Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano (1934-2026)
Ayer miércoles por la noche recibí la triste noticia de la muerte de mi amigo, a quien me unió la política en 1988, del que me separó la vida partidista en 1990 y con el que, en 2005, me reencontré para entablar una amistad que se prolongó hasta el día de ayer.
Nos vimos a comer el 5 de agosto de este año, día en que aceptó grabar, en mi casa, un mensaje solidario con la revista Voz y Voto, del que su directora, Gloria Alcoer Olmos, fue camarógrafa y directora de escena. Guardaré ese video y las fotos que Gloria tomó ese mismo día como el último testimonio de una amistad que se edificó sobre la base del respeto mutuo y de mi permanente reconocimiento al aporte central de Cuauhtémoc Cárdenas a la transición a la democracia en México.
Comparto ahora, abrumado por la noticia, algunas remembranzas de lo que compartí con quien fue 3 veces candidato presidencial (1988, 1994, 2000), fundador del PRD, gobernador de Michoacán, Jefe de Gobierno del DF, senador y subsecretario.
Lo conocí personalmente el día que firmamos el convenio entre el PMS y la Corriente Democrática, a principios de mayo de 1988, por el que Heberto Castillo renunció a la candidatura presidencial del PMS para respaldar la del ingeniero Cárdenas, al que acompañé en algunas de sus giras de campaña. Fue a partir del 7 de julio de ese año, el día después de la jornada electoral, que nuestro trato se hizo cotidiano e intenso por ser yo comisionado representante en la Comisión Federal Electoral (CFE).
Por voluntad propia y decisión de la dirección del PMS mantuvimos a nuestro candidato presidencial informado de los debates y posicionamientos que exponíamos en la CFE. No siempre compartió nuestros puntos de vista y decisiones, pero fue siempre respetuoso de ellos.
Un día de finales de julio de 1988 Cárdenas me informó de las quejas de los representantes de los partidos del FDN por no apoyarlos en sus propuestas en la CFE, le ofrecí pedir ser relevado de la tarea de representante. De inmediato me atajó, (cito de memoria sus palabras): “de ninguna manera puedes salir de la CFE, eres el único en quien confío”. En agosto de ese año me pidió ser asesor de los nuevos diputados en San Lázaro para el debate de la calificación de la elección presidencial. Muchos años más tarde rememoramos, en gratas reuniones, esos días y esas pláticas.
La creación del PRD y sus primeros pasos me confrontó con quien era, sin discusión alguna, su indiscutible líder. En diciembre de 1990 opté por retirarme de ese partido.
Cuando en febrero de 1993 apareció la revista Voz y Voto, una de las primeras entrevistas que publicamos fue con Cárdenas, a quien volvimos a entrevistar en sus siguientes candidaturas. Por temas electorales lo vi, siendo él Jefe de Gobierno del DF, en 1998. Luego, en el 2000, Labastida me pidió verlo para convenir una estrategia común, previó a la reunión que tuvieron los 3 candidatos presidenciales en la casa de campaña de Cárdenas.
A finales de 2005 Cuauhtémoc me invitó a desayunar. Platicamos de la situación político electoral del momento. Él había roto con López Obrador, de ese hecho platicamos, recordando lo ocurrido en el primer congreso del PRD. En la reunión tuvo para mi persona y trayectoria palabras que siempre recordaré y agradeceré. Pusimos punto final al desencuentro. Desde entonces nos vimos con regularidad, cada tres o cuatro meses, para platicar de múltiples temas.
En los últimos años casi siempre nos vimos en comidas, solo entre los dos o con otros amigos; Cuauhtémoc fue invitado permanente a las comidas de mi “club de Toby”, del que formó parte el inolvidable Froylán López Narvaez. Con René Delgado, Carlos Ortiz Tejeda, Humberto Musacchio y Rafael López Castro, compartíamos el pan y la sal, en largas pláticas siempre informadas y amenas, sobre política, economía, elecciones y el mundo y sus alrededores.
El año pasado, preocupado por la coyuntura política, Cuauhtémoc participó en amistosas conversaciones que en acuerdo con él organice con la asistencia de otros dos excandidatos presidenciales, Francisco Labastida y Diego Fernández de Cevallos, y el senador Manlio Fabio Beltrones. Eran reuniones para intercambiar opiniones y análisis sin más interés que convivir y escucharnos. Firme en sus ideales y convicciones, Cárdenas escuchaba las de otros con animo constructivo, buscando los acuerdos sin ocultar las discrepancias.
Como apunté antes, nos reunimos el pasado 5 de agosto. Al terminar quedamos en volver a vernos antes de terminar el año. Será en otro espacio y tiempo.
Una reflexión a manera de posdata: a mi entender, Cuauhtémoc Cárdenas no fue el “líder histórico de la izquierda mexicana”. No fue esa su formación ni su visión. Lo que afirmo es que fue el hombre que, con su salida del PRI en 1987 y su candidatura presidencial en 1988, abrió la etapa decisiva de la transición a la democracia.
Descanse en paz
