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La mecánica del fraude

Como producto de un fraude a la Constitución, con el 54,4% de los votos, Morena y aliados podían tener en la próxima legislatura 373 diputados, que equivalen al 75% del total. El PT, que por si mismo no ganó un solo diputado de mayoría, con el 5.8% de los votos, tendría 50 diputados, más del doble que MC, que obtuvo el 11.7% de la votación. El PVEM, que obtuvo el 9% de los votos, tendría 75 diputados, siete más que el PAN, que alcanzó el 18% de los votos. ¿A que se debe este mundo al revés, en el que los partidos con menos votos tienen más diputados?

La Constitución, en su artículo 54, contiene dos prohibiciones: Ningún partido puede tener más de 300 diputados, y ningún partido debe tener un número de diputados que, como porcentaje del total de la Cámara, supere en 8 puntos porcentuales su porcentaje de votación.

Ejemplos: si un partido ganara los 300 distritos de mayoría, no tendría derecho a participar en la asignación de diputados plurinominales. Si un partido alcanza el 42% de la votación, su número de diputados no deberá ser mayor al 50% del total, es decir, no mayor a 250.

Para burlar esos límites, el gobierno y Morena diseñaron y aplican una estratagema consistente en reducir el número de diputados de mayoría que formalmente le deben ser asignados, a fin de que éste se compense -con creces- en la asignación de diputados plurinominales, y además sus dos aliados también obtengan por esa vía diputados en exceso.

La mecánica del fraude consiste en que Morena asigna por convenio a sus dos aliados un número importante de distritos de mayoría, en los que, de obtener el triunfo, supuestamente los candidatos postulados quedarán adscritos al grupo parlamentario del partido señalado en el convenio. De los 38 diputados de mayoría que por convenio le corresponden al PT, todos ganaron por los votos de Morena. De los 57 del PVEM, solo 3 ganan con los votos por ese partido, a los otros 54 Morena les transfiere sus votos, para que “ganen”. Salvo excepciones, hay un doble engaño: en los distritos “ganados” por el PVEM o el PT, los votos son de Morena, y la mayoría de los así electos se adscribirán al grupo parlamentario de ese partido.

Por cierto, en 2018 el fraude produjo que el PES tuviera 56 diputados, aunque perdió el registro legal al obtener menos del 3% de los votos.

Morena aparece en la proyección de la SEGOB con 161 distritos ganados y tomaría 87 diputados plurinominales, para alcanzar, por si mismo, 248 curules, que, como porcentaje de la Cámara, representa el 49.6%, Como obtuvo el 43.6% de la votación efectiva, no supera el tope de 8 puntos. Los dos límites constitucionales aparentemente serían respetados. Morena tiene, por si mismo, menos de 300 diputados, y no supera el límite de 8 puntos a la sobrerrepresentación.

PVEM y PT tendrían en conjunto 125 diputados, que sumados a los de Morena, da el total de 373, es decir el 74.6% de la Cámara de Diputados. De esa forma, la mecánica del fraude les permite burlar los dos límites constitucionales. La coalición oficialista, que actúa como si fuera un solo partido, tendría más de 300 diputados y una sobrerrepresentación de poco más de 16 puntos porcentuales, el doble de lo que permite la Constitución.   

 Hay otra forma de hacer las cuentas.

En la realidad Morena ganó en 253 distritos de mayoría, el 50.6% del total de la Cámara de Diputados. Su porcentaje de votación fue 43.6% por lo que podría tener una sobrerrepresentación de hasta 8 puntos porcentuales, es decir alcanzar el 51.6% de los 500 diputados. Como ya tiene 253 diputados de mayoría, a Morena solo se le deberían asignar 5 diputados plurinominales, para un total de 258.

Por su parte, al PT se le debe considerar con cero diputados de mayoría, y al PVEM con 3, y proceder a asignarles los diputados plurinominales que correspondan a sus porcentajes de votación efectiva, que son del 5.8% y 8.9% respectivamente. Grosso modo, al PT le corresponderían 29 diputados. El PVEM, sumados sus 3 de mayoría, tendría 45. La alianza oficialista tendría un total de 332 diputados, uno menos de la mayoría calificada.

 

Esa forma de interpretar y aplicar las normas del artículo 54 es congruente con su sentido y propósitos. Desde 1986 la representación proporcional dejó de ser el espacio reservado a las minorías para convertirse en el factor que permite equiparar porcentajes de votos y curules. Cuando una estratagema burla o pervierte el sentido de la norma legal, haciendo nugatorio su objetivo, las autoridades electorales, administrativas y jurisdiccionales, deben actuar y hacer valer la supremacía de la Constitución.

 

Lo que sostengo es que en una interpretación armónica del artículo 54 de la Constitución, a la coalición Sigamos Haciendo Historia debe aplicársele, como si fuera un solo partido, el límite de 8 puntos de sobrerrepresentación, para lo cual, sin entrar a discutir la validez o invalidez del convenio de coalición aprobado por el INE, debe hacerse valer otra prohibición legal, que es la de transferir votos entre partidos. En efecto, desde 2007 fue establecida esa prohibición, que además fue considerada constitucionalmente válida por la SCJN en 2008.

Transferir curules ganadoras es una forma enmascarada de transferir votos. Es también una burla a los electores que habiendo votado por Morena se encuentran con que sus votos son regalados, en forma de curules, al PT o al PVEM.         

Posdata: Una querida amiga me hace notar que la mecánica del fraude a la Constitución se utilizó por primera vez en 2015, por la coalición del PRI y el PVEM, y que en 2018 y 2021 el INE y el TEPJF la admitieron como válida. Es cierto. Pero, así como una mentira repetida mil veces no se torna en verdad, un fraude cometido tres veces no se vuelve legal.

 

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Jorge Alcocer V.

Exdirector general de Voz y Voto.

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