que instrumentar una serie de protocolos para que las elecciones no se conviertan en un factor de amplificación de los contagios. Estas medidas tuvieron una primera prueba exitosa el pasado 18 de octubre, en las elecciones locales de Coahuila e Hidalgo, donde afortunadamente pudimos celebrar los comicios sin contratiempos. Hoy, tenemos evidencia suficiente para afirmar que las elecciones no alteraron de ninguna manera las curvas epidemiológicas en ambas entidades. Y, gracias a la colaboración entre el INE, los Organismos Públicos Locales Electorales y las autoridades estatales y federales de Salud –pero sobre todo gracias a la participación de la ciudadanía–, podemos afirmar que la democracia no fue una víctima más de la pandemia. Esta experiencia resultó vital para afinar los protocolos de salud de cara a las elecciones de 2021, en donde no podemos permitir que la emergencia sanitaria inhiba la participación de la ciudadanía o contraponga el derecho fundamental a la salud.

 

 

Nuevos desafíos

 

Para el proceso electoral de 2021, el INE hará el despliegue técnico, profesional y humano que cada tres años hace funcionar esa formidable maquinaria a la que conocemos como sistema nacional electoral. De hecho, el proceso electoral federal inició formalmente el pasado 7 de septiembre y han transcurrido ya más de cien días desde que comenzaron las labores preparatorias de la elección.

 

Al día de hoy, se han instalado ya los 32 Consejos Locales y los 300 Consejos Distritales del INE en todo el territorio nacional, y el Consejo General ha emitido una buena parte de los lineamientos que normarán la contienda.

 

Los aspirantes a candidaturas independientes a la Cámara de Diputados han manifestado ya su intención de participar en el proceso y actualmente se encuentran recabando los apoyos ciudadanos requeridos para poder estar en la boleta

 

Los partidos políticos tienen hasta el 23 de diciembre para manifestar su intención de participar en coalición o por separado en las elecciones federales, y en todos los estados corren los plazos para el registro de coaliciones locales y precandidaturas.

 

Las precampañas a nivel federal comienzan el 23 de diciembre y concluirán el 31 de enero. Vendrán las intercampañas y el arranque de la campaña formal el 4 de abril.

 

El país entero entrará a una lógica de competencia política y debate público de ideas y de distintos proyectos de nación, en un intenso momento de nuestra historia, no sólo a nivel nacional, sino internacional. Además de la pandemia, México y el mundo enfrentan desafíos importantes derivados de la situación económica, por un lado, y del desarrollo de las tecnologías de la información, por otro. Los fenómenos ligados a la comunicación por internet y redes sociales plantean retos formidables para las democracias, en términos de información, desinformacón y construcción de discurso. Las llamadas “fake news” –y la facilidad con la que se transmiten en la era digital– retan a las democracias y obligan a los sistemas electorales a blindarse frente a las campañas deliberadas de desinformación.

 

En México, desde 2018 construimos una estrategia frente a las noticias falsas, que consiste en combatir la desinformación, no con mecanismos de censura o prohibiciones, sino con información. En 2021, en alianza con la ciudadanía, medios de comunicación y universidades, el INE volverá a dotar de certeza a la elección, echando a andar mecanismos para impedir que la propagación de noticias falsas sea un factor determinante en los resultados, garantizando al mismo tiempo la libertad de expresión de todas y todos los mexicanos.

 

Otro reto será garantizar las condiciones de equidad, con los mismos –o aún mejores–estándares de anteriores procesos electorales. Equidad que pasa por la construcción de reglas que propicien una “cancha pareja” para que todas las fuerzas políticas, candidatas y candidatos puedan competir en igualdad de condiciones, sin ventajas indebidas generadas por financiamientos irregulares o apoyos ilegales provenientes desde algún gobierno (federal, estatal o municipal) o desde poderes no institucionales pero con capacidad de influir en los procesos electorales.

 

El INE hará valer los principios constitucionales de la función electoral, (legalidad, certeza, imparcialidad, objetividad, independencia y máxima publicidad) para impedir que se desnivele la cancha mediante el uso indebido de programas sociales, recursos públicos o estructuras de gobierno. Y hará cumplir las normas del modelo de comunicación política que nos rige desde la reforma constitucional promulgada en 2008.

       

Un tema más vuelve inédito el proceso electoral de 2021, y éste es el de las nuevas fronteras que imponen los avances en la paridad entre los géneros.

 

Como producto de dos reformas constitucionales aprobadas por la LXIV Legislatura, las elecciones de 2021 deberán implicar un avance sustancial en dos temas fundamentales para el buen funcionamiento de nuestra democracia. Por un lado, la “paridad en todo” y, por otro lado, el combate a la violencia política contra las mujeres en razón de género.

 

La reforma constitucional de “paridad en todo” se ha traducido en una serie de lineamientos para garantizar el acceso de las mujeres a los cargos de gobierno y de representación popular. Lineamientos que, por cierto, el INE instrumentó desde 2018 y permitieron que en ese año se eligiera la primera legislatura 50/50 de nuestra historia.

 

Por otro lado, las reformas a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que implicaron modificaciones al Código Penal y a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, nos imponen, tanto a las autoridades electorales como a los actores políticos, una serie de obligaciones para prevenir, sancionar y erradicar las acciones violentas en contra de las mujeres. Esto se ha traducido en una serie de lineamientos ya aprobados por el Consejo General que establecen, entre otras novedades, el que quien aspire a una candidatura tenga que suscribir el documento conocido como “3 de 3 contra la violencia”, así como la constitución de un registro nacional de infractores en materia de violencia política contra las mujeres; medidas que impedirán que personas ya sancionadas por casos de violencia o acoso, o sean deudoras de pensiones alimentarias, puedan acceder a una candidatura.

 

En ese sentido, el proceso electoral de 2021 será el más grande, más complejo y esperamos que también sea el más equitativo y con menos violencia de nuestra historia.

 

 

La apuesta democrática

 

Las elecciones serán un momento ideal para debatir los grandes problemas nacionales y las respuestas que pueden construirse frente a ellos desde la política.

  

A los problemas estructurales, como la desigualdad, la pobreza, la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad, se suma ahora la incertidumbre y el temor que trajo consigo la peor pandemia del último siglo, una enfermedad que nos ha obligado a reinventar la vida social y a modificar radicalmente nuestras prácticas y modos de convivencia.

 

En ese contexto, las elecciones deben ser un momento de respiro, un episodio en el que todas y todos somos iguales ante las urnas, pues todas y todos, sin importar nuestra condición, tenemos el mismo e indeclinable derecho al sufragio.

 

Las elecciones del 6 de junio de 2021 representan la posibilidad de conformar una nueva Cámara de Diputados, el espacio primordial de nuestra pluralidad democrática. Al votar por 500 diputadas y diputados, renovaremos la representación popular de la Nación, una de las dos Cámaras que hacen posible la división de poderes consagrada en la Constitución como nuestra forma de gobierno y nuestro modelo de convivencia pacífica.

 

De cara a esa importante cita con las urnas, es muy importante recordar que nadie encarna por sí mismo a la democracia. La democracia la conformamos todas y todos en nuestra diversidad y diferencias.

 

Frente al discurso y las posturas que desde un extremo u otro pretender imponer la idea de la personalización de la democracia, hay que reivindicar el hecho real de que la democracia nos involucra a todas y todos, y nadie debe estar excluido de ella.

 

Si algo reblandece, erosiona y termina por anular a la democracia es pensar que en ella sólo caben algunos –aquellos que coinciden en nuestra forma de ver al país y al mundo– y que quienes no coinciden con la propia postura están fuera de la democracia misma o son contrarios a ella. Esa postura constituye el mejor caldo de cultivo para que germinen pulsiones autoritarias.

 

Defender a la democracia pasa inevitablemente por reivindicar al pluralismo y al respeto tolerante de todas las posturas por su reconocimiento, inclusión y representación efectiva en los espacios en los que se toman las decisiones colectivas.

 

Sin embargo, en los tiempos en los que vivimos hay una peligrosa tendencia a descalificar al contrario y a identificar al adversario como enemigo, lo que ha conducido a una polarización extrema y cada vez más intolerante del debate público.

 

Es natural que las contiendas políticas sean el espacio del debate y contraste de ideas, donde las distintas posturas ideológicas y políticas existentes se distinguen, se confrontan y se contraponen de cara a la sociedad en busca de su voto.

 

Para eso son las campañas electorales, pero ello siempre tiene que ocurrir con pleno respeto a las reglas del acceso al poder político y con base en los principios y valores que sustentan a la democracia. La tolerancia y el respeto al otro en primer término.

 

En ese sentido, otro desafío en el 2021 –éste no sólo de la autoridad electoral, sino de la sociedad y del Estado en su conjunto– será lograr que la polarización no derive en la mera descalificación y deslegitimación de las posturas del otro, pues ello podría conducir a la ruptura de los cauces institucionales de nuestra democracia.

 

Todo lo contrario. De cara a la elección más grande de nuestra historia, tenemos la oportunidad de reivindicar nuestra vocación democrática, y con ello honrar la lucha de millones de mexicanas y mexicanos que se comprometieron por democratizar a nuestro país y que fueron construyendo esa obra colectiva y evolutiva que es nuestro sistema electoral.

 

La democracia mexicana es una apuesta de varias generaciones, una construcción institucional que hoy nos permite que las diversas fuerzas políticas compitan en condiciones equitativas y con posibilidades de acceder al poder a través del voto. Una apuesta que pasó por construir un instituto autónomo del gobierno y un marco legal que hoy son garantía de legalidad y de certeza, y un referente en todo el mundo.

 

Hagamos de 2021, con nuestro compromiso y participación, una elección histórica que fortalezca y consolide a la democracia mexicana.

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