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Todos pluris

Como lo explique en el artículo publicado el pasado domingo 1º de mayo en el diario Reforma, la iniciativa de reforma constitucional en materia electoral del presidente López Obrador propone integrar ambas cámaras del Congreso federal solo con legisladores pluris. Que nadie le haya explicado al presidente lo que firmó, es otro tema.

Según la propuesta presidencial la forma de elegir a diputados y senadores sería mediante listas de candidatos que los partidos presenten en cada estado y en la CDMX. Una lista para diputados y otra para senadores en cada entidad, también habría listas de candidatos independientes. En el Congreso de la Unión habría, en total, 300 diputados y 96 senadores, todos pluris. De la iniciativa presidencial se deduce que las listas de candidatos serían cerradas y bloqueadas, de forma tal que, como ocurre desde 1979, el elector vota cruzando el emblema del partido de su preferencia. 

Para repartir los legisladores a los partidos se usaría el método de cociente natural y resto mayor, con la condición previa de que cada partido haya obtenido, al menos, un 3% de la votación nacional; de lo contrario se pierde el registro y con ello el derecho a participar en el reparto.

En resumen: el presidente López Obrador no propone eliminar los plurinominales, sino los uninominales. Hoy en día los legisladores uninominales son 300 diputados (60% del total) y 64 senadores (50% del total). Lo mismo se haría para los congresos locales, que tendrían un máximo de 45 y un mínimo de 15 diputados, todos pluris. Algo similar ocurriría con las planillas para regidores en ayuntamientos, con un mínimo de 1 y un máximo de 9 por municipio.

Escuche a uno de los autores de la iniciativa decir que en este terreno lo que buscan es, por un lado, acabar con la falta de representación de una parte importante del electorado, que a su decir provoca el actual sistema, y por el otro, reducir el poder de las burocracias partidistas que deciden sobre las listas de candidatos pluris. Ambas afirmaciones son, por decir lo menos, inexactas.

Hoy, en la Cámara de Diputados, existe cercanía entre el porcentaje de votos y el de curules, con la excepción de los dos aliados de Morena (PT y PVEM), que tienen muchos más diputados que votos (en %). Con 300 diputados, electos mediante 32 listas, una en cada estado, se mantendrá la sobrerrepresentación de unos partidos en detrimento de otros, por lo que, aunado a otros elementos, no existirá la representatividad casi perfecta que se dice buscar. La solución a ese problema serían listas nacionales, con 300 candidatos a diputados y 96 a senadores, por lista, por partido o coalición.

En el otro asunto, si hoy las burocracias de los partidos deciden sobre 200 diputados, de aprobarse la iniciativa lo harán sobre 100 más, y además sobre los 96 senadores. Es justo lo contrario de lo que pregonan. La forma de evitar que ese enorme poder se concentre en unas pocas manos sería usar listas abiertas y desbloqueadas. Tema al que me referiré en próxima colaboración en Voz y Voto.

En la integración de las cámaras de diputados o de senadores no hay fórmula ideal; cada país adopta la que conviene a su tiempo y circunstancias, y desde luego a su situación política y sistema de partidos. La tensión entre representación y representatividad está siempre presente. Hay países que privilegian lo primero, como Estados Unidos, y otros que dan más importancia a lo segundo.

En México tenemos un sistema que combina ambos principios, le llamamos “mixto con dominante mayoritaria” y ha funcionado bien, desde 1988 para la Cámara de Diputados, y desde 1997 (con variantes) para el Senado. Por eso cabe la pregunta: ¿si algo funciona bien, para que cambiarlo?


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Jorge Alcocer V.

Director fundador de Voz y Voto.


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