La Justicia ya no es suficiente
El día de hoy, al ver las noticias me doy cuenta de que el término justicia que otrora fuera la impronta de la defensa de los derechos del más débil[1] hoy ya no alcanza.
La justicia que se requiere hoy, no es la que nos enseñaron en las escuelas positivistas de nuestros ayeres, hoy nos damos cuenta de que necesitamos tintes de género para visualizar a la discriminación, de equidad para emparejar a la igualdad cuando ésta (la igualdad) no es suficiente[2], de garantías para dotar de protección cuando hay violación de derechos o imparcialidad.
La exigencia jurídica, reclama nuevas perspectivas para visualizar desigualdades en el acceso de oportunidades y para eliminar lastres -a veces ancestrales- que nos roban futuros, que nos roban mejores destinos, que se roban los sueños de nuestros jóvenes.
No se trata de ver a todos por igual desde su perspectiva, sino para poner el piso parejo y colocar a todos en situación de igualdad, pese a no ser iguales.
Se trata de pensar en la justicia, sí como una maquinaria reparadora de males, pero también y quizás aún más importante como cimiento de la construcción de un mayor acceso a la justicia, uno en donde los invisibles tengan forma y color y en donde los desprotegidos tengan voz y encuentren refugio, y que ambos, encuentren las oportunidades reales para crecer y salir adelante; para elegir un mejor destino.
Es necesario dotar al estado de derecho de las herramientas jurídicas necesarias en donde el hijo del campesino tenga las mismas oportunidades que el del empresario, en donde las mujeres tengan una oportunidad real de desarrollarse laboralmente a la par que los hombres.
Es momento de pensar en tomar a la justicia en serio[3], y de construir un país en donde pertenecer a una etnia o pueblo originario no sea motivo de discriminación, sino de orgullo y reconocimiento; en donde el color de la piel no sea motivo de discriminación y que por el contrario se garantice la igualdad en el trato, incluso mediante la tutela de ese acceso y libertad; es momento de garantizar que el género sea visto sin distinción alguna, ni para bien y menos para mal.
Debemos pensar en un Estado de derecho que garantice oportunidades para nuestros hijos, y que siembre la semilla ideológica de las futuras generaciones en las que se acabe la idea de soluciones fáciles, de caminos falsos, es necesario pensar en una justicia con un matiz preventivo y redistributivo, garante procurador de una igualdad de oportunidades y de ventajas; porque la justicia no sólo debe estar en la protección de derechos violados sino también en la protección de garantizar su acceso (a la justicia).
Hoy vivimos la consecuencia del abandono de nuestros ideales, de nuestras banderas, hoy nuestra juventud enfrenta una falsa perspectiva heredada por generaciones en donde se privilegió ese sueño americano de tropezarse con la fortuna, de que ésta nos caiga del cielo; pero hoy es tiempo de reeducarnos y de reeducar a nuestros hijos, y de enseñar que el camino fácil no existe, y que sólo se triunfa con decisión y trabajo, con constancia y coraje, con respeto a las instituciones y con confianza en el estado de derecho y sí, hoy la justicia no nos alcanza pero no porque falte su desarrollo sino porque nuestra justicia no ha sabido cuantificar el tamaño de la desesperanza que ocasiona el saber que las condiciones no son parejas; el saber que otros tendrán mejores y mayores oportunidades; el saber que otros llevan una menor carga en la cuesta, el saber y vivir de experiencias pasadas, el sinsabor del abuso de quienes tienen más y de quienes tienen el acceso.
No podemos brindar mejores oportunidades si pretendemos que nos alcance con nuestra vieja justicia reparadora, no podemos pensar en un mejor futuro si no visualizamos las desventajas del arranque, no podemos dar esa gota de fe y esperanza en el fruto del trabajo honesto y constante, si no brindamos esta visión de protección en el trato y de previsión en la tutela de oportunidades, la justicia como medio de reparación no nos alcanza para el futuro, no nos alcanza para proteger a nuestras nuevas generaciones.
Es cierto, necesitamos una justicia al estilo del juez Hércules[4], puesto al nivel de lo que las condiciones actuales requieren, en los tribunales actuales se requiere promover los derechos sí, pero aún mas importante es que se garantice la igualdad de oportunidades de nuestros jóvenes; los tribunales actuales necesitan convencer a nuestras nuevas generaciones de que existe la posibilidad real de una salida honesta, de estudio y preparación; los tribunales actuales necesitan convencer sentencia a sentencia, ladrillo a ladrillo de que la perspectiva construida a futuro será mejor que nuestro presente y que vale la pena pelear por ello; los tribunales actuales llevan la consigna de construir los cimientos en equidad, de acceso a un mejor futuro para nuestras nuevas generaciones.
No es un frente fácil, y las tentaciones de los caminos simples están ganando el agrado de nuestra juventud pero se trata de un esfuerzo conjunto, en donde cada quien asuma la responsabilidad histórica que le corresponde, en donde cada uno desde su trinchera aporte su granito de arena, y replique no sólo el actuar bien, el actuar de manera inteligente, sino el actuar procurando esta alternativa de futuro para nuestras jóvenes generaciones, el no dejarlos con la idea de que se enfrentan solos a la roca Tarpeya[5], sino que sepan que su sistema de justicia los protege, y los resguarda; incluso de hacerles saber que no sólo no se toleran injusticias y que más bien se les resguarda procurándoles una justicia de género y desapegada a discriminaciones, una justicia en donde se procure la equidad entre las oportunidades una justicia que vea no sólo por su presente, sino también por su futuro; se trata de regresar la fe en el sistema, de retroalimentar el deseo de pertenecer al Estado, se trata de inspirar a abrazar su identidad étnica y a re-construir su confianza en un mejor porvenir.
Hemos sido demagogos en nuestros discursos, hemos sido austeros en nuestros esfuerzos y tenemos que partir de reconocerlo, porque no hay cuencos por llenar si ya están llenos y no podemos avanzar sin reconocer nuestro retroceso y situación actual.
Sabemos que hay aspectos que nos atan al piso, pero también sabemos que no es un imposible, que no es una utopía, existe la textura abierta[6] y nuestro derecho es dúctil[7] podemos sembrar un nuevo sistema de justicia, existen las condiciones y existe la voluntad, sólo tenemos que volver a creer, de volver a soñar en la grandeza de nuestro país y de que los tribunales actuales propicien este marco de justicia.
Fuimos águilas reales, fuimos jaguares manchados, fuimos quetzales gloriosos, y no esta en nuestra sangre claudicar, podemos tropezar, podemos caer, pero no podemos claudicar, son nuestros hijos, es nuestro futuro, es nuestra Nación lo que está en juego, así es que no, la justicia actual ya no es suficiente, pero tenemos la consigna de dar lo que sea por crear una nueva justicia social que se ocupe de asegurar nuestro porvenir.
[1] Ferrajoli Luigi (1999) Derechos y garantías: La ley del más débil. Traducido por Perfecto Andrés Ibañez y Andrea Greppi, 3ª ed., Editorial Trotta.
[2] Distíngase a la igualdad de la equidad, en el sentido de que la primera da a todas las personas lo mismo mientras que la equidad da a cada persona lo que necesita para dar las mismas oportunidades que a los demás.
[3] Dworkin Ronald, (1984) Los derechos en serio (M. Üuastavino, Trad) Barcelona: Ariel (obra original publicada en 1977).
[4] Op Cit.
[5] Roca desde la que los ciudadanos romanos lanzaban a los traidores a la patria, simbolizaba el castigo máximo y la deshonra.
[6] Hart. HLA. El concepto de derecho. Traducido por Genaro T Carrió, Abeledo-Perrot, 1998.
[7] Zagrebelsky, G. el derecho dúctil: Ley, derechos, justicia. Madrid: Trotta 1992.
