El partido del gobierno
Varios hechos dan cuenta de una alerta, que podría ser de alarma, en la visión que desde Palacio Nacional se tiene del partido del gobierno. Contra el desbordado y falso optimismo, cuyo sustento son las encuestas “patito” con las que, frente al espejo, se pronostica carro completo en 2027, los recientes cambios y enroques del gabinete presidencial hacia Morena, y viceversa, dan cuenta de que el futuro ya no es como antes.
A los fracasos de las dos iniciativas presidenciales de reforma electoral siguió un agrio rosario de reproches desde el gobierno y su partido contra sus dos aliados legislativos (PT y PVEM), que negaron sus votos a las propuestas presidenciales. Por razones de su futuro electoral, que no es igual, pero sí parecido, los aliados de Morena se negaron a beber la cicuta que la presidenta les pidió aceptar en prueba de su lealtad a la 4T.
Calificados como “pesados lastres”, maltratados por la futura expresidenta del partido del gobierno y menospreciados por quien encabezó la casi difunta Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, en el PT y el PVEM han estado analizando los escenarios para 2027, considerando como el más probable ir por cuenta propia, juntos o separados, en las elecciones del próximo año.
Las posibles consecuencias que la ruptura de la coalición oficialista tendría para el segundo trienio del gobierno actual son de tal gravedad que han obligado a la titular del Ejecutivo Federal a dejar de lado las formas, borrar sus discursos de distancia frente a Morena y asumir, presumir y demostrar, sin medias tintas, que en el partido del gobierno ella es la que manda.
Para intentar recomponer las relaciones con sus aliados, mandó a Citlalli Hernández a encargarse del trato con ello, lo que fue saludado como un gesto de buena voluntad por dirigentes del PT y el PVEM. El punto es que más allá de las fotos y las encuestas los verdes se han dado a la fuga en dos estados, San Luis Potosí y Quintana Roo, en los que dejan a Morena en la disyuntiva de sumarse o competir con ellos. El primer caso es singularmente sensible al lanzar un guante al rosto de la presidenta de México, empeñada en que no habrá nepotismo en las candidaturas de su partido.
El segundo gesto hacia los aliados de Morena fue dar a las oposiciones con la puerta en las narices y cambiar la terna de candidatos a consejero electoral del INE para ceder un lugar a la aspirante impulsada por el PT y admitir el veto del PVEM contra la que estaba apoyada desde el TEPJF. Las versiones de los reporteros coinciden: la negociación final la realizó Citlalli Hernández, con pleno respaldo presidencial. El acuerdo da cuenta del peso específico que en Palacio han tenido que reconocer a sus aliados.
Por vez primera desde 1990 los consejeros de la máxima autoridad electoral de México han sido votados exclusivamente por el bloque oficialista. No es igual que antes. Es peor. Para sacar adelante la votación calificada, uso una analogía del ajedrez, salvaron al peón de la presidenta y sacrificaron un alfil y una dama. Al final, se quedaron con los 3 lugares.
Todo se ha precipitado. Los hechos apuntan a que la presidenta tomó la decisión de ajustar el tablero y adelantó movimientos que pudo ir administrando hasta septiembre. Sin pudor ni recato, desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional se erigió en jefa y dueña del partido del gobierno. Destapó a su exsecretaria particular como precandidata a gobernadora de Guerrero. Removió a Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena, dándole el espacio que en la Consejería Jurídica queda vacante por el mencionado destape. Parece perfilar a la secretaria del Bienestar para ocupar la presidencia de su partido, aunque otras versiones la ven como la siguiente inquilina del Palacio de Covián.
El acelere presidencial tuvo efectos inmediatos. Bajo la conseja popular de que más vale pedir perdón que pedir permiso, de inmediato Layda Sansores destapó en Campeche a su ficha para sucederla. Se habla de precipitadas reuniones en el Senado para decidir si el PT hace lo mismo que el PVEM y anuncia a sus candidatos a gobernador en Guerrero y Zacatecas. El cambio de interlocutor y el primer pago no parecen ser suficientes para saciar el apetito de los aliados. Otros gobernadores morenistas velan armas, para mostrarlas antes que les llegue la orden de Palacio.
Sin alianza entre Morena, PT y PVEM la prospectiva para el 2027 tiene cambios significativos. La mayoría calificada en la Cámara de Diputados puede darse por descartada. Habrá que rehacer los números para las 17 gubernaturas en juego y para 100 ayuntamientos que renovarán alcaldes, en los que están ubicados casi 200 de los 300 distritos electorales federales. En la CDMX hasta en Iztapalapa hay focos rojos y alarmas sonando.
En una reciente entrevista de TV con el periodista René Delgado, el presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, al responder a la metáfora de que “al gobierno le crecieron los enanos”, dijo “los enanos nunca crecen”. Humillar a los aliados, aunque se les considere compañeros de viaje, siempre da malos resultados.
Posdata: la presidenta sigue deshojando la margarita de la elección judicial. No debería darle más vueltas. Lo que debe decidir -cuanto antes- es si la pospone. Lo demás puede atenderlo después.
