BLOG Y VOTO

¿Entonces cómo?

Marzo 09, 2021 | Por: Gloria Alcocer Olmos

Yo fui de esas mujeres que, al ver por primera vez la columna del ángel de la independencia repleto de pintas, ver los golpes y la violencia dije enérgicamente ¡Así No! La violencia solo lleva a más violencia. Recuerdo perfecto decir “Así no pues se pierde la causa, las causas por las que todas luchamos! También recuerdo tremendas discusiones con compañeras al grado de dejarnos de hablar pues para ellas no había otra forma y para mi esa no era la forma.

Los ánimos se fueron calmando, las pintas seguían ahí y algunas nos volvimos a hablar con la idea de que es más lo que nos une que lo que nos separa. Yo seguía en mi diálogo interno, pensando “para mi ese no es feminismo, eso jamás lo haría” pero al mismo tiempo y al seguir viendo crecer la lista de violentadas, desaparecidas y asesinadas esa violencia que yo veía inaceptable se fue transformando en una duda que me carcomía y era ¿Si de esa manera no? ¿cuál sí? La verdad es que lo habíamos intentado todo. Las marchas pacíficas, las concentraciones sin dañar absolutamente a nadie ni a nada. Yo en lo personal participo en espacios institucionales pensando qué algo podía cambiar. Ya perdí la cuenta de a cuántas mesas de trabajo me he sentado para aportar mi conocimiento, tiempo y trabajo de manera gratuita sin ver resultado alguno.

Me fui fastidiando de ser invitada a “acompañar” trabajos para buscar soluciones, me di cuenta que muchas eran (son) mesas que buscan legitimar procesos a través de las mujeres que estamos dispuestas a participar. Seguía retumbando en mi cabeza ¿Sí no es así cómo? Confieso que otra de las ideas que daban vueltas en mi cabeza era que hasta que las mujeres habían tomado el camino de la violencia es que las autoridades voltearon a ver el problema, quizá el brillo de la diamantina rosa distrajo su atención y les hizo mirar desde la comodidad de sus escritorios, el destello era tal que o cerraban las cortinas y daban la vuelta o hacían algo. Las mesas de trabajo, los diálogos, foros, encuentros y demás “buenas maneras” no habían tenido el efecto de la inmediatez ¿esa era la única manera de que nos voltearan a ver? Seguía pensando, queriendo creer que no.   

Encontraba refugio en las que, como yo, pensaban ¡Feminismo si, violencia no! Y me daba una sensación de cobijo, de decir “bueno Gloria, no estás sola” pero algo muy dentro de mí seguía sin estar convencida de que “nuestro camino era el correcto”. Justo por esas épocas charlando con una colega que pensaba como yo me contó sobre la charla con su hijo, un joven de 17 años. Ellos desayunaban y ella, indignada por una protesta más en la que las pintas y la violencia habían sido la nota le decía furiosa al joven “así no, eso es violencia y eso no se vale”, el, tranquilo, le preguntó ¿Si yo desapareciera y un día me encuentras violado y asesinado qué harías? Ella le respondo sin chistar ¡Lo quemo todo! Esa fue la charla definitiva que hizo que mi malestar se volviera una convicción y es que no era la manera pero no dejaban otra cuando la injusticia encuentra eco en la desesperación y la rabia.

He sido convocante y organizadora por dos años seguidos de #CadenaFeministaMx y recuerdo mucho que el año pasado quienes fuimos del grupo organizador, alrededor de 70 mujeres de todo el país llegamos al acuerdo de que las concentraciones serían pacíficas y nadie podía acudir con el rostro cubierto. Uffff tremenda tunda que se nos vino por parte de colectivas feministas por convocar de esa forma. Nosotras resistimos el embate bajo un argumento claro y fuerte “cada quien tiene sus formas” y como acuerdo y convicción era no desacreditar a quien se manifestaba de otra manera, violenta o no, creativa o no, en redes sociales o en la calle y al grito de ¡nosotras solo sumamos! Nos encontramos un 7 de marzo de 2020 con miles de mujeres que respondieron al llamado a título personal de salir a la calle a decir ¡ya basta! A eso le siguió la marcha histórica del 8 de marzo y luego el paro.

Llega 2021 y nos toma en plena pandemia. Estábamos convencidas de que la voz tenía que retumbar y que “hacer visible lo invisible” para hablar de esas violencias que se miran poco y que lastiman profundo era algo que teníamos que hacer. Nuestro punto de encuentro serían las redes sociales y quienes se sumarán lo harían desde sus cuentas en redes sociales con una foto portando una prenda morada y usando el #CadenaFeministaMx y #HacerVisibleLoInvisible el 7 de marzo, pero además del 1 al 6 de marzo lanzamos 34 mensajes con datos duros, datos que reflejaban las violencias contra las mujeres con discapacidad, las mujeres trans, las niñas, la violencia contra las periodistas. Esta vez comenzamos 36 mujeres de todo el país trabajando de forma estratégica y articulada, investigando, donando su tiempo y habilidades pero con la convicción de aportar a la causa, a esa lucha que es de todas y que no tiene dueñas.

En ambas ocasiones me tocó ser una de las voceras para prensa, explicar una y otra vez que la cadena feminista les daba la bienvenida a todas las mujeres que quisieran sumar. Más de una vez me preguntaron ¿son una colectiva? Yo respondía una y otra vez NO, hay otras maneras de asociarse y construir, la nuestra es diferente, ni mejor ni peor, ni buena ni mala, solo diferente. Otra de las preguntas que más me hacían era ¿cómo que todas son bienvenidas? Y mi respuesta era simple, todas aquellas que dijeran ¡ya basta! Y lo querían hacer sin logotipos ni instituciones o partidos, sin organizaciones civiles o colectivas eran bienvenidas. El sentido era sencillo ¡somos mujeres y eso es razón suficiente para agruparnos y organizarnos! Hasta la fecha muchas y muchos siguen sin entenderlo.

Escribo estas reflexiones hoy, 9 de marzo, día del paro, después de haber monitoreado la marcha de ayer en la CDMX, después de ver tiempo real la batalla desatada en pleno zócalo, después de mirar arder las vallas que un gobierno puso para “proteger” y que las mujeres usaron de lienzo para escribir los nombres de las asesinadas y desaparecidas. La imagen que más me sorprendió y dolió fue la de dos mujeres abrazadas entre si mientras un cerco de unos 50 policías las encapsulaba, lo primero que pensé fue “así no” pero la diferencia de mi primer “así no” con este es que un proceso interno de deconstrucción de mis propios parámetros, de profunda empatía que me hacía entender que yo no usare la violencia pero tampoco estaré favor de su uso desmedido por parte de los cuerpos policiacos.

Mi reflexión última con lo que ha sucedido a lo largo y ancho del país en cuanto al uso de la violencia en las manifestaciones de mujeres, ojo que no todas las que marchan se auto adscriben feministas, es que hay múltiples formas de manifestarnos, que todas luchamos por lo mismo y que yo no soy nadie para desacreditar cualquiera de esas formas. Miro con tristeza como muchas colegas usan esos métodos violentos para desacreditar a la que no protesta como ella lo haría, que descalifican sin preguntar, que ponen en tela de juicio a quienes deciden actuar pues “no les representa” o bien por no conocer a quienes están detrás. Es cierto que muchas y muchos se han colgado de las causas que defendemos todas para un beneficio personal o institucional y eso hay que denunciarlo y pararlo pero no olvidemos que antes de ser funcionarias, militantes de partido, integrantes de la sociedad civil o de colectivas somos mujeres y tenemos el derecho de protestar y alzar nuestra voz.

Hago un llamado a todas, TODAS, las compañera que quieren decir ¡ya basta! A confrontar menos y a sumar más, a construir desde lo que nos une y no en lo que nos separa. Hago un llamado a comprender que el feminismo no es un club que requiere una membresía o un distintivo y que cabemos todas, sin discriminación. Te invito a pensar cuando digas “así no” en “cómo sí” y hacerlo, sin descalificar, sin señalar y solo desde la firme convicción que esta lucha sigue y es de todas.

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